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Urgen cambios , ya!

Hermógenes Gil | Director de Híbridos y Eléctricos

Hermógenes Gil | 20 de abril de 2018

La urgencia de las necesidades de cambios (tecnológicos, políticos, sociales, medioambientales, empresariales, individuales…) nos permite afirmar que ya no podemos esperar más para dar salida a los nuevos retos y contradicciones. Por todo ello proponemos una serie de razones que contestan a la pregunta de ¿por qué no podemos esperar más?

Porque estamos seguros que con ellos vamos a contribuir a solucionar problemas de absoluta evidencia científica como es el calentamiento global y sus directísimas consecuencias sobre la alteración del clima y los desequilibrios ambientales.

Porque hay que reducir la dependencia de la economía de los combustibles fósiles y reducir los gases de efecto invernadero.

Porque hay mucha gente que sufre la mala calidad del aire y ello repercute en muertes y enfermedades respiratorias, pero pocos respiran preocupación al respecto.

Porque hay que cambiar muchas reglas de juego y porque se evidencia un fraude y uso masivo de vehículos tóxicos (NOx, PM) sin control real de unas emisiones que son mucho más altas de las que se les atribuyen oficialmente.

Porque los tubos de escape de la mayoría de nuestros vehículos térmicos con más de diez años actúan con total impunidad como armas cargadas de ruido y furia contaminante y tienen tanta comprensión política como tiene la Asociación Nacional de Rifle en su defensa de los derechos de posesión y uso de armas de fuego.

Porque se estima que para 2050 el 70% de la población mundial se concentrará en grandes urbes y se necesitará una planificación que asegure movilidad, calidad del aire y bienestar humano.

Porque la movilidad y el transporte, que suponen un tercio del consumo energético y la primera fuente de emisiones, han de definirse también como vertebradores del desarrollo de las ciudades y de las relaciones de los ciudadanos.

Porque el modelo de movilidad que tenemos en la mayoría de las ciudades españolas no es sostenible y genera costes ambientales, económicos y sociales. Recordemos que el 65% del espacio público de la ciudad está ocupado por coches.

Porque nuestros hijos y nietos serán los usufructuarios del planeta en el que van a vivir y nos van a preguntar qué hicimos para frenar este deterioro que avanzaba hacia un colapso sin vuelta atrás y que puede determinarles un mal vivir crónico.

Porque la industria automotriz (fabricantes de automóviles, proveedores, distribuidores, tecnológicas, etc.) ya está en posición de despegue para hacer de los vehículos los productos y servicios necesarios para el cambio.

Porque las nuevas eco-tecnologías nos permiten ya eliminar muchos condicionantes y barreras, y el vehículo eléctrico será un cambio sustancial en los modelos de movilidad de nuestra sociedad.

Porque no solo estamos cargados de razones, necesitamos ponerle pasión para que se mueva todo con mayor rapidez. Decía el filósofo empirista David Hume, que la razón no es suficiente para producir ningún tipo de acción ni evitarla, y necesitamos otra capacidad humana como es la pasión, un sentimiento que es el que realmente mueve nuestras acciones morales.

Porque necesitamos de las energías renovables, del ahorro y de la eficiencia energética, del autoabastecimiento y la descentralización energética. Pero no necesitamos una ley eléctrica que frene toda posibilidad de ahorro y eficiencia incrementando los costes fijos y sometiendo a las energías renovables y a sus pequeños productores.

Porque también, como decía el físico Albert Einstein, existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica, y que esta es la voluntad. Una capacidad o fuerza que, en su origen etimológico significa querer o desear y que nos lleva, como acto intencional, a dirigirnos hacia algo y a tomar la última palabra sobre nuestras acciones.

Porque, los problemas de nuestro tiempo, asociados al transporte, la movilidad, la calidad del aire, el calentamiento global o las energías limpias, necesitan grandes dosis de voluntad (de energía, de poder, de potencia, de querer...) sumadas a la razón y la pasión con la que podamos conseguir estos objetivos.

Porque apelar a la voluntad política, individual o colectiva es uno de los factores que ha de permitir tomar una buena velocidad de crucero hacia este cambio o revolución que necesitamos. Y para conseguirlo nada mejor que poder hacer diana en las conciencias de todos y conseguirlo a través de lo que sería un cambio de mentalidad y de actitud.

Porque la dimensión cultural de la sostenibilidad, es la que ha de permitir mejorar nuestra relación con la naturaleza, con los otros y en nosotros mismos. Y a este cambio de valores, a partir de una nueva visión del mundo y al cambio de nuestras percepciones y creencias, ha de permitir nuevas actitudes que activen nuestra voluntad hacia nuevas acciones.

Porque como nos advertía Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia ecológica” escrito después de sus best-seller “Inteligencia emocional” y de “Inteligencia social” debemos conocer y comprender la manera en que diversos elementos de consumo impactan negativamente y ponen en peligro la vida en nuestro planeta.

Porque apostamos por una tecnología que esté comprometida y tome partido por todo aquello que ayude a corregir el rumbo de nuestros excesos. Pero no sólo hacerlo a través de las técnicas, también con nuevas leyes, inversión, actitudes, valores y normas que vayan regenerando nuestro tejido social, cultural, político, industrial, agrícola, territorial, económico...

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