Subaru quiere que su próxima generación de coches eléctricos tenga mucha más tecnología desarrollada internamente y dependa menos de las plataformas compartidas con Toyota. La marca japonesa ya está probando un prototipo con 380 kW, equivalentes a unos 509 CV, tracción total y una aceleración de 0 a 100 km/h inferior a cuatro segundos. Pero lo más importante no es la potencia: utiliza una nueva arquitectura eléctrica, alrededor de 4.000 celdas cilíndricas de Panasonic Energy y electrónica propia. Subaru pretende introducir progresivamente estas soluciones en sus vehículos aproximadamente desde 2029.
Hasta ahora, Toyota ha tenido un protagonismo considerable en la electrificación de Subaru. La colaboración ha permitido reducir costes y acelerar la llegada de nuevos modelos, pero también plantea un desafío: conseguir que sus eléctricos tengan una personalidad tecnológica y dinámica reconociblemente Subaru.

La compañía japonesa quiere corregirlo en la siguiente generación.
509 CV para probar la nueva plataforma
Durante unas pruebas mostradas a medios japoneses, Subaru ha utilizado un vehículo experimental equipado con una nueva arquitectura eléctrica desarrollada internamente.
Su sistema de propulsión ofrece aproximadamente 380 kW o 509 CV, repartidos mediante tracción total. La compañía habla de una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de cuatro segundos.
Estas cifras, sin embargo, no anticipan necesariamente un futuro modelo de producción con semejante potencia. El coche funciona principalmente como laboratorio rodante para comprobar motores, batería, gestión electrónica y comportamiento de la nueva plataforma.

Una batería con unas 4.000 celdas Panasonic
Uno de los cambios más interesantes se encuentra debajo del habitáculo. Subaru está trabajando con unas 4.000 celdas cilíndricas suministradas por Panasonic Energy, buscando mejorar simultáneamente densidad energética, peso y facilidad de integración.
Según la información facilitada durante las pruebas, el nuevo conjunto consigue reducir alrededor de un 24% el peso respecto a la solución utilizada como referencia anteriormente. La marca todavía pretende elevar más la densidad energética antes de que esta tecnología llegue a modelos comerciales.
Reducir peso resulta especialmente importante para Subaru. Permitiría compensar parte de la masa de las baterías y, al mismo tiempo, mejorar autonomía, prestaciones y comportamiento dinámico sin depender únicamente de paquetes de mayor capacidad.

Subaru también quiere controlar el software
La independencia tecnológica no termina en motores y baterías. La compañía está desarrollando su propia unidad electrónica central, preparada para recibir actualizaciones remotas y controlar cada vez más funciones desde una arquitectura común.
También estudia incorporar inteligencia artificial a futuras evoluciones de EyeSight, su conocido sistema de asistencia a la conducción. Para ello mantiene una colaboración tecnológica con AMD, con la vista puesta en disponer de mayor capacidad de procesamiento para interpretar cámaras, sensores y nuevas funciones automatizadas.
Toyota seguirá ahí, pero Subaru quiere diferenciarse
El movimiento no supone una ruptura con Toyota. Ambas compañías seguirán compartiendo proveedores, componentes y determinados desarrollos porque hacerlo permite reducir los enormes costes asociados al coche eléctrico.
La diferencia estará en cuánto controla directamente Subaru. La marca quiere que sus futuros vehículos vuelvan a distinguirse no solo por el logotipo, sino también por la puesta a punto, la tracción total, el software y la tecnología de batería.
Las primeras aplicaciones de esta nueva estrategia están previstas aproximadamente para 2029. Hasta entonces, el vehículo de 509 CV debe interpretarse exactamente como lo que es: un prototipo experimental y no la confirmación de un nuevo Subaru eléctrico de producción.