El vehículo eléctrico es movilidad sostenible por cuanto carece de emisiones en la propulsión, pero además y sobre todo, es eficiencia energética como eje para el impulso de las energías renovables, la generación distribuida, el almacenamiento energético y el autoconsumo, siendo la única de las tecnologías de la movilidad rodada capaz de dar respuesta a ambas demandas.

Lo que resta de este 2018 y los próximos dos años van a ser meses extraordinarios para el impulso de la movilidad eléctrica y una oportunidad única para que España acierte con el análisis y las decisiones políticas a tomar de cara a asumir los retos de una nueva etapa industrial, tecnológica y de servicios que no es que se avecine, sino que ya está aquí entre nosotros.

A nivel industrial, disponemos ya en el mercado de vehículos eléctricos de marcas tradicionales, al margen de modelos Premium al alcance de pocos bolsillos, que ofrecen autonomías superiores a los 400 kilómetros. Por otro lado, el casi eterno dilema del huevo y la gallina, del vehículo o la infraestructura, cuando se habla de movilidad eléctrica, se va a resolver a lo largo del 2019 tras los objetivos anunciados por diversas compañías que pretenden sembrar las ciudades y carreteras de puntos de recarga rápida para derribar definitivamente la barrera de la ansiedad de autonomía.

En lo tecnológico, las plataformas de interoperabilidad, la información embarcada para optimizar rutas e interactuar con la vía, para evaluar el cambio de flotas de combustión a eléctrica, para conocer el estado de las infraestructuras de recarga e incluso poder gestionarlas en remoto son retos en los que se está avanzando a pasos agigantados.

Asimismo, las sinergias de la movilidad eléctrica con el vehículo conectado y autónomo son evidentes y se prevén como el enfoque válido de la movilidad rodada del futuro, que ya casi es inmediato, pues existen ciudades que están implementando ya proyectos reales de transporte de personas en rutas establecidas mediante vehículos sin conductor y con altos ratios de satisfacción por parte de los usuarios. Sucede en países como Suiza, pero no tardaremos mucho en verlo más de cerca. Desde AEDIVE, conscientes de esta realidad, hemos impulsado un grupo de trabajo de vehículo eléctrico, conectado y autónomo en el que buscaremos la dinamización de proyectos que aceleren esa realidad en España.

El vehículo deja de cobrar protagonismo como producto y se convierte en un servicio.

Al mismo tiempo, el sector de la automoción está evolucionando a pasos agigantados y cada vez es menos “auto” y más “moción”, entendida ésta como la acción de mover, moverse o ser movido, para lo que el vehículo deja de cobrar protagonismo como producto y se convierte en un servicio. El ejemplo de los sharing eléctricos de bicicleta, moto y coche, y ahora incluso de patinetes, que se han desarrollado en varias ciudades dan muestra de esta evolución desde la propiedad hacia la economía colaborativa. ¿Qué está sucediendo?

El pasado 18 de septiembre tuve ocasión de asistir a la presentación del plan estratégico de la Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor, Reparación y Recambio (Ganvam), con la que AEDIVE acaba de firmar un convenio de colaboración, y me quedé con dos frases que su presidente, Lorenzo Vidal, dejó caer con sutileza, pero con contundencia.

La cosa, hoy en día, no va de vender coches, sino soluciones de movilidad.

La primera, que en España entre 2006 y 2016, el número de carnets de conducir expedidos en sector de la población de 18 a 30 años ha caído un 40%. La otra, que la cosa, hoy en día, no va de vender coches, sino soluciones de movilidad.

Sin duda, algo está cambiando cuando la prioridad de los jóvenes y no tan jóvenes no es tanto disponer de un carnet de conducir, por tanto, de un vehículo en propiedad, sino de tener soluciones a su alcance para poder trasladarse de un punto A, a un punto B.

Por otro lado, los sectores de la distribución, el mantenimiento y la reparación de vehículos van a tener que evolucionar y adaptarse a un mercado cambiante en el que las cosas se van a hacer de forma muy diferente.

Pero queda mucho más por hacer, lo que no significa que haya que innovar constantemente, sino también reflexionar y buscar soluciones que probablemente tengamos delante de nuestros ojos pero que no hemos sabido transformar en acciones eficaces para optimizar el transporte y la movilidad de personas y mercancías.

Los problemas de la movilidad y la sostenibilidad no pasan sólo por abordar soluciones tecnológicas, que sí pueden resolver problemas ligados a la calidad del aire, pero no otros como la congestión o la ocupación de espacio.

Los problemas de la movilidad y la sostenibilidad no pasan sólo por abordar soluciones tecnológicas, que sí pueden resolver problemas ligados a la calidad del aire, pero no otros como la congestión o la ocupación de espacio. Una movilidad más eficiente implica explorar fórmulas para aprovechar mejor los recursos e infraestructuras de movilidad existentes y avanzar hacia soluciones en el ámbito de la gestión, particularmente en el caso de mercancías, basadas en una mayor colaboración y en las TICs. Ahorrar viajes prescindibles y aprovechar al máximo capacidades de carga, y canales de distribución es esencial.

Ejemplos de ello serían el potencial aprovechamiento de la capilaridad de la red de Metro para mover mercancías en horarios cuando no está operativa para los ciudadanos o la optimización de espacios de almacenamiento infrautilizados en el transporte colectivo rodado para la distribución de paquetería y mensajería, por ejemplo, en los autobuses regionales y por qué no, urbanos para la última milla.

Debemos mirar lo que nos rodea con la idea puesta en que, dentro de 5 años, el entorno puede cambiar radicalmente y lo que hoy conocemos como espacios de alta ocupación vehicular, pueden transformarse en espacios peatonales con servicios de apoyo para que la movilidad de personas y mercancías sea eficiente, sostenible y amigable con el ciudadano. El reto de la descarbonización del transporte es real y nos va a exigir como país adoptar decisiones valientes y comprometidas, pero que supondrán una oportunidad única que conviene abrazar con optimismo, con visión de futuro y con ambición, pues nos jugamos mucho.

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