De un mundo de cosas a uno de relaciones

La imposibilidad de bañarnos dos veces en el mismo río, decía Heráclito, es una manera de afirmar que las cosas nunca permanecen ni son constantes. El cambio es la divisa de los procesos de transformación y fluir es el verbo de la dinámica de los sistemas. Nuestro sistema mundo requiere de cambios que eviten el colapso de nuestro proceso civilizador. Las dinámicas de nuestros sistemas, sean naturales o culturales, mantienen una relación de dependencia mutua que en determinadas condiciones pueden llegar a perder su equilibrio. Porque como dice el filósofo de la ciencia y escritor Jordi Pigem: “no somos espectadores pasivos de un mundo de objetos, sino coautores y cocreadores de un mundo de relaciones”.

Hay verdades incómodas que requieren atención urgente y están afectando a nuestro sistemas: demográficos, climáticos, de urbanización, energéticos etc., que precisan reorientarse hacia modelos que garanticen su sostenibilidad.

Ciudades más tecnológicas, conectadas, inteligentes...

Porque las ciudades y sus áreas metropolitanas, están en un proceso de profunda transformación a través de una serie de motores de cambio: sociales (envejecimiento, el mercado laboral...), económicos (exigencias competitivas, de productividad y de eficiencia), políticos (nuevos modelos de gestión y participación) y medioambientales (cambio climático, calidad del aire, gestión energética eficiente, movilidad sostenible).

La destrucción creativa a través de la innovación nos sitúa en un escenario en el que la tecnología es y será una aliada de las soluciones a los problemas y las amenazas venideras. Además de integrar todos los sistemas de la ciudad, lo hará a través de sistemas funcionales urbanos que operen de forma inteligente. De este modo, las grandes infraestructuras de transporte, han de ser el eje vertebrador de los sistemas urbanos y el reto de la movilidad ha de decantarse por el uso de sistemas de tracción eléctricos y energías renovables.

Más vehículos eléctricos, hiperconectados y autónomos

Por esto, la industria del sector del vehículo eléctrico y el energético, está tomando posiciones para ofrecer está tríada de objetivos que se sintetizan en las nuevas apuestas por vehículos eléctricos, hiperconectados y autónomos, con capacidad de integrarse en nuestra red doméstica, tanto para revertir la energía en la red o aprovechándola a través de los hogares mediante un uso más eficiente, sostenible y barato para el automóvil (sistemas V2G). También permitiendo una “segunda vida” a las baterías que aprovecharán su potencial, una vez estén fuera de uso en el automóvil, para que de este modo puedan aprovecharse para el consumo en nuestros hogares, para la distribución de energía o en la generación renovable.

Pero para que este nuevo paradigma fluya a un ritmo más esperanzado, es necesario complementarlo con una red de nuevas infraestructuras de recarga que trascienda los límites del uso del e-automóvil, más allá del espacio urbano y periurbano. Romper con el mito de la autonomía corta y hacer una apuesta (política) decidida por una nueva infraestructura de recarga, para que el cambio se acelere y el usuario tenga la seguridad y la tranquilidad de encontrar una red que le garantice el suministro acorde a sus necesidades.

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