La industria automovilística alemana atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La competencia de los fabricantes chinos, la transición hacia el coche eléctrico y la pérdida de liderazgo tecnológico están poniendo a prueba a algunas de las empresas más importantes de Europa. Una situación que ha llevado a un prestigioso economista alemán a lanzar una advertencia especialmente contundente sobre el futuro del sector.
Moritz Schularick, presidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel (IfW Kiel), considera que la crisis podría tener consecuencias mucho más graves de lo que muchos imaginan. Durante una reciente intervención en el programa alemán Maischberger, el economista afirmó que "es muy posible que en los próximos años estemos hablando de la insolvencia de un gran fabricante de automóviles". Una declaración que abre la puerta a un escenario hasta hace poco difícil de imaginar.

No es la primera vez que Schularick cuestiona el futuro de los gigantes alemanes. En 2024 ya expresó sus dudas sobre la capacidad de Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz para llegar al final de esta década manteniendo su estructura actual. Posteriormente, también advirtió de la posibilidad de que alguno de estos fabricantes terminara en manos de inversores chinos. Ahora, sin identificar a una compañía concreta en esta intervención, va un paso más allá y contempla directamente una posible insolvencia.
La advertencia de Schularick sobre los grandes fabricantes alemanes
El economista considera que el principal problema de la industria alemana no reside únicamente en la creciente competencia china, sino en la pérdida de las ventajas tecnológicas que durante décadas permitieron a sus fabricantes justificar precios elevados. Alemania continuará siendo un país con elevados costes de producción, pero sus compañías ya no destacan en 2todas las tecnologías que determinarán el futuro del automóvil.
Somos los mejores en las tecnologías del siglo pasado, pero no en las de este siglo", aseguró Schularick. Con estas palabras hizo referencia a la posición de la industria alemana en ámbitos como el desarrollo de software, la conducción autónoma y las baterías, donde los fabricantes chinos y estadounidenses han adquirido un protagonismo creciente.

A su juicio, los fabricantes alemanes tardaron demasiado en apostar decididamente por la movilidad eléctrica. Durante décadas, su competitividad estuvo ligada al desarrollo de motores de combustión, plataformas mecánicas y vehículos de alta calidad, pero la transformación tecnológica está modificando los elementos que aportan mayor valor a un automóvil.
Sus advertencias coinciden con las conclusiones de un reciente estudio de Allianz Trade, publicado el pasado 9 de octubre. Según la aseguradora de crédito, el valor añadido por vehículo vendido en Europa por los fabricantes alemanes se redujo entre un 30% y un 45% durante el primer semestre de 2026 respecto a los niveles de 2021 y 2022.
La investigación también refleja una importante pérdida de competitividad comercial. Desde 2021, los fabricantes alemanes han cedido alrededor de diez puntos porcentuales de cuota de mercado en Europa y siete en China. Allianz Trade calcula que, si hasta 2030 perdieran otros tres puntos porcentuales en cada uno de estos mercados, podrían quedar comprometidos unos 3.000 millones de euros de valor añadido.

Las baterías y el software están cambiando las reglas del automóvil
Uno de los aspectos que mejor explica esta transformación es el cambio en los componentes que concentran el valor de los vehículos. Mientras que en los coches de combustión el motor y el chasis representaban tradicionalmente entre el 35% y el 45% del valor, en los eléctricos las baterías y el software pueden concentrar conjuntamente entre el 50% y el 60%, según Allianz Trade.
Esta evolución ha situado a los fabricantes europeos ante una dependencia tecnológica considerable. El estudio estima que las baterías representan por sí solas entre el 30% y el 35% del valor de un coche eléctrico. Además, advierte de que imponer requisitos de fabricación exclusivamente europea podría encarecer estos vehículos en unos 2.000 euros.
Los problemas no se limitan a la tecnología. Allianz Trade señala que las inversiones de los fabricantes europeos de automóviles están disminuyendo alrededor de un 20% en 2026, mientras que las grandes empresas europeas de otros sectores las están incrementando aproximadamente un 10%. Una diferencia que refleja las dificultades de la industria para afrontar simultáneamente la transformación tecnológica y la presión sobre sus resultados.
En este contexto, Schularick tampoco descarta que la entrada de inversores extranjeros pueda formar parte de la solución. El economista considera que la adquisición de un gran fabricante por parte de un inversor estratégico podría resultar positiva desde el punto de vista económico si permite conservar la actividad industrial y los puestos de trabajo en Alemania.
"Los empleos se quedan aquí, el valor añadido se queda aquí", argumentó al defender que lo verdaderamente importante es preservar la producción y la actividad económica, independientemente de quién controle el capital de una compañía.
Una transformación que podría cambiar el futuro de la industria alemana
Pese a la dureza de las advertencias, Schularick no considera que la situación sea irreversible. Alemania conserva una importante capacidad industrial y conocimientos técnicos que podrían facilitar su adaptación a las nuevas tecnologías. Sin embargo, el economista insiste en que el país debe reconocer sus debilidades para recuperar parte del terreno perdido.

El estudio de Allianz Trade también identifica oportunidades en campos como las baterías de estado sólido, el desarrollo de semiconductores, la inteligencia artificial y el transporte autónomo de mercancías. Para aprovecharlas, propone reforzar las alianzas tecnológicas y concentrar las inversiones en áreas capaces de generar valor durante las próximas décadas.
El propio Schularick resumió esta necesidad de transformación con otra frase especialmente crítica: "Nuestro problema no son las máquinas, nuestro problema es la inteligencia". Una reflexión con la que subraya que disponer de una potente infraestructura industrial ya no garantiza mantener el liderazgo tecnológico.
Su última advertencia no significa que exista una quiebra inminente confirmada entre los grandes fabricantes europeos. Se trata de una previsión económica que refleja la magnitud de los desafíos a los que se enfrenta el sector. Sin embargo, que el presidente de uno de los principales institutos de investigación económica de Alemania contemple abiertamente la insolvencia de un fabricante de primer nivel evidencia hasta qué punto ha cambiado el debate sobre el futuro de esta industria.
