Fuente: Matriculaciones turismos - FACONAUTO.
Fuente: Matriculaciones turismos - FACONAUTO.

“En nuestro país mueren más de 30.000 personas al año como consecuencia de la contaminación atmosférica. Es evidente que tenemos un gobierno comprometido con la transición ecológica, hay un desafío que se llama cambio climático, hay una cuestión que tiene que ver con el respeto y el cuidado con el medio ambiente, que nos tiene que hacer repensar muchas cuestiones, por ejemplo: la movilidad. Nosotros a un combustible tan contaminante como el diesel le queremos subir una cuantía razonable. No van a estar afectados ni los colectivos profesionales, ni los transportistas, ni los camioneros, aquellos que realmente tienen  que utilizar este tipo de combustible para su trabajo no van a estar afectados.” Esta es la respuesta de Pedro Sánchez, del domingo 16 de septiembre de 2.018, cuando la periodista Ana Pastor preguntó sobre el nuevo impuesto al diésel.

Sin duda, no son buenas noticias para las industrias que viven de las motorizaciones diesel, porque parece que el nuevo impuesto al diesel ha pasado de ser un “globo sonda” a ser una “medida estrella” antes de unas nuevas elecciones. 

Casualidades de la actualidad político-económica, el jueves 13 de septiembre de 2.018, se publicó una carta abierta del sector de automoción a la opinión pública, en la que se defiende la teoría de que “el diésel no contamina más que la gasolina” porque “el diésel es el combustible más eficiente y con menores emisiones de CO2”, aportando una comparativa, de vehículos diesel y de vehículos gasolina equivalentes, donde “los vehículos diésel nuevos presentan un consumo un 25% inferior y unas emisiones de CO2 por kilómetro 15% inferiores.” Más adelante, en el texto se propone  “la introducción de medidas para retirar de la circulación los coches más viejos e ineficientes cuya edad media supera ya los 12 años”, como acción más efectista para reducir los niveles de contaminación en las grandes ciudades. En otro párrafo se hace una reflexión sobre el compromiso de la industria con “la descarbonización del transporte y la movilidad con cero y bajas emisiones”. Acabando la carta, pidiendo que “no se ataque ninguna tecnología ni se genere incertidumbre innecesaria en la ciudadanía”.

¿Por qué hay tanta preocupación?

No tenemos que olvidar que como consecuencia de decisiones políticas que vienen de muchos años atrás, España es un país que se creyó las bondades del diesel, y tanto empresas como particulares tomaron decisiones económicas relevantes. Referente a las empresas, diferentes industrias apostaron por el “caballo ganador del diesel” especializando sus producciones de productos o servicios, por lo que saldrían seriamente afectadas por no poder amortizar inversiones industriales. Referente a los particulares, los españoles nos lanzamos a comprar vehículos diesel basándonos en unas cuentas mal hechas sobre potenciales ahorros, los afectados serían aquellos compradores de los últimos 10 años, a los que se les puede ver seriamente afectado el valor residual de su vehículo, en el caso de que quieran venderlo de segunda mano.

¿Tienen, realmente, motivos para preocuparse?

La verdad es que sí, las ventas de vehículos diesel no paran de caer. La regresión porcentual de ventas de motorizaciones diesel, es desde un 66,1% en el año 2014 a un 36,9% acumulado enero-agosto del año 2018. 

Siempre estaré al lado del sector de automoción, me encantan los coches, las marcas, las fábricas de componentes, las líneas de ensamblaje, los concesionarios y los talleres. Como ya escribí en el artículo “Conmigo, o contra mí”, no pienso que el vehículo eléctrico vaya a triunfar denostando los vehículos de combustión tradicional. Sin embargo, creo que ya se ha producido el seísmo submarino, que ha generado un gran tsunami, el cual acabará arrasando el sector. Creo que las empresas que se especializaron en productos y servicios vinculados con las motorizaciones diesel tienen que hacer los cambios ya, urgentemente, porque ordeñar la vaca del diesel está llegando a su fin. Es el momento de dar el salto, para vivir y ordeñar la nueva vaca de los vehículos eléctricos, híbridos o de combustibles de muy bajas emisiones.

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