Mucho antes de que Tesla, BYD o Volkswagen convirtieran el coche eléctrico en uno de los grandes campos de batalla de la industria del automóvil, una pequeña isla europea ya fabricaba vehículos impulsados únicamente por baterías. Ocurrió en 1973, en Syros, Grecia, donde comenzó a producirse el Enfield 8000, un diminuto automóvil eléctrico que hoy parece sorprendentemente adelantado a su tiempo.
La historia resulta todavía más llamativa porque aquel coche no fue simplemente un prototipo experimental. El Enfield 8000 llegó a producirse en serie, se fabricaron alrededor de 123 unidades entre sus distintas variantes y buena parte de ellas terminaron trabajando en Reino Unido. Y, sin embargo, el automóvil que salía de una fábrica griega se encontró con una paradoja difícil de imaginar hoy: no podía comercializarse legalmente en Grecia por problemas relacionados con su clasificación fiscal como vehículo eléctrico.

Un coche eléctrico fabricado en una isla en 1973
La historia del Enfield 8000 comenzó en Reino Unido. Enfield Automotive estaba controlada por el empresario y armador griego Giannis Goulandris y consiguió un contrato para producir vehículos eléctricos después de imponerse a propuestas presentadas por compañías mucho mayores como Ford y Leyland, según recoge el Museo Industrial de Ermoupoli. Poco antes de arrancar la producción, Goulandris decidió trasladar buena parte del proyecto a Syros.
La fabricación se instaló cerca de los astilleros de Neorion, también vinculados a Goulandris. El ingeniero griego Constantine Adraktas, formado en el MIT, estuvo al frente de la materialización del proyecto, mientras que John Ackroyd asumió responsabilidades de producción. El primer vehículo construido allí quedó terminado en octubre de 1973.
Resulta especialmente llamativo porque Syros tenía una importante tradición industrial y naval, pero ninguna experiencia comparable produciendo automóviles. Más de medio siglo después, uno de aquellos coches forma parte precisamente de la colección del Museo Industrial de Ermoupoli, que lo considera una pieza fundamental de la historia industrial de la isla.

64 kilómetros de autonomía y siete horas para cargar
Sus prestaciones quedan muy lejos de cualquier eléctrico moderno, aunque en aquel momento resultaban extraordinarias. El Enfield 8000 utilizaba un motor eléctrico Mawdsley de aproximadamente 8 CV alimentado por nueve baterías de plomo de 12 voltios. Según la documentación del museo, podía alcanzar unos 64 km/h y recorrer aproximadamente 64 kilómetros sobre terreno llano.
En carreteras con desnivel la autonomía podía reducirse hasta unos 32 kilómetros y una recarga completa necesitaba alrededor de siete horas. El conductor tampoco tenía una sofisticada instrumentación digital para conocer la energía disponible: un voltímetro instalado en el cuadro era el encargado de indicar el estado de las baterías.
El coche medía apenas 2,84 metros de longitud, 1,42 metros de anchura y 1,40 metros de altura. En su pequeño habitáculo había espacio para dos adultos y un niño o una pequeña cantidad de equipaje. Su carrocería utilizaba aluminio y estaba concebido fundamentalmente como un automóvil urbano, décadas antes de que ese concepto volviese a estar de moda con los pequeños eléctricos actuales.
Fabricado en Grecia, pero sin poder venderse allí
Aquí aparece la parte más insólita de la historia. Después de trasladar la producción a Grecia, la compañía pasó a integrarse en Enfield-Neorion y tenía precisamente la intención de aprovechar el conocimiento y la capacidad industrial del país. Sin embargo, el Enfield 8000 tropezó con una legislación que no estaba preparada para un automóvil de estas características.
Las referencias históricas sobre el modelo señalan que los problemas de clasificación fiscal relacionados con su propulsión eléctrica impedían venderlo legalmente en Grecia. Como consecuencia, los vehículos fabricados allí tuvieron que exportarse, fundamentalmente a Reino Unido. Parte de la producción terminó en manos del Electricity Council y de distintas compañías eléctricas británicas.

La paradoja llegó aún más lejos. Enfield-Neorion desarrolló una versión abierta pensada precisamente para utilizarse como vehículo de alquiler en las islas griegas, conocida como Bikini o Runabout. Pero tampoco pudo comercializarse localmente por ese mismo problema regulatorio. Posteriormente aparecieron incluso variantes destinadas a trabajar en minas.
Solo se fabricaron alrededor de 123
La producción continuó hasta finales de 1975 y, a comienzos de 1976, todos los vehículos encargados habían sido entregados. La documentación del Museo Industrial de Ermoupoli cifra en 123 unidades la producción conjunta de las distintas versiones, aunque otras fuentes históricas manejan cifras ligeramente diferentes para el modelo 8000 estrictamente considerado. Por eso resulta más prudente hablar de alrededor de 120 vehículos.
Décadas después, algunos ejemplares han regresado a Syros. El vehículo expuesto actualmente en el Museo Industrial fue localizado en Inglaterra y trasladado nuevamente a la isla en 2013 gracias a la colaboración de asociaciones locales y de los descendientes de la familia Goulandris.
Hoy sus 64 kilómetros de autonomía o sus siete horas de recarga parecen cifras propias de otra época. Pero quizá lo más llamativo del Enfield 8000 no sean sus prestaciones, sino que ya en 1973 existía en Europa una pequeña línea de producción dedicada a fabricar coches eléctricos y que, paradójicamente, la legislación del propio país donde se construían no sabía todavía qué hacer con ellos.
