Híbridos y Eléctricos

La electromovilidad como respuesta a las restricciones al tráfico

Los sistemas de movilidad en las grandes ciudades están cambiando. Una mayor conciencia medioambiental, sumada al cambio de mentalidad respecto al uso compartido y las restricciones al tráfico por los niveles de emisiones en grandes ciudades –como Madrid con el arranque del proyecto Madrid Central a principios de diciembre de 2018– están modificando a un ritmo vertiginoso la forma en que los ciudadanos entendemos y usamos los sistemas de movilidad.

Cada día son más los ciudadanos que apuestan por dejar atrás su vehículo particular y desplazarse en una de las múltiples opciones más sostenibles que tienen a su alcance. Medios de transporte público cada vez más modernos y desarrollados, y servicios de movilidad compartida como bicicletas, patinetes, motos y coches eléctricos por minutos están haciendo posible este cambio.

La cantidad de vehículos que entran diariamente en las grandes metrópolis es preocupante. Además, se calcula que en España cada uno de estos vehículos pasa de media un 97% de su tiempo aparcado, según el informe Cuentas Ecológicas del Transporte de Ecologistas en Acción. A ello hay que sumar unos niveles de polución rozando máximos históricos en la mayoría de grandes ciudades, lo que hace que la movilidad compartida se perfile no solo como una solución, sino también como una necesidad.

De hecho, en Europa, los servicios de movilidad compartida representan ya el 30% del número total de kilómetros recorridos y la tendencia sigue al alza. Mientras algunas ofertas de la red pública acarrean largos tiempos de espera, para quienes viven en las ciudades y buscan desplazarse de la forma más simple y rápida, las motos compartidas destacan como una solución viable.

El motosharing en cifras

Pese a que se trata de una alternativa relativamente joven, la primera empresa de motosharing surgió en San Francisco en el año 2012 y en 2015 sólo 8 ciudades disponían de un servicio de motos compartidas. Hoy en día ya es posible utilizar un servicio de motosharing en 62 ciudades alrededor del mundo, de las cuales el 84% se encuentran en Europa, según el Global Scootersharing Market Report 2018 de InnoZ. Si en 2017 existía una flota mundial de 8.000 motos compartidas, este 2018 la cifra ha aumentado más de un 300% hasta alcanzar más de 25.000 unidades.

El número de usuarios registrados también ha aumentado exponencialmente, siendo los jóvenes los más activos. En 2017 había algo más de 350.000 usuarios registrados en las diferentes plataformas. Este año, 1,4 millones de personas han decidido apostar por este sistema de movilidad, alcanzando un total de 1,8 millones de usuarios registrados en el mundo. España, seguida de Francia y Alemania, lidera el ranking de utilización de este medio con un total de 8.920 motos compartidas en activo. De hecho, el 55% de la flota global de motos compartidas del mundo está ubicada en España y Francia.

Libre circulación frente a las restricciones

Los servicios de motosharing, con los que el usuario solo necesita una app móvil para encontrar y hacer uso de una moto, son una creciente alternativa más económica y sostenible: permiten disminuir la huella ambiental, así como la utilización de combustibles fósiles, o incluso eliminarla por completo, ya que el 97% de los servicios de motosharing utilizan motos eléctricas. Es por ello que este tipo de vehículos no se ven afectados por las restricciones de circulación que están aplicando buena parte de las grandes capitales europeas en periodos de alta contaminación y que, en ciudades como Madrid o Barcelona, dejan fuera de circulación al 45% del parque móvil de motos. Además, los servicios de motosharing permiten ahorrar tiempo en atascos, suponen una mayor flexibilidad de uso y reportan un importante ahorro económico con respecto a la compra de un vehículo propio.

Por todo ello, los servicios de movilidad eléctrica compartida abren paso a un futuro más sostenible y económico. Son el camino natural de las ciudades modernas en constante desarrollo, que necesitan seguir creciendo de una forma sostenible, maximizando el uso de los bienes existentes y reduciendo la congestión y la movilidad ineficiente. En definitiva, la movilidad eléctrica compartida es sinónimo de rapidez, cambio, crecimiento y futuro.

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