Obrist, la empresa austriaca que ganó notoriedad modificando Tesla Model 3 para convertirlos en coches eléctricos de autonomía extendida (EREV) con un motor de gasolina, ha terminado en insolvencia. Tres sociedades del grupo acumulan conjuntamente unos 31,8 millones de euros de deuda y dos de ellas cerrarán después de comunicar al tribunal que no resulta viable continuar ni acometer una reestructuración. La compañía llevaba más de una década defendiendo su sistema híbrido HyperHybrid como alternativa al coche eléctrico de gran batería (BEV), pero ninguno de sus proyectos llegó finalmente a convertirse en un vehículo producido en serie.
La historia resulta especialmente llamativa porque Obrist construyó buena parte de su discurso cuestionando precisamente la necesidad de instalar grandes baterías en los coches eléctricos.

Su alternativa era lo que hoy conocemos como un EREV o eléctrico de autonomía extendida: las ruedas se mueven mediante motores eléctricos, mientras un pequeño motor térmico actúa como generador cuando la batería necesita energía. Por eso hay quien denomina a esto una hibridación, ya que en esencia lo es.
El concepto no ha desaparecido. De hecho, está creciendo rápidamente en China. Lo que ha fracasado es el proyecto empresarial concreto de Obrist.
Tres empresas y casi 32 millones de euros de deuda
El Tribunal Regional de Feldkirch, en Austria, abrió a finales de septiembre procedimientos de insolvencia para Obrist Powertrain GmbH y Obrist Technologies GmbH.
La primera, responsable del proyecto HyperHybrid, debe aproximadamente 18,85 millones de euros a 34 acreedores y conservaba únicamente nueve empleados.

Obrist Technologies, que reunía patentes relacionadas con producción de metanol y captura de CO2, acumula unos 6,08 millones de euros frente a diez acreedores y ya no tenía trabajadores.
A ellas se añade la alemana Obrist DE, con alrededor de otros 6,8 millones de euros de pasivo. La matriz Obrist Engineering, dedicada principalmente a sistemas de climatización y gestión térmica, queda fuera de estos procedimientos.
El Tesla que perdió casi toda su batería
Obrist llamó especialmente la atención en 2020 con el denominado Mark II, construido a partir de un Tesla Model 3. La compañía redujo la batería hasta 17,3 kWh e instaló bajo el capó delantero un pequeño motor de gasolina bicilíndrico de 40 kW utilizado exclusivamente como generador.
Prometía alrededor de 1.000 kilómetros de autonomía total y aseguraba que el sistema podría costar unos 4.500 euros una vez producido a gran escala.
También afirmó entonces haber licenciado la tecnología a un socio internacional y anticipó vehículos de producción para 2023. Ninguno llegó al mercado.
De la gasolina al metanol “climáticamente positivo”
El proyecto fue evolucionando. En 2022 Obrist presentó también un Tesla Model Y modificado para funcionar con metanol sintético, mientras defendía un sistema denominado aFuel basado en producir combustible utilizando CO2 capturado.
Posteriormente llegó a anunciar proyectos de plantas de metanol en Namibia, Egipto, Tailandia y Estados Unidos, acompañados de inversiones potenciales de miles de millones.
Según el fundador Frank Obrist, los elevados costes de desarrollo, la falta de nuevos inversores y la crisis de la industria europea acabaron deteriorando la situación financiera.
El expediente de insolvencia menciona además otro factor especialmente significativo: la progresiva apuesta de los fabricantes europeos por vehículos completamente eléctricos.
La paradoja final es que la tecnología de autonomía extendida no ha muerto. China demuestra que puede tener mercado. Pero Obrist, una de las empresas que más tiempo llevaba defendiendo esa idea en Europa, no consiguió convertir ninguno de sus prototipos en un automóvil de producción antes de quedarse sin financiación.