La ‘otra contaminación’ de los aerogeneradores eólicos que no se respira, pero que la UE considera como un “tema prioritario”

Un estudio sueco sitúa por encima de los cálculos estimados los niveles de infrasonido en las grandes turbinas eólicas. Bruselas admite lagunas en la normativa ambiental y abre la puerta a revisar la directiva de ruido.

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Una contaminación generada por estas grandes máquinas que apenas se percibe pero que puede ser muy perjudicial. Gemini
05/10/2026 15:30
Actualizado a 05/10/2026 15:30
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El infrasonido se define como sonido de frecuencia muy baja (por debajo de 20 Hz), normalmente fuera del rango de audición humana, aunque puede manifestarse como presión o vibración perceptible.

Un análisis científico reciente de la Universidad de Uppsala ha sacado a la luz que las turbinas eólicas de gran escala producen niveles de infrasonido notablemente más altos de lo que se creía hasta ahora, una conclusión que ha impulsado un debate en el Parlamento Europeo sobre la necesidad de revisar la normativa comunitaria sobre ruido ambiental.

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Proceso de toma de datos de campo para la investigación de la Universidad de Uppsala.

Una investigación muy sonora

Un equipo de investigadores de la Universidad de Uppsala, encabezado por Ken Mattsson e integrado por Gustav Eriksson, Leif Persson, José Chilo y Kourosh Tatar, ha publicado un estudio basado en modelos tridimensionales avanzados y datos reales de mediciones. Sus resultados muestran que la emisión de infrasonido y bajas frecuencias de los aerogeneradores modernos ha sido “considerablemente subestimada” por los métodos de evaluación tradicionales.

La investigación, que valida nuevos modelos de propagación acústica con datos de parques eólicos, señala que las turbinas actuales generan y transmiten infrasonido a distancias mayores de lo que los modelos clásicos consideran. Esto plantea dudas sobre la exactitud de los estudios ambientales previos y su capacidad para evaluar con rigor impactos de ruido en comunidades cercanas.

Ante estas conclusiones científicas, la eurodiputada francesa Virginie Joron registró el pasado 6 de enero una pregunta escrita en el Parlamento Europeo dirigida a la Comisión Europea, cuestionando si está previsto respaldar una investigación, incluso con financiación pública, para “comprobar la contaminación acústica e infrasónica asociada a las turbinas eólicas”. Joron subrayó que la directiva vigente 2002/49/CE sobre evaluación y gestión del ruido ambiental no contempla específicamente los datos científicos más recientes sobre infrasonidos.

La respuesta escrita de Jessika Roswall, comisaria de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, no solo reconoce la validez del estudio sueco, sino también el déficit de datos consistente en que los infrasonidos quedan fuera de las métricas estándar de ruido usadas hasta ahora. Roswall afirma que las turbinas eólicas generan infrasonidos que pueden no ser “abordados completamente por las métricas de ruido estándar”, y sitúa este tema como una prioridad para la Comisión.

La comisaria recuerda que, aunque el marco jurídico existente no cubre explícitamente estos aspectos, la UE ha aceptado recomendaciones del Tribunal de Cuentas Europeo para evaluar la viabilidad de introducir límites de ruido, incluido el infrasonido, en la Environmental Noise Directive (END).

La END exige que cada proyecto eólico pase por una Evaluación de Impacto Ambiental que describa las emisiones sonoras y las medidas previstas para prevenir o mitigar efectos adversos. Sin embargo, la revisión que plantea Bruselas iría más allá de los parámetros acústicos audibles y abarcaría frecuencias bajas hasta ahora excluidas de los registros comunitarios.

Este debate se enmarca en un contexto más amplio de preocupación por la contaminación acústica en Europa. Según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, millones de ciudadanos están expuestos a niveles de ruido que superan los límites recomendados por la OMS, con efectos negativos sobre la salud como alteraciones del sueño, estrés o problemas cardiovasculares.

Expertos en acústica señalan que el principal desafío técnico es incorporar de forma fiable la medición y evaluación del infrasonido en las normas existentes. Las actuales directrices para la evaluación acústica ambiental de proyectos no fueron diseñadas teniendo en cuenta las características particulares del sonido de baja frecuencia, y las metodologías tradicionales pueden subestimar su alcance real.

Detractores de la modificación normativa argumentan que la evidencia científica sobre efectos adversos directos del infrasonido en la salud humana no es concluyente y que muchos niveles medidos alrededor de parques eólicos están por debajo de los umbrales de audición o percepción física.

Sin embargo, la Comisión Europea y algunos Estados miembros consideran que un planteamiento preventivo y una actualización de las métricas es necesaria para garantizar que la planificación energética y las licencias ambientales no pasen por alto impactos potenciales sobre comunidades locales.

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Los aerogeneradores actuales generan infrasonidos por encima de lo que detectan los estudios de impacto ambiental.

En su respuesta, Roswall subraya que cualquier cambio normativo deberá equilibrar la necesidad de promover energías renovables, como la eólica, clave para los objetivos climáticos europeos, con la protección de la salud pública y el bienestar de los ciudadanos.

La iniciativa parlamentaria y la respuesta de la Comisión abren ahora un proceso de debate que podría traducirse en propuestas legislativas durante los próximos meses. Partidos ecologistas y asociaciones ciudadanas ya han expresado su interés en que se establezcan valores límite específicos para el infrasonido de fuentes industriales, lo que requeriría modificar la directiva vigente o introducir normativa complementaria a nivel comunitario.

Con este movimiento, Bruselas reconoce implícitamente que las herramientas de evaluación acústica deben evolucionar con los avances científicos, y que la inclusión del infrasonido en las métricas oficiales podría tener implicaciones tanto para la planificación de parques eólicos como para las futuras directrices ambientales.