“Entre las barreras principales se encuentra el insuficiente desarrollo de las infraestructuras de recarga, que detrae a muchos usuarios de adquirir un vehículo eléctrico enchufable ante la baja disponibilidad de puntos de recarga públicos. Para resolver la situación descrita, el presente real decreto-ley liberaliza la actividad de recarga eléctrica, eliminando la figura del gestor de cargas prevista en la Ley del Sector Eléctrico, pues se ha revelado como excesivamente rígida y desincentivadora de la actividad.”, este es el texto literal del BOE del 6 de octubre de 2018,  pendiente de ser convalidado en el Congreso.

Pues, bien, ya nos podemos acostar tranquilos, el Gobierno ha solucionado todos los problemas y ahora los vehículos eléctricos se van a vender por centenas de millar. ¿Alguien se lo cree?.

El gestor de cargas, en sí, no era una figura mal pensada. Pero si se define una figura de este tipo que en el fondo acota el número de “players”, esta figura tiene que ir acompañada de un plan estratégico para la implantación y explotación de infraestructura de recarga a nivel estatal, donde vía presupuestaria se provisionan subvenciones a la inversión, se negocia un periodo de transición para subvencionar el término de potencia (mayor coste operativo) y se acuerda con los agentes un plan de implantación ambicioso. 

Que se hizo, allá hacia el 2010-2011, se creo la figura del gestor de cargas y no se acompañó de nada más. Por lo tanto, se creo una figura dentro de un mercado regulado y con bastantes obligaciones a sus espaldas, pero al no apoyar económicamente a los gestores de cargas y ser unas infraestructuras tan deficientes económicamente, estas se desarrollaron de forma testimonial, a la espera de masa crítica.

Mercado regulado o libre mercado

Este nuevo escenario crea un problema a las empresas que basaron su estrategia exclusivamente en un negocio regulado, porque, de un día para otro, ha dejado de ser regulado y ahora es un negocio de libre mercado. Sólo aquellas que hubieran pensado en una estrategia que manejase los dos escenarios, regulado y libre mercado, son las empresas que no sufrirán una fuerte readaptación.

¿Que supondría que el Congreso convalidase el real decreto-ley que elimina la figura del gestor de carga?

Seguramente, tendrán cierto desarrollo, infraestructuras de carga de conveniencia en centros comerciales o en hoteles, e infraestructuras de carga en centros de trabajo, porque con esta medida se abaratarían y viabilizarían los costes de inversión en alguno de los  casos, al poderse utilizar la acometida eléctrica del centro comercial, hotel o centro de trabajo, por poner algunos ejemplos.

Pero las infraestructuras de carga rápida o ultrarrápida, que son las que realmente se necesitan para homologar el uso del vehículo eléctrico al vehículo de combustión interna, estas infraestructuras seguirán siendo deficientes económicamente hasta que no haya masa crítica de vehículos eléctricos y, por lo tanto, esta medida no desatasca este  elemento vertebrador. 

Lo que se necesita urgentemente es un plan director de infraestructuras con una dotación económica que anime a las empresas privadas a meterse en el negocio, aunque estemos muy lejos de tener masa crítica de vehículos eléctricos.

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