Los pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés) son instalaciones nucleares diseñadas para producir electricidad a menor escala que las centrales convencionales.
Su potencia suele situarse por debajo de los 300 megavatios eléctricos (MWe) por unidad, frente a los más de 1.000 MWe que pueden alcanzar los grandes reactores comerciales.

El proyecto de Ayuso: más vale investigar antes de invertir en la construcción
Su funcionamiento se basa, como el de cualquier central nuclear de fisión, en liberar energía al dividir núcleos atómicos, principalmente de uranio. El calor generado produce vapor que mueve una turbina conectada a un generador eléctrico. La principal diferencia está en el diseño: los SMR pretenden fabricar buena parte de sus componentes en instalaciones industriales y transportarlos después al emplazamiento definitivo.
Esta construcción modular permitiría estandarizar procesos, reducir trabajos en obra y adaptar la potencia instalada a las necesidades de cada consumidor. Algunos diseños también contemplan aprovechar el calor residual para producir hidrógeno o suministrar energía térmica a procesos industriales.
La Comunidad de Madrid anunció en septiembre de 2025 una estrategia para ampliar la investigación sobre energía nuclear. La iniciativa implica a las consejerías de Educación, Ciencia y Universidades y de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, con la participación del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMDEA Energía).
Entre las actuaciones previstas figuran nuevas líneas de investigación, la participación en iniciativas europeas relacionadas con los reactores modulares y la contratación de científicos especializados. El objetivo es desarrollar conocimiento y explorar las posibilidades de esta tecnología ante el aumento de la demanda eléctrica.
El apagón de abril de 2025 reforzó el debate sobre la seguridad del suministro, aunque no demuestra por sí mismo que Madrid necesite construir una central nuclear. Por ahora, la estrategia regional es investigadora: no equivale a una autorización para instalar reactores ni a un proyecto de construcción con emplazamiento, presupuesto y calendario definidos.
Menos espacio y sistemas de seguridad pasiva
Una de las características que se atribuyen a determinados diseños SMR es la incorporación de sistemas de seguridad pasiva. Estos aprovechan fenómenos físicos, como la circulación natural del refrigerante, para facilitar la refrigeración del reactor sin depender exclusivamente de bombas o de la intervención humana.
También pueden reducir la cantidad de componentes que deben ensamblarse en la obra y facilitar la ampliación progresiva de la capacidad. Sin embargo, las ventajas dependen de cada modelo: no todos los reactores modulares utilizan la misma tecnología, el mismo combustible ni los mismos sistemas de refrigeración.
El proyecto británico de Rolls-Royce, por ejemplo, contempla reactores de agua a presión y una potencia de unos 470 MWe por unidad, por encima del límite habitual de 300 MWe utilizado para definir los SMR. Su desarrollo ilustra el interés europeo por esta tecnología, pero sus plazos y costes previstos no pueden extrapolarse automáticamente a otras instalaciones.
Los costes, los residuos y las dudas sobre su viabilidad
Los principales interrogantes de los SMR son los económico y los medioambientales. La fabricación en serie podría reducir los costes de construcción, pero para conseguirlo sería necesario desplegar suficientes unidades y mantener una cadena industrial estable. Las primeras instalaciones, por el contrario, pueden soportar costes elevados de diseño, licencias y fabricación.
Tampoco está demostrado que una central modular pueda estar operativa en 500 días en cualquier circunstancia. Ese tipo de plazo depende de que el diseño esté aprobado, los componentes disponibles y el emplazamiento preparado. Los procedimientos de autorización nuclear, la construcción de infraestructuras y las pruebas de puesta en marcha pueden alargar considerablemente el calendario.
La gestión de los residuos radiactivos constituye otro desafío. Los SMR no eliminan el combustible gastado ni la necesidad de almacenarlo y gestionarlo de forma segura. Además, la cantidad y las características de los residuos varían según el diseño del reactor y el combustible empleado.
En Madrid, cualquier propuesta de instalación tendría que afrontar también cuestiones relacionadas con el uso del agua, la planificación territorial, la protección ambiental y la aceptación social. La autorización de una central nuclear corresponde al Estado, no exclusivamente al Gobierno autonómico.

Las grandes tecnológicas detrás de un sistema pendiente de demostrar
El interés de grandes compañías tecnológicas, como Google y Amazon, refleja la búsqueda de suministro eléctrico continuo para centros de datos y otras instalaciones de elevado consumo. Google ha anunciado acuerdos vinculados al desarrollo de reactores avanzados, mientras que distintos proyectos empresariales exploran la posibilidad de utilizar energía nuclear para cubrir una demanda que las fuentes variables no siempre pueden satisfacer por sí solas.
Sin embargo, el despliegue comercial de los SMR todavía está en una fase temprana. La apuesta de Madrid abre una línea de investigación y participación en el debate energético europeo, pero no resuelve todavía las preguntas fundamentales: cuánto costaría producir electricidad, cuándo podría estar disponible y qué impacto tendría una instalación concreta.