Desde la aparición del vehículo eléctrico en nuestras calles, han aparecido defensores y detractores de estos. Como siempre, todo cambio en los hábitos a los que estamos acostumbrados genera una resistencia.

En el caso de la movilidad rodada, estamos acostumbrados a disponer una gran oferta de estaciones de servicio donde poder repostar en poco tiempo y disponer de una gran autonomía. Esto dificulta cambiar a una tecnología en la que se necesita más tiempo para cargar baterías y disponer de menor autonomía. Estos dos factores se unen a la escasez de puntos de recarga.

Está claro que hemos de cambiar de hábitos, se estima que en el Área Metropolitana de Barcelona se producen alrededor de 3.500 muertes prematuras al año como consecuencia de la contaminación. Por ello, en 2017 la Generalitat, Área Metropolitana de Barcelona y ayuntamiento de Barcelona llegaron a un acuerdo para reducir el impacto del tráfico rodado en la calidad del aire, con el objetivo de reducir el 30% la contaminación procedente del tráfico rodado.

Cada vez somos más conscientes que se ha de eliminar la dependencia de los combustibles fósiles y aumentar la calidad del aire de las ciudades. Es aquí donde entra en juego el coche eléctrico. Mediante los planes de inversión para desplegar la infraestructura de puntos de recarga como son el plan Movalt del IDAE o el Pirvec del ICAEN para Catalunya se pretende impulsar un crecimiento en el número de puntos de recarga públicos que cubra de forma estratégica todo el territorio.

La evolución de las matriculaciones de vehículos eléctricos ha ido en aumento desde el año 2010. En lo que llevamos de año han aumentado más del 90% respecto al 2017.

Unos de los puntos débiles del vehículo eléctrico siempre ha sido la capacidad de las baterías y el tiempo de recarga. Actualmente las baterías han evolucionado dando lugar a una mayor autonomía, los vehículos que actualmente están en el mercado tienen una autonomía del orden de 300 a 400 Km, superando los 500 Km por parte de algún fabricante.

En las recargas también se ha evolucionado, actualmente existen tres tipos de recargas:

  • Punto de carga normal: Se trata de la opción más sencilla y la más lenta. Consiste en conectar el vehículo a un enchufe de 220V con una intensidad de 10-16A. Con este tipo de conexión es necesario de 6 a 8 horas para cargar completamente la batería del vehículo.
  • Estación de carga semirápida: Permite cargar el vehículo completamente en 3 horas con una potencia de corriente entre 7.5 KW y 20 KW.
  • Estación de recarga rápida: Es la más indicada a instalar en vías rápidas como autovías, autopistas o cerca de estas, ya que en 20 minutos es capaz de cargar el 80% de la capacidad de la batería mediante corriente continua a 50KW o corriente alterna a 43 KW.

Es cierto que todavía estamos lejos de igualar la implantación del vehículo eléctrico en el resto de Europa, queda mucho trabajo por hacer. Si miramos el mapa de puntos de recarga de Europa, a primera vista ya se ve donde hay un claro déficit.  En la actualidad encontramos más de 4.200 cargadores rápidos repartidos por Europa, de los cuales 1.250 se instalaron en 2017. Alemania lidera esta expansión con 955 cargadores en sus carreteras, le sigue Francia con 872, Italia con 476, Irlanda con 443 y Noruega con 384. En España sólo hay 82 cargadores rápidos.

A través de la web de ICAEN se puede acceder a un visor de estaciones de recarga públicas en la que se proporciona información en tiempo real de la disponibilidad de las mismas. Existen otros portales donde se proporciona información sobre todos los puntos de recarga existentes, tanto públicos como privados. Esta información es esencial para generar confianza en el usuario y en futuros compradores de vehículos eléctricos.

Junto con el crecimiento en número de estaciones de recarga ya se empiezan a ver también las primeras políticas contra los vehículos más contaminantes, limitando la circulación de estos en algunas ciudades, por poner un ejemplo, en Barcelona, a partir del 2020 no podrán circular los vehículos más contaminantes, y se espera para el 2025 que esta medida se extienda a toda el área metropolitana de Barcelona. Esto obligará a que parte del parque de vehículos actual tenga que renovarse, siendo esto una oportunidad para que crezca el número de vehículos en el área metropolitana.

Cabe decir también que el retraso de dos años en la aplicación de la normativa del ciclo de homologación WLTP, por parte del gobierno, que afecta a los consumos y emisiones de vehículos con motor de combustión no ayuda a la implantación del vehículo eléctrico, al contrario, esto provoca un retraso en el despliegue del vehículo eléctrico.

Las empresas con flotas de vehículos cuyo radio de actuación es de media distancia ya está dotando de vehículos eléctricos a sus flotas, al finalizar la jornada los vehículos se van cargando y al inicio de la jornada siguiente ya están disponibles con la batería cargada completamente.

Como conclusión, podemos afirmar que el vehículo eléctrico actualmente ha madurado y es una opción real muy recomendable sobre todo para el tráfico rodado en ciudades y alrededores. La tecnología que lleva asociada está en constante evolución evidenciando un incremento paulatino de la autonomía que ofrecen estos vehículos.

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