Durante décadas, el transporte por carretera ha sido uno de los grandes pilares que han sostenido la demanda mundial de petróleo. Esa relación empieza a cambiar a medida que los coches eléctricos ganan presencia, y los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía permiten medir hasta qué punto la gasolina y el diésel están perdiendo terreno.
El cambio todavía está en una fase relativamente temprana, pero ya tiene consecuencias visibles. En 2025, los coches eléctricos desplazaron por sí solos alrededor de 1,2 millones de barriles de petróleo al día, mientras que el conjunto de vehículos eléctricos elevó todavía más esa cifra. La previsión de la IEA es que esta sustitución se acelere con fuerza durante la próxima década.

Casi 10 millones de barriles diarios menos en 2035
El crecimiento de las matriculaciones explica buena parte de este cambio. Durante 2025 se vendieron más de 20 millones de coches eléctricos en todo el mundo, un 20% más que el año anterior, y ya representaron uno de cada cuatro coches nuevos. Para 2026, la IEA espera que las ventas alcancen los 23 millones de unidades y que su cuota mundial ronde el 28%.
Si las políticas actualmente anunciadas se mantienen, el efecto sobre el petróleo será mucho mayor. El escenario de políticas declaradas de la IEA apunta a que los eléctricos podrían desplazar cerca de 10 millones de barriles diarios en 2035. Bajo las políticas actualmente vigentes la cifra rondaría los nueve millones, mientras que un escenario compatible con las cero emisiones netas elevaría el ahorro por encima de los 15 millones diarios.
Esta evolución introduce además un componente energético y geopolítico. Los países con una elevada dependencia de las importaciones pueden reducir parte de su exposición al precio internacional del crudo y a posibles problemas de suministro. China es especialmente relevante en este apartado: además de ser el mayor mercado mundial del coche eléctrico, al cierre de 2025 ya contaba con unos 44 millones de eléctricos circulando por sus carreteras.
China sigue marcando el ritmo, pero el crecimiento se extiende
China vendió más de 13 millones de coches eléctricos durante 2025, aproximadamente seis de cada diez unidades comercializadas en todo el mundo. Los eléctricos alcanzaron allí una cuota cercana al 55%, mientras que Europa superó los cuatro millones de matriculaciones y registró un crecimiento superior al 30%. En Estados Unidos, en cambio, la penetración permaneció por debajo del 10%.

El siguiente foco está comenzando a aparecer fuera de estos tres grandes mercados. Las ventas en economías emergentes y en desarrollo crecieron alrededor de un 80% en 2025, con avances especialmente rápidos en regiones como Latinoamérica o el Sudeste Asiático. Los fabricantes chinos tienen un papel importante en esta expansión: sus vehículos representaron aproximadamente el 55% de los eléctricos vendidos fuera de Europa y Estados Unidos durante el pasado año.
El cambio obliga a transformar también la infraestructura energética
La electrificación del transporte no depende únicamente de fabricar más coches. El aumento del parque mundial exigirá ampliar las redes eléctricas, incrementar la capacidad de recarga y adaptar la producción de baterías a una demanda mucho mayor. La propia IEA estima que en 2035 habrá más de 450 millones de vehículos eléctricos en circulación incluso bajo su escenario de políticas actuales, más de cinco veces el volumen registrado al terminar 2025.
El resultado es una transformación que empieza a afectar directamente al equilibrio energético mundial. El automóvil eléctrico todavía representa alrededor del 5% del parque global, pero su peso en las nuevas matriculaciones ya alcanza el 25%. Si esa diferencia continúa trasladándose progresivamente al parque circulante, una parte cada vez mayor de la energía utilizada para mover personas y mercancías dejará de proceder del petróleo y pasará a depender de la electricidad.