Europa se pone en marcha con las baterías

Tras la puesta en marcha, hace ahora un año, de la Alianza Europea de las Baterías ([email protected]), anunciada por el comisario europeo Maros Sefcovic, se observan los primeros atisbos de organización industrial europea alrededor del desarrollo de las baterías del futuro. Esta iniciativa nació con el objetivo principal de defender la industria del automóvil europea frente a los gigantes asiáticos en la venidera transición definitiva hacia el vehículo con tracción eléctrica. En estos vehículos, como ya es evidente para todo el mundo, la batería representa el mayor reto y el componente clave de competitividad para las empresas, por lo que las estrategias de los grandes grupos empresariales en el sector se están alineando de maneras diversas frente a estos dispositivos de almacenamiento energético.

Además, la función de almacenamiento de energía que tendrán los vehículos del futuro, junto con el desarrollo de los conceptos encuadrados en las denominadas redes inteligentes de la energía (autoconsumo, generación distribuida, crecimiento de la generación de electricidad desde fuentes de energía renovables, etc.), hace que la fina línea entre sector de automoción y sector energético cada vez sea más difusa. Y en todos estos conceptos de “Smart Grids”, las baterías representan también una pieza clave para conseguir la deseada eficiencia, flexibilidad y control de los sistemas eléctricos de una manera adecuada para consumir energía con una calidad óptima.

De esta forma, para los sectores del automóvil y de la energía, y si Europa apuesta firmemente por el correcto desarrollo de su industria en torno a ellos, la inversión en baterías es fundamental. Así se definió el pasado Octubre de 2017, fecha en la que comenzaron una serie de trabajos encaminados a definir el mejor camino para que la industria europea siguiera teniendo un lugar destacado en el mundo en cuanto a tecnología, nuevos materiales y procesos avanzados.

Hoy, se puede decir que la decisión está casi tomada y que se presentará definitivamente a comienzos de 2019. Se han dibujado dos caminos: por un lado, el desarrollo y producción de baterías de Litio-ión con una prestaciones superiores a las existentes en el mercado, ajustada a las exigencias europeas de calidad y sus estándares de seguridad y sostenibilidad y, por otro, la búsqueda de alternativas tecnológicas al sistema Litio-ión, basadas en otros metales como el Aluminio, el Cinc, el Calcio, el Magnesio o el Sodio, entre otros, o en el propio Litio formando configuraciones diferentes englobadas en los denominados sistemas Metal-aire o Metal-Azufre (baterías de estado sólido).

Hasta ahora, nadie ha dicho claramente el por qué de esta estrategia, pero yo diría que se encuadra en la necesidad urgente de competir durante la próxima década (2020 - 2030) con Asia, reconociendo que estamos bastante atrás en cuanto a tecnología a fecha de hoy, en lo que se refiere al sistema Litio-ión, y en la ambición europea de volver a ser líderes tecnológicos en un sector que se perfila como una de las vanguardias del futuro como es el del almacenamiento de energía y las baterías a partir del 2030.

Aunque la industria alemana lidera claramente el primero de los dos caminos, con los gigantes del sector del automóvil a la cabeza, la realidad europea propone diversas alternativas al Litio-ión en varios países europeos, incluida España, impulsadas por la política y la industria como alternativa competitiva real a los desarrollos que se están llevando a cabo en otras regiones del mundo. Su evolución dependerá de varios factores y el económico será uno de los principales. Los volúmenes de inversión que se conocen en Asia o Estados Unidos están a años luz por delante de los modestos presupuestos europeos. Así pues, nos toca, de nuevo, ser ingeniosos y creativos.

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