La duración de un coche eléctrico no depende únicamente de cuánto aguanten su motor, su carrocería o incluso la propia batería. Para Bosch, existe otro factor que puede terminar siendo igual de decisivo: cuánto cuesta reparar el vehículo cuando empieza a envejecer. Si una avería importante deja de tener sentido económico, un coche todavía funcional puede terminar retirándose antes de tiempo.
Eso es precisamente lo que ha advertidoRupert Hoellbacher, máximo responsable de Bosch Mobility Aftermarket, en una entrevista concedida a Automobilwoche. El directivo considera que, si la industria no consigue hacer más asequibles la reparación y la sustitución de las baterías, “la esperanza de vida de los coches disminuirá”.

El problema no es solo cuánto dura una batería
Las baterías de tracción son uno de los componentes más caros de un coche eléctrico. Con el paso de los años, especialmente una vez finalizada la garantía, una avería importante puede plantear un problema económico: si el coste de reparación o sustitución se acerca o incluso supera el valor residual del vehículo, para el propietario puede dejar de tener sentido arreglarlo.
Hoellbacher pone precisamente el foco en esa diferencia entre vida técnica y vida económica. Un coche puede seguir siendo perfectamente utilizable desde un punto de vista mecánico, pero dejar de serlo en la práctica si reparar un componente esencial resulta demasiado caro. Esa situación podría hacer que algunos eléctricos terminasen en el desguace antes de haber agotado realmente su potencial de uso.
Bosch no plantea, sin embargo, que cualquier problema de batería obligue a sustituir el paquete completo. Al contrario, una de las soluciones que defiende pasa por mejorar el diagnóstico y facilitar la reparación o sustitución de módulos individuales, evitando cambiar toda la batería cuando la avería está localizada en una parte concreta.

Esta posibilidad puede marcar una diferencia enorme en la factura. Cuanto mayor sea la capacidad de los talleres para intervenir sobre componentes concretos del sistema de alta tensión, más probable será que resulte económicamente viable mantener un eléctrico antiguo en circulación.
Bosch, contra el coche de usar y tirar
La preocupación de Bosch tiene también mucho que ver con el futuro de la posventa. La electrificación reduce o transforma algunas operaciones tradicionales de mantenimiento, pero al mismo tiempo aumenta la importancia de la electrónica, los sistemas de alta tensión, el diagnóstico y la reparación especializada de baterías.
Hoellbacher considera fundamental que los automóviles sigan siendo reparables durante toda su vida útil. Para ello no basta con que exista técnicamente una solución: esa reparación también debe tener un coste asumible en relación con el valor del coche, especialmente cuando se trata de vehículos con muchos años y fuera de garantía.

El problema adquiere todavía más importancia en el mercado de ocasión. Un comprador que se plantee adquirir un eléctrico usado no solo tiene en cuenta la autonomía restante o el estado general del vehículo, sino también el riesgo económico asociado a una posible reparación futura de la batería. Un mercado de reparación más desarrollado y competitivo podría reducir esa incertidumbre.
Bosch defiende por eso un ecosistema en el que los talleres independientes puedan diagnosticar y reparar estos sistemas con mayor facilidad. La posibilidad de intervenir sobre módulos concretos, en lugar de recurrir sistemáticamente a la sustitución completa del paquete, ayudaría a reducir costes y prolongar la utilización de vehículos que todavía se encuentran en buen estado.
La advertencia de Hoellbacher no cuestiona, por tanto, la durabilidad técnica del coche eléctrico. Apunta a algo distinto: un vehículo puede durar muchos años, pero solo lo hará si llegado el momento sigue siendo económicamente razonable repararlo. Para Bosch, abaratar y ampliar las posibilidades de reparación de las baterías será una de las claves para que los eléctricos no terminen teniendo una vida útil más corta de lo necesario.