China quiere convertir las barreras comerciales a los coches eléctricos, paneles solares y otras tecnologías limpias en uno de los asuntos de la próxima COP31 de Antalya, en Turquía. Pekín sostiene que limitar mediante aranceles el comercio de estas tecnologías puede ralentizar su despliegue mundial y reclama discutir en la cumbre cómo mantener abierto su flujo internacional. La iniciativa llega en plena tensión con la Unión Europea, que mantiene derechos compensatorios de hasta el 35,3% sobre determinados eléctricos fabricados en China mientras exige un mayor reequilibrio de sus relaciones comerciales con Pekín.
La propuesta fue planteada por Li Gao, viceministro chino de Ecología y Medio Ambiente, que considera que las próximas negociaciones climáticas no deberían limitarse a objetivos de emisiones o financiación.

China quiere introducir también lo que define como nuevos obstáculos para la transición energética: unilateralismo, proteccionismo y restricciones al comercio de tecnologías verdes.
China quiere vincular comercio y política climática
El argumento de Pekín es sencillo: si los vehículos eléctricos, paneles solares o baterías ayudan a reducir emisiones, dificultar su comercio mediante aranceles puede encarecer su implantación en otros países.
Pero Europa y Estados Unidos plantean la cuestión desde otro punto de vista. Sus gobiernos consideran necesario impedir que las ayudas estatales, el exceso de capacidad productiva o determinadas ventajas industriales generen una competencia que perjudique a sus propios fabricantes.
En el caso europeo, la Comisión concluyó en 2024 su investigación antisubvenciones sobre los eléctricos chinos e impuso derechos compensatorios adicionales que actualmente oscilan entre el 7,8% y el 35,3%, dependiendo del fabricante.

La tensión con Europa continúa pese a los últimos acuerdos
La petición china llega en un momento especialmente delicado. Bruselas y Pekín han conseguido recientemente reducir parte de sus diferencias. China y la UE han alcanzado entendimientos sobre vehículos híbridos y continúan negociando mecanismos alternativos para los eléctricos, como compromisos de precios mínimos e inversiones dentro de Europa.
Sin embargo, la Unión Europea considera que el problema comercial es mucho más amplio. Ursula von der Leyen recordó después del último Consejo Europeo que el déficit comercial de la UE con China alcanzó en 2025 aproximadamente 1.000 millones de euros diarios y que en 2026 será todavía mayor. Bruselas reclama por ello más acceso para sus empresas y herramientas que permitan corregir lo que considera un desequilibrio estructural.
El coche eléctrico entra en una batalla mucho mayor
La COP31 puede convertirse así en otro escenario para una discusión que hasta ahora se desarrollaba principalmente en despachos comerciales.

China quiere presentar los aranceles y las restricciones a la tecnología limpia como una cuestión que también afecta a la velocidad de la descarbonización mundial.
Europa, por su parte, intenta combinar dos objetivos difíciles de conciliar: acelerar el coche eléctrico y las renovables sin permitir que su industria dependa completamente de la tecnología importada de China.
La disputa ya no consiste únicamente en decidir cuánto impuesto paga un coche al entrar en Europa. El debate que China quiere llevar ahora a la COP31 es mucho más profundo: si las políticas climáticas deben priorizar la tecnología verde más barata disponible o también proteger dónde y cómo se fabrica.