Francia y Alemania parecen haber acercado posiciones sobre uno de los grandes debates de la industria europea del automóvil. Según las últimas informaciones de medios alemanes, Emmanuel Macron estaría dispuesto a aceptar una mayor flexibilización de los objetivos de CO2 para 2035, mientras Friedrich Merz apoyaría requisitos más estrictos de fabricación europea. El acuerdo todavía no está cerrado ni cambia por sí solo la legislación: deberá pasar por el Parlamento Europeo y el Consejo. Pero, si prospera, podría permitir vender después de 2035 más coches con motor de combustión de lo previsto actualmente.
La clave es que Europa ya había empezado a suavizar su planteamiento original. La Comisión propuso a finales de 2025 sustituir el objetivo de emisiones de escape cero en 2035 por una reducción del 90%, permitiendo que híbridos enchufables, extensores de autonomía, microhíbridos e incluso determinados coches de combustión continúen teniendo presencia si las emisiones restantes se compensan mediante acero bajo en carbono, e-fuels o biocombustibles.
Ahora Francia y Alemania podrían querer ir todavía más lejos.

París cedería en 2035 y Berlín en el “Made in Europe”
Hasta ahora ambos países defendían posiciones diferentes.
Francia había sido más favorable a mantener una senda estricta de reducción de emisiones y, al mismo tiempo, reclamaba requisitos fuertes de contenido europeo para proteger la producción industrial del continente.
Alemania, por su parte, llevaba tiempo pidiendo más flexibilidad tecnológica para mantener abiertas opciones como los híbridos y los combustibles sintéticos.
Según las informaciones recogidas por los medios germanos, Macron estaría dispuesto ahora a aceptar una reducción adicional de las exigencias de CO2. A cambio, Alemania respaldaría unas condiciones “Made in EU” más exigentes de las que defendía inicialmente.

Eso no significa que se haya eliminado el objetivo de 2035
Conviene hacer una distinción importante.
La regulación europea no prohíbe directamente un determinado tipo de motor: establece límites medios de emisiones de CO2 para las flotas de cada fabricante. La propuesta actual de la Comisión fija para 2035 una reducción del 90% respecto a 2021, frente al 100% contemplado en la legislación todavía vigente.
El eventual acuerdo franco-alemán podría reducir todavía más esa exigencia efectiva y proporcionar a los fabricantes mayor margen para vender vehículos con motor térmico.
Pero todavía hablamos de una posición política en negociación, no de una norma aprobada.

El precio del acuerdo puede ser fabricar más dentro de Europa
La otra mitad del pacto puede resultar incluso más importante industrialmente.
Francia quiere que los incentivos y políticas europeas favorezcan vehículos, baterías y componentes producidos dentro de la UE. Alemania había defendido hasta ahora una interpretación más abierta que pudiera incluir también socios industriales como Turquía, Marruecos o Vietnam.
Si Berlín cambia de postura, la futura normativa podría endurecer considerablemente los requisitos de origen.
Eso deja una fotografía muy diferente a la idea de una simple “marcha atrás” europea: Francia aceptaría más flexibilidad para la combustión y Alemania, a cambio, asumiría una política industrial más proteccionista para fabricar coches y componentes dentro de Europa.
Todavía faltan negociaciones, votaciones y mayorías. Pero si París y Berlín llegan finalmente unidos al debate europeo, el equilibrio político alrededor de 2035 puede cambiar de forma significativa.