Porque los tiempos ya han cambiado.
Porque los tiempos ya han cambiado.

Porque los tiempos ya han cambiado, queremos situarnos en la posición que nos toca. Pensemos que aquello lineal, de flujo laminar y de lenta evolución, ha dejado paso a lo disruptivo y turbulento (un “golpe de ariete” que cierra modelos ya obsoletos y abre nuevas expectativas) con el consiguiente caos que toca ordenar de nuevo. Un desorden que empieza en lo natural (cambio climático) y trasciende a lo político, cultural y económico (cambios normativos, nuevas tecnologías, digitalización, nuevos valores...).

Nuevas condiciones: crecimiento económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental

También por compromiso y respeto a las nuevas condiciones: de las personas, de las empresas, del medio ambiente. Un cambio que nos sitúa ante la necesidad de que sea un desarrollo sostenible y que permita articular virtuosamente crecimiento económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental. Para ello, necesitamos tener presentes objetivos como los que plantea la ONU a través de su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: acción por el clima, energía asequible y no contaminante, ciudades y comunidades sostenibles, trabajo decente y crecimiento económico, inversiones en infraestructura (transporte, energía, comunicaciones, etc.) y promoción de la industrialización inclusiva y sostenible, así como de la innovación. Todo ello, a través de un futuro que si lo queremos eléctrico, estará condicionado por las energías renovables, la generación distribuida, el almacenamiento energético y el autoconsumo.

Nuevas necesidades: personales, regulatorias, tecnológicas, infraestructurales e industriales

Par ello se hace necesario estar atentos a las necesidades y demandas de las personas respecto al uso de vehículos eléctricos y autónomos a través de una movilidad compartida; de las nuevas regulaciones que inciden en los límites de emisiones de CO2 o las restricciones locales en las ciudades a los motores de combustión interna como el diésel; de las nuevas tecnologías que mejoran prestaciones y disminuyen costes para conseguir precios de venta competitivos; de las nuevas infraestructuras de recarga y de una red móvil de última generación (5G) para una mejor comunicación; y de una actividad industrial que mejore y acelere las hojas de ruta para una rápida implantación de vehículos eléctricos e híbridos, autónomos y destinados a un uso compartido.

Y como aconseja A. Pérez de Lucia, es importante que donde no llegue el vehículo eléctrico, se apueste por tecnologías de transición, menos dañinas para el medio ambiente. Pero ojo, con la preocupación de que algunos hablan de transición tranquila sin definir una hoja de ruta clara o movidos por intereses sectoriales.

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