Europa está levantando una de las infraestructuras más espectaculares del mundo bajo las aguas del mar Báltico. El túnel de Fehmarnbelt, que unirá Dinamarca y Alemania, tendrá unos 18 kilómetros de longitud y se convertirá en el túnel sumergido más largo del planeta cuando entre en servicio.
La obra acaba de alcanzar un nuevo hito. El pasado 28 de septiembre, el cuarto elemento del túnel fue colocado en la zanja excavada frente a la isla danesa de Lolland, elevando la longitud ya instalada hasta casi 900 metros y acercando el proyecto a su primer kilómetro completo.

Lo más llamativo es cómo se está construyendo. En lugar de perforar directamente bajo el fondo marino, el proyecto utiliza enormes secciones prefabricadas de hormigón que se construyen en tierra, se trasladan por mar y después se hunden con precisión hasta encajarlas una detrás de otra.
Piezas de 217 metros y más de 73.500 toneladas
Cada uno de los elementos estándar mide 217 metros de longitud y pesa más de 73.500 toneladas antes incluso de completar todos los trabajos necesarios para su inmersión. Son estructuras huecas gigantescas que incorporan los futuros tubos de carretera, ferrocarril e instalaciones técnicas.
Los módulos se fabrican en una planta construida específicamente para el proyecto en Rødbyhavn, en Dinamarca. Desde allí son remolcados hasta el punto exacto donde deben colocarse mediante varios remolcadores y el buque especializado IVY, diseñado para controlar todo el proceso de inmersión.
Una vez situados sobre la zanja excavada en el fondo marino, los elementos se descienden lentamente hasta su posición definitiva. Después se conectan con la sección anterior y se fijan mediante grava, arena y una capa de protección de piedra para garantizar su estabilidad.
El túnel estará formado finalmente por 79 elementos estándar y 10 elementos especiales, estos últimos más cortos y equipados con una planta inferior destinada a alojar instalaciones técnicas. El primero de esos módulos especiales tendrá unas dimensiones comparables a las de un edificio de cuatro plantas.
Cuatro carriles y dos vías de tren bajo el Báltico
El Fehmarnbelt no será únicamente una carretera. La infraestructura incluirá cuatro carriles de circulación, dos por sentido, además de arcenes continuos y dos vías ferroviarias electrificadas dentro de tubos separados. También contará con un tubo independiente destinado a instalaciones técnicas y seguridad. El objetivo es crear una conexión fija entre la isla danesa de Lolland y la isla alemana de Fehmarn, eliminando uno de los principales cuellos de botella entre Escandinavia y Europa Central.

Actualmente, atravesar este tramo en ferry requiere aproximadamente 45 minutos, sin contar los tiempos de espera y embarque. Cuando el túnel esté terminado, el recorrido entre Rødbyhavn y Puttgarden se reducirá a unos 10 minutos en coche y siete minutos en tren. El impacto ferroviario será todavía mayor en trayectos largos. El proyecto estima que el viaje en tren entre Hamburgo y Copenhague podría reducirse hasta unas dos horas y media, frente a las aproximadamente cinco horas actuales.
La construcción del túnel comenzó en 2020 y durante los últimos meses ha entrado en su fase más visible. El primer elemento fue sumergido en mayo de 2026, el segundo llegó en junio, el tercero en agosto y ahora el cuarto ha permitido alcanzar casi 900 metros de estructura continua bajo el mar.
El proyecto también ha obligado a excavar una enorme zanja submarina, con una profundidad media de unos 12 metros y cerca de 100 metros de anchura. En total se han retirado alrededor de 15 millones de metros cúbicos de material para preparar el fondo sobre el que descansarán los módulos.

La Comisión Europea considera la conexión una infraestructura prioritaria dentro del corredor Escandinavia-Mediterráneo. Su objetivo no es solo acortar tiempos de viaje, sino también mejorar el transporte ferroviario de mercancías y reforzar la conexión entre el norte y el centro de Europa.
Con el cuarto elemento ya colocado y el primer kilómetro cada vez más cerca, el Fehmarnbelt empieza a dejar de ser únicamente una enorme obra sobre planos. Bajo el Báltico ya se están ensamblando, una a una, piezas de más de 73.500 toneladas que acabarán formando un túnel de 18 kilómetros entre dos países.
