La pintura de W. Turner en “El temerario remolcado a dique seco”.
La pintura de W. Turner en “El temerario remolcado a dique seco”.

Remolcar a dique seco para el desguace de todas las viejas tecnologías y dar paso a las más limpias, es la analogía que tomamos del cuadro de W. Turner (1775-1851). En dicha pintura, también el barco de vela ha hecho su función y es sustituido por los de vapor, en plena revolución industrial.

El arte, a través de la pintura, también puede ser el reflejo y expresión de una realidad que se repite a lo largo de la vida. Períodos de esplendor y decadencia, de cambios tecnológicos en permanente evolución o revolución.

Fíjense en el cuadro. Es una de las visiones (reales) del pintor William Turner: un remolcador a vapor, empuja al barco de vela “Temerario” (un buque de guerra) hacia la desembocadura del Támesis para su desguace. El buque, una vieja gloria de la Armada Real Británica, fue decisivo en la batalla de Trafalgar con la Royal Navy al mando del vicealmirante Nelson en la guerra contra los aliados de Francia (Napoleón) y España.

La Primera revolución industrial

La Primera revolución industrial (1750-1850). Se da en Inglaterra y se caracteriza por la aparición de las primeras máquinas y las grandes transformaciones en el sector textil y la industria siderometalúrgica; también supone una revolución la aparición del ferrocarril y el vapor. La pintura de Turner es también el reflejo de este momento histórico.

Captar el cambio tecnológico

Captar el cambio tecnológico y de una época: lo viejo en transito hacia lo nuevo; lo viejo que llega al final de la vida; la vieja tecnología de impulso a vela, que deja paso a la del vapor; los nuevos escenarios de humo, hierro, vapor y hollín de la revolución industrial; la mirada de Turner acentuando el pasado y decadencia del “Temerario”;  la transformación formal de la pintura de la época, que deja atrás la claridad del neoclasicismo, para sumergirse en una atmósfera romántica y llena de matices. Todo esto es parte del universo que el pintor británico Joseph Mallord William Turner encierra en esta fascinante pintura.

Hacia el dique seco

El fantasmagórico aspecto del barco de vela: “El Temerario” (pintado en tonos claros, como un fantasma) remolcado por uno de vapor rumbo a la desembocadura del Támesis, hacia el dique seco para ser desguazado, y la atmósfera que refleja el atardecer, simbolizan también el ocaso de su última travesía.

Una obra que también podría ser de actualidad y perspectiva de futuro si nos centramos en una nueva mirada tecnológica que aparece en la revolución industrial a través del propio remolcador y la máquina de vapor.

¿Quién pinta el cambio ahora?

Me pregunto quien estará pintando ahora el momento de cambio y de transición hacia la nueva revolución tecnológica en el transporte, hacia la necesaria apuesta europea por la descarbonización; rumbo para materializarse a través de  la movilidad eléctrica, el coche autónomo, la conectividad o las nuevas fuentes de energía renovable…, pero también desde la industria 4.0 a través de la robótica, la inteligencia artificial o la fabricación aditiva 3D, entre otras tendencias.

Necesitamos visualizar el cambio de tecnologías que descarbonicen el transporte y llevar a dique seco las obsoletas e insolidarias tecnologías contaminantes.

¿Quién llevará a desguace la tecnología del motor de combustión de cuatro tiempos, de una vez por todas, en vez de asesinar y desguazar premeditadamente como se hizo con el GM EV1, aquel coche eléctrico que prometía un futuro mejor?

Necesitamos visualizar el cambio de tecnologías que descarbonicen el transporte y que permita llevar a dique seco las obsoletas e insolidarias tecnología del motor de combustión que actúan como agentes contaminantes de la pureza del aire que respiramos.

La nueva mirada del romanticismo

La nueva mirada del cambio, también se dirige hacia la nueva sensibilidad romántica en la pintura de Joseph Mallord William Turner (1775-1851), en oposición al neoclasicismo que le precede. El paisaje ocupa un nuevo lugar preeminente (los clásicos lo consideraban un género menor) y el estado de ánimo del pintor se refleja en la pintura a través de su estado emocional. Además, hay una preferencia por el color más que en el dibujo.

Como afirma el catedrático de Estética y Teoría de las Artes Rafael Argullol, “el romanticismo propugna una subversión de los valores culturales establecidos en el Siglo de las Luces”, además de emerger como “crítica a la primacía de la razón y la autosatisfacción”.

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