Después de años evangelizando en la necesidad de mejorar la calidad del aire que respiramos, de impulsar la descarbonización del país con medidas políticas pensadas para ejecutar en el presente, de trabajar para reducir nuestra dependencia de combustibles fósiles –en su totalidad importados, a excepción de pequeñas cantidades de carbón– me da la sensación que realmente hemos avanzado muy poco.

Lo que es seguro es que esa lentitud no se puede achacar al desarrollo tecnológico. En menos de 8 años hemos visto como las grandes marcas tradicionales del sector de la automoción consiguen poner en el mercado vehículos eléctricos que, manteniendo precios, duplican su autonomía.

Jugando en otra división, la empresa tecnológica y energética Tesla, en menos de un año, ha conseguido la fabricación en cadena de 5.000 unidades semanales del Model 3, con baterías de 60 KWh y más de 500 km de autonomía a precio muy competitivo.

La normativa para la recarga doméstica ha facilitado enormemente la tramitación administrativa para su instalación (ojalá algún día suceda lo mismo con el autoconsumo fotovoltaico para los edificios en régimen de propiedad horizontal). La formación de los profesionales instaladores de la mano de los gremios de instaladores, FEGICAT en Catalunya, se puede calificar de modélica.

Por lo que se refiere a carga rápida, en menos de 7 años la tecnología ha permitido pasar de potencias de carga rápida de 7 KW a 120 KW, lo que garantiza tiempos de repostaje muy inferiores.

Aunque todo parece estar a favor:  la tecnología, la preocupación social y la implicación de bastantes representantes políticos; no conseguimos superar la frontera del 1% de ventas de eléctricos en el nuevo parque de vehículos que se incorpora a la carretera. Y esta no es una realidad solo de España, lo es de la mayor parte de países europeos.

Sin duda, es fácil pensar que el obstáculo principal es la extensión de la red de recarga rápida para garantizar los largos recorridos y es que, la falta de un modelo de negocio que les de viabilidad económica no ayuda a que el sector privado tenga el más mínimo interés en esa red. Y es que como nos muestra el observatorio de la recarga eléctrica de los países nórdicos “ Nordic EV Outlook 2018”, los países más desarrollados y con mayor voluntad política para que el VE gane fuerza, la recarga rápida en carretera es muy poco utilizada puesto que los coches salen cargados de casa.

Así las cosas, el sector público ha empezado a implicarse en el desarrollo de esa infraestructura rápida pero los propios procesos administrativos, presupuestarios y bandazos por modas, presiones o temores políticos hacen que su crecimiento sea más bien errático, lento y posiblemente va a ser difícil de garantizar el programa de mantenimiento adecuado y a largo término para que su fiabilidad sea absoluta en toda la red viaria del estado.

Tampoco se nos escapa la escalada de gurús del S.XX que se han puesto al frente de la cruzada mediática ante el temor que está suponiendo la reducción de ventas de diésel a favor de la gasolina. Y es que probablemente, aquellas ventajas de eficiencia, de reducción de emisiones de NOx, de CO2 e incluso de cantidad de combustible quemado que supone la movilidad eléctrica frente a la térmica está empezando a tambalearse. Los nuevos ciclos de homologaciones, las moratorias para ajustarse al cicle WLTP, la reducción de emisiones de CO2 para el 2025 y 2030. Todo ello va a ser posible con los nuevos modelos diésel Euro 6 ( no me atrevo a decir si va a ser Euro6c, euro6d,..y así hasta la z). Y estoy convencida que incluso va a ser posible que algunos ciclos de homologación nos demuestren que en el Planeta Tierra las leyes físicas de la termodinámica no necesariamente deben cumplirse.

Así las cosas, frente a la falta de modelo de negocio para la recarga eléctrica y a esos supercoches térmicos absolutamente adaptados a la era de la post-verdad parece que el campo de juego de la movilidad térmica en frente de la eléctrica está perdida y de ahí ese porcentaje tan bajo de ventas.

Pero se me antoja pensar que hay una cosa que los vehículos térmicos nunca podrán hacer: ¡almacenar electricidad!

La Ministra de Transición Ecológica en sede parlamentaria anunciaba que para que España cumpla con los objetivos energéticos del 32% renovables en el 2030 –objetivos de obligado cumplimiento para los estados de la UE– va a ser necesario que cada año se instalen de 6000 a 7000 MW de energía solar y/o eólica. Las patronales eólica y fotovotaica recogían el guante diciendo que ellas están preparadas. Solo necesitan coordinación y procesos administrativos que no supongan barreras infranqueables. Y que incluso en el campo de la energía solar, no existía ningún cuello de botella para hacerlo posible. Para los que no estén acostumbrados a las unidades energéticas, ello va a suponer que en el año 2030 –a la esquina– España va a duplicar su potencia instalada (a no ser que se cumplan los cierres del carbón y la nuclear, que confiamos sea así) pero también implicará disponer de una cantidad de energía renovable no gestionable que solo se puede calificar de “impresionante”. Alrededor del 70% de la electricidad que vamos a consumir va ser intermitente y eso, para un sistema eléctrico que siempre debe estar en perfecto equilibrio entre demanda y oferta, va a ser una bomba. Y porque ese equilibrio? Pues, dejadme que la llame así, la electricidad es una “mercancía” que no dispone de stoks o, en otras palabras, almacenaje.

Los países más avanzados en renovables y en voluntad en su implantación, como California, ya están afrontando este problema. Meses de junio con sobrantes de electricidad durante las horas diurnas que hay que regalar o pagar para que alguien las consuma y por la noche, el carbón y el gas natural marcan precios estratosféricos. Os suena a lo que está pasando en el mercado eléctrico español este mes de setiembre los días en que no hay viento (sol nunca hay porque de momento su captación es testimonial) y claro, por mucho que nos lo repitan, la culpa no es del precio del CO2, sino de un mercado que no permite que la gestión flexible de la demanda mediante los activos distribuidos, como el vehículo eléctrico o las baterías domésticas, pueda participar de forma agregada en los mercados de ajuste y flexibilidad y solo los ciclos combinados y el carbón, tengan abierta esa puerta.

Si la regulación del mercado permite al consumidor captar parte del valor del mercado eléctrico mediante la gestión y agregación de la energía distribuida en esas baterías, el modelo de negocio para la recarga del vehículo eléctrico va a estar altamente garantizado.

También lo decía la ministra, el almacenaje va a ser una estrategia clave para España. Totalmente en acuerdo pero en pleno siglo XXI, con una sociedad capaz de disponer de una capacidad de cálculo en su bolsillo superior a la del ordenador que envió al primer hombre a la Luna, con unas baterías inteligentes y interconnectadas escondidas en su coche eléctrico capaces de almacenar y suministrar la energía doméstica de toda una semana; no sería aceptable que pensemos solo en grandes instalaciones de almacenaje - dignas de ser propiedad del oligopolio -   y olvidemos la posibilidad de agregar esa energía de nuestros coches para aportar flexibilidad a ese sistema altamente renovable. Si la regulación del mercado permite al consumidor captar parte del valor del mercado eléctrico mediante la gestión y agregación de la energía distribuida en esas baterías, el modelo de negocio para la recarga del vehículo eléctrico va a estar altamente garantizado.

Las nuevas reglas del mercado eléctrico están en plena discusión en los trílogos europeos. Debemos dejar de distraernos y perder el tiempo con la comparación entre el diésel, la gasolina… todos ellos son propios del S.XX y lo que ahora toca es centrarse en el juego del S.XXI. Las reglas del mercado eléctrico en una sociedad que se apresura a la electrificación renovable de su economía va a necesitar del almacenaje como la comida italiana necesita del tomate. Esta comparación, un poco de ir por casa, nace de la International Association for Energy Economics.

OFGEM, el regulador del mercado eléctrico del Reino Unido lo tiene claro y así lo escribe en su informe “ Implications of the transition to electric vehicles”; el vehículo eléctrico no es ninguna amenaza para el sistema eléctrico. Es el gran aliado para gestionar la intermitencia de la energía solar y eólica y para ello esta definiendo unas reglas del mercado que permitan a los ciudadanos captar parte de su valor.

Y para los que se piensen que todo esto va para largo, es bueno recordar que más de 30 GW solares ya están en trámite para ser instalados mucho antes de lo que nos pensamos. Las barreras están cayendo, los aranceles a los captadores chinos han pasado a la historia, tenemos el mejor recurso solar de la Unión Europea y profesionales absolutamente preparados.

La soleada España está a punto para empezar a captar el Sol. Y el sector del vehículo eléctrico y su recarga lo debe estar para gestionar su intermitencia. Dejemos de distraernos con la contaminación del S.XX y saltemos al campo de la gestión del almacenaje la energía renovable y distribuida del S.XXI.

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