En el mes de Abril escribí el artículo “Hay gasolina para rato”, en dicho artículo advertía que la transición del actual parque de vehículos de combustión a un parque de vehículos con motorizaciones eléctricas va a ser una transición muy lenta, no porque desconfíe en que el vehículo eléctrico vaya a tener un crecimiento exponencial de ventas, más pronto que tarde, sino porque el parque de vehículos español es muy grande y con una media de edad muy alta, lo que provoca una transición muy lenta entre el actual modelo a un modelo de transporte altamente descarbonizado.

Como continuación de esa reflexión, la nueva cuestión es si el sistema eléctrico español tendrá dificultades para adaptarse a la nueva demanda originada por los vehículos eléctricos. Para responder a esta pregunta de una forma simple, hay que dividir la cuestión en dos aspectos, por un lado la producción de electricidad y por otro lado la distribución de la misma.

Referente a la producción de electricidad, no se prevé ningún cuello de botella al respecto, todo lo contrario, España tiene una potencia eléctrica instalada de algo más de 104.000 MW, donde el 46% está generado por plantas de producción de energía renovable, lo que contrasta con los máximos de demanda que en la actualidad está entrono a los 41.000 MW, con record histórico de algo más de 45.000 MW registrado en diciembre de 2007 (según el informe, de REE, del sistema eléctrico español 2017).

Para hablar de la distribución, lo simplifico en dos casuísticas aunque hay más, por un lado las redes de distribución para recarga pública, formada por cargadores de carga rápida, super rápida y ultra rápida ubicadas en autopistas, carreteras (y también en ciudades) y por otro lado las redes de distribución a hogares y oficinas.

En el primero de los casos, la mayor problemática radica en que las autopistas y carreteras están bajamente electrificadas y en la mayoría de los casos se necesitan obras para hacer llegar la acometida y la potencia a la estación de servicio correspondiente. Se trata de unas obras de cierta envergadura, pero que ya se realizan para otras industrias. El mayor problema es el retorno de la inversión que con la demanda actual es a muy largo plazo. Esto lo convierte en la parte deficitaria del negocio a corto y medio plazo, aunque hay iniciativas públicas y privadas que poco a poco irán tejiendo una red de carga.

En el segundo de los casos, el de la recarga privada, nos encontramos que en la mayoría de los casos, ya existe acometida eléctrica cerca del lugar de suministro, ya sea hogar u oficinas, y aunque casi siempre son necesarias ampliaciones de potencia, no es necesario hacer grandes obras, sobre todo si se implementan sistemas de balanceo de carga que permitan que los vehículos recarguen preferiblemente en horarios valle o sistemas inteligentes que aseguran que la recarga eléctrica no sobrepasa las potencias máximas disponibles. Esta segunda casuística es la parte lucrativa del negocio porque las inversiones son bajas y sin embargo está asegurada la demanda.

Como el aumento del parque de vehículos eléctricos enchufables es tan lento, las empresas distribuidoras van a poder ir adecuando la red de distribución a las necesidades del vehículo eléctrico y se ve muy difícil que sea cual sea el crecimiento exponencial de la movilidad eléctrica, esto ponga en aprietos al sistema eléctrico español. Por lo tanto, tranquilos, comprad eléctricos.

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