La decisión de Francia y Alemania de impulsar una flexibilización de las restricciones europeas a los motores de combustión a partir de 2035 ha encontrado un respaldo significativo dentro del propio movimiento ecologista alemán. Cem Özdemir, presidente de Baden-Wurtemberg y miembro de Los Verdes, ha defendido abiertamente el acuerdo entre ambos países y ha advertido de las consecuencias que una regulación demasiado rígida podría tener para la industria automovilística europea.
Sus declaraciones tienen especial relevancia por el cargo que ocupa y por la región que gobierna. Baden-Wurtemberg es uno de los grandes centros industriales del automóvil en Europa, con fabricantes como Mercedes-Benz y Porsche, además de una extensa red de proveedores. Özdemir, que encabeza un Gobierno de coalición entre Los Verdes y la CDU, considera que la transición hacia el coche eléctrico debe realizarse sin poner en peligro esa estructura industrial.

"¿De qué nos sirve si acabamos conduciendo coches eléctricos chinos?"
El dirigente alemán expresó su posición durante el congreso regional de Los Verdes celebrado este fin de semana en Offenburg. Según recoge el periódico alemán Staatsanzeiger, Özdemir cuestionó la utilidad de establecer una normativa rígida si su aplicación termina provocando la pérdida de empleos, capacidad de innovación y parte de la industria automovilística alemana, mientras los vehículos eléctricos chinos ganan terreno en el mercado europeo.
Su advertencia apunta directamente a uno de los principales desafíos de la electrificación: la creciente competencia de los fabricantes chinos. El presidente regional considera que Europa debe avanzar hacia la movilidad eléctrica, pero también garantizar que sus propias empresas puedan participar en esa transformación sin quedar desplazadas por competidores extranjeros.
En declaraciones recogidas por la radiotelevisión pública alemana SWR, Özdemir celebró el acuerdo alcanzado por Francia y Alemania porque, según explicó, responde prácticamente a lo que su Gobierno regional venía reclamando. También defendió que la flexibilización proporcionará un tiempo especialmente valioso a los proveedores de componentes de Baden-Wurtemberg para adaptarse a las nuevas tecnologías.

Su postura no supone un rechazo al automóvil eléctrico. Al contrario, el dirigente ecologista insiste en que el objetivo debe ser acompañar a la industria alemana en esa transición. Su preocupación es que una transformación demasiado acelerada termine debilitando a los fabricantes y proveedores europeos antes de que hayan completado su adaptación.
Un dirigente ecologista que gobierna la región de Mercedes-Benz y Porsche
La posición de Özdemir resulta especialmente significativa por su trayectoria política. El dirigente pertenece a Alianza 90/Los Verdes, una formación ecologista de centroizquierda tradicionalmente comprometida con la reducción de emisiones y el impulso de la movilidad eléctrica.
Desde mayo de 2026 preside el Gobierno de Baden-Wurtemberg, una de las regiones económicamente más importantes de Alemania. Su territorio concentra importantes instalaciones de Mercedes-Benz y Porsche, centros de investigación y desarrollo y numerosas empresas especializadas en componentes para la automoción.

Precisamente, estas últimas afrontan uno de los mayores desafíos de la electrificación. La transición hacia sistemas de propulsión completamente eléctricos modifica las necesidades industriales y reduce la demanda de determinados componentes mecánicos asociados a los motores de combustión.
Sin embargo, las declaraciones de Özdemir también han provocado discrepancias dentro de su propio partido. Theresa Fidušek, portavoz de las Juventudes Verdes de Baden-Wurtemberg, criticó la flexibilización de la normativa y advirtió de que cuestionar ahora el calendario de abandono de los motores de combustión podría provocar nuevas inversiones equivocadas y poner en riesgo puestos de trabajo.
Durante el congreso regional, Fidušek defendió la necesidad de garantizar empleos seguros y compatibles con los objetivos climáticos. Su intervención recibió numerosos aplausos, poniendo de manifiesto las diferencias existentes dentro de Los Verdes sobre cómo afrontar la transformación de una industria fundamental para la economía alemana.
Francia y Alemania quieren permitir motores de combustión después de 2035
Las declaraciones de Özdemir llegan apenas unos días después del acuerdo anunciado el 16 de octubre por el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron. Ambos países han pactado una posición común para flexibilizar las exigencias europeas sobre emisiones de los coches nuevos a partir de 2035.
La normativa comunitaria vigente establece una reducción del 100% de las emisiones medias de CO₂ de los turismos nuevos desde esa fecha, lo que supone en la práctica el fin de las ventas de automóviles convencionales de gasolina y diésel. Sin embargo, la Comisión Europea propuso en diciembre de 2025 rebajar esa exigencia al 90%, siempre que las emisiones restantes fueran compensadas mediante mecanismos específicos.
El nuevo acuerdo francoalemán va más allá. Su propuesta mantiene el objetivo de reducir un 90% las emisiones, pero elimina la obligación de compensar el 10% restante. Esto abriría la puerta a que determinados vehículos con motores de combustión, incluidos los híbridos, pudieran seguir comercializándose después de 2035, aunque los fabricantes continuarían sometidos a exigencias muy estrictas sobre sus emisiones medias.
A cambio, Alemania ha aceptado reforzar las condiciones de producción europea asociadas a determinadas ayudas públicas y contrataciones, una reivindicación especialmente importante para Francia. El objetivo compartido es que la transición hacia el automóvil eléctrico también sirva para mantener fábricas, inversiones y puestos de trabajo en Europa. El acuerdo todavía necesita el respaldo de las instituciones europeas para convertirse en legislación. Por tanto, las reglas vigentes de 2035 no han quedado derogadas y el alcance definitivo de la flexibilización continúa pendiente de negociación.

En este contexto, la intervención del presidente de Baden-Wurtemberg introduce una perspectiva industrial en el debate. Özdemir no plantea abandonar la electrificación, sino evitar que la aplicación de las normas termine favoreciendo a fabricantes extranjeros mientras las empresas europeas pierden capacidad productiva.
