La Unión Europea lo tiene claro: quiere cerrar una puerta que Reino Unido ha dejado abierta de par en par al coche eléctrico chino

La Comisión Europea teme que Reino Unido se convierta en una vía alternativa de acceso al mercado comunitario.

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La Unión Europea quiere que Reino Unido endurezca su política frente al coche chino.
04/10/2026 11:00
Actualizado a 04/10/2026 11:00
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Reino Unido quiere volver a acercarse a la industria europea sin renunciar por completo a la libertad comercial que consiguió tras el Brexit, pero esa estrategia acaba de encontrarse con un obstáculo importante. Bruselas está dispuesta a integrar al país en algunas de sus nuevas políticas industriales, aunque quiere garantías de que esa puerta no servirá también para facilitar la entrada de productos chinos en el mercado comunitario.

El automóvil se ha convertido en uno de los sectores donde esas diferencias son más evidentes. El Gobierno británico está intentando que sus fabricantes y proveedores puedan beneficiarse del futuro marco “Made in Europe”, que dará prioridad a la producción europea en ayudas, contratación pública y determinados proyectos estratégicos, mientras la UE reclama a cambio una política comercial mucho más próxima a la que aplica dentro de sus fronteras.

Nissan Fábrica China
Los aranceles europeos a coches eléctricos chinos pueden superar el 45%.

Bruselas quiere que Reino Unido se acerque a sus aranceles contra China

Según ha informado el Financial Times, responsables europeos han trasladado a Londres que una de las condiciones para estrechar esa relación pasa por endurecer el tratamiento de los coches eléctricos fabricados en China. Entre las posibilidades planteadas aparece incluso una unión aduanera, una fórmula que reduciría buena parte de las diferencias comerciales existentes actualmente entre Reino Unido y los Veintisiete.

La distancia es especialmente grande en el automóvil eléctrico. La UE mantiene desde octubre de 2024 derechos compensatorios que van desde el 7,8% aplicado a Tesla hasta el 35,3% de SAIC y otras compañías que no colaboraron con la investigación, cantidades que se suman al arancel habitual del 10% y que pueden elevar la carga total hasta aproximadamente el 45,3% en determinados casos.

Bruselas introdujo estas medidas después de concluir que la cadena de producción china de vehículos eléctricos se beneficiaba de subvenciones que podían provocar un perjuicio económico a los fabricantes comunitarios. Reino Unido, en cambio, no ha reproducido esta política y mantiene unas condiciones de acceso considerablemente más favorables para estos modelos, algo que ha permitido a las marcas chinas ganar mucho terreno en su mercado durante los últimos años.

El temor de la UE es que Reino Unido se convierta en una vía alternativa

China se ha convertido en la fábrica de coches eléctricos del mundo.
La diferencia arancelaria entre Reino Unido y la UE preocupa cada vez más.

El problema para la Comisión Europea no se limita a los coches que puedan importarse directamente desde China, sino a la posibilidad de que fabricantes chinos desarrollen producción en territorio británico y utilicen después esas instalaciones para acercarse al mercado comunitario. Este escenario cobra especial importancia con proyectos industriales como las conversaciones para que Chery pueda fabricar vehículos en la planta de Nissan en Sunderland.

La situación obliga así a Reino Unido a encajar dos objetivos que cada vez resultan más difíciles de separar: atraer inversión china para reforzar su propia industria del automóvil y, al mismo tiempo, conservar una relación privilegiada con unas cadenas de suministro europeas que avanzan hacia mayores requisitos de producción local. Para la UE, la cuestión será especialmente relevante a medida que el “Made in Europe” gane peso en ayudas y contratación pública, mientras Londres tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a acercar nuevamente su política comercial a la comunitaria.