Es de bien nacidos ser agradecidos, por ello todos los beneficiados por el Plan MOVALT dan las gracias por las ayudas percibidas para la compra de sus vehículos impulsados por energías alternativas. Sin embargo, hay que decir abiertamente que los programas de ayudas tal y como están concebidos no favorecen las ventas de esta tipología de vehículos, por no decir que probablemente perjudican.

Recientemente se ha anunciado el nuevo Plan VEA, dotado con 16,6 millones y que presumiblemente se lanzará en Junio. El efecto que provoca nada más anunciarlo es parar todas las ventas, porque aunque se tenga capacidad económica a nadie le gusta saber que compró su coche cuatro o cinco mil euros más caro que su vecino. Y este parón de abril y mayo incentivará las ventas de tan sólo 4.150 vehículos alternativos (suponiendo que las ayudas medias son de 4.000 Euros como está resultando en el último plan). Estos números son ridículos, para los que no estéis familiarizados, en España se venden alrededor de 1,2 millones de turismos y vehículos comerciales.

Pero empecemos por el principio, ¿cuál debería ser el objetivo de las ayudas?: Europa ha adquirido obligaciones referente a los niveles de contaminación y los niveles de emisión de CO2. Por ello, los países miembros están implementando medidas para incentivar el despliegue de vehículos impulsados por energías alternativas. Dado que se trata de nuevas tecnologías que no gozan de una escala de producción óptima, los vehículos movidos por energías alternativas tienen unos costes superiores a sus hermanos de combustión interna. Y las administraciones intentan compensar esa diferencia de costes para así reducir las barreras de entradas de estas nuevas tecnologías, de esta forma se podrán alcanzar las economías de escala más rápidamente.

Hay distintas teorías para diseñar estos programas de ayudas, hay iniciativas que piden reformar la fiscalidad de los vehículos, otra idea es dotar un presupuesto con suficiente dinero como para alcanzar resultados significativos, otras teorías apuestan por penalizar las tecnologías más contaminantes, etc. No seré yo quien proponga la mejor solución porque todas ellas tienen implicaciones de calado tanto en el sector de automoción, como en la industria energética, como en los ingresos o costes de las administraciones y hay que evaluarlo todo conjuntamente.

El gobierno debe actuar con máxima diligencia porque mientras que en España no ocurre nada o casi nada, Europa ya está haciendo sus deberes. Creo que José Vicente de los Mozos, presidente de ANFAC, ha resumido muy bien la angustia del sector: “Tenemos que ponernos las pilas. España necesita un plan estratégico para el sector de la automoción de cara al futuro o tendremos problemas de competitividad y pérdidas de empleo”.

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