225.000 coches eléctricos al año y una fábrica que no existe: este informe destapa el gran agujero de la industria española

Deloitte calcula que España necesita entre 13 y 14 GWh más de capacidad de fabricación de celdas de baterías para cubrir una demanda de unos 225.000 coches eléctricos al año.

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Los coches eléctricos podrían alcanzar el 64 % de las matriculaciones españolas en 2035.
19/10/2026 12:30
Actualizado a 19/10/2026 12:30
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Las previsiones para el mercado español apuntan a un cambio considerable en las preferencias de compra durante la próxima década, con un protagonismo creciente de los vehículos eléctricos y una pérdida progresiva de terreno de los motores de combustión, una evolución que obligará a los fabricantes instalados en España a adaptar sus inversiones y capacidades industriales para responder a una demanda muy diferente de la actual.

Esta transformación llega en un momento de creciente competencia internacional, especialmente por la expansión de las marcas asiáticas y el desarrollo de nuevas tecnologías que están modificando el negocio del automóvil, según advierte la consultora Deloitte en su informe “La transformación de la industria del automóvil en España”, donde analiza las decisiones que deberán afrontar fabricantes, proveedores y distribuidores para conservar su posición en el mercado europeo.

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Deloitte calcula que España necesita entre 13 y 14 GWh más de capacidad de celdas.

El coche eléctrico concentrará el 64 % de las ventas en España en 2035

Las estimaciones recogidas en el estudio sitúan a los vehículos híbridos como la tecnología dominante a corto plazo, con una participación prevista del 43 % en 2027 que descendería hasta el 35 % en 2029, mientras que los eléctricos puros comenzarían ese periodo con una cuota del 14 % y aumentarían progresivamente su presencia hasta representar el 64 % de las matriculaciones en 2035, frente al 14 % correspondiente a los híbridos enchufables y el 12 % de los híbridos convencionales.

Esta evolución también supondría una reducción considerable del mercado reservado a los automóviles de combustión, cuya participación pasaría del 32 % en 2027 al 23 % apenas un año después, hasta situarse en el 21 % en 2031 y terminar en el 10 % en 2035, un escenario que coincide con una mayor diversidad de fabricantes en España, donde actualmente se necesitan ocho marcas para concentrar la mitad de las matriculaciones cuando hace una década bastaba con cuatro.

España necesita acelerar sus fábricas de baterías para mantener su peso industrial

Uno de los principales problemas identificados en esta transición se encuentra en la producción nacional de baterías, especialmente en la fabricación de celdas, donde los proyectos industriales anunciados todavía no avanzan al ritmo necesario para cubrir las necesidades previstas, con una brecha de capacidad estimada entre 13 y 14 GWh que equivaldría aproximadamente a las baterías de 225.000 vehículos eléctricos. 

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Las gigafactorías son clave para que España conserve su peso en la industria.

La dimensión económica del sector explica la relevancia de estas decisiones para España, segundo productor europeo de automóviles y con una industria que genera más de 120.000 millones de euros anuales entre fabricantes y empresas de componentes, representa alrededor del 11 % del PIB y concentra un volumen de empleo directo e indirecto equivalente al 9 % de la población activa.

Más allá de aumentar la fabricación de baterías, Deloitte identifica cuatro decisiones fundamentales para conservar la competitividad industrial: definir cómo responder a los nuevos fabricantes internacionales, seleccionar las tecnologías y segmentos de vehículos en los que concentrar las inversiones, ampliar las fuentes de ingresos mediante servicios y soluciones digitales y aprovechar las exigencias regulatorias para desarrollar nuevas ventajas competitivas.

El informe concluye que España dispone de una base industrial suficientemente importante para reforzar su protagonismo en la movilidad eléctrica europea, aunque advierte de que mantener las cifras de producción actuales no será suficiente si el país no consigue desarrollar capacidades propias en baterías, software y otras tecnologías de elevado valor añadido, ámbitos que determinarán una parte creciente de la competitividad del automóvil durante los próximos años.