EnerVenue, una startup estadounidense especializada en baterías de níquel-hidrógeno, ha dado un giro importante a su estrategia industrial. Después de cancelar una fábrica de 264 millones de dólares en Kentucky, la compañía ha decidido iniciar su producción a gran escala en China, donde acaba de poner en marcha una nueva planta en Changzhou.
La instalación comenzará la producción en masa esta misma semana y será clave para demostrar que su tecnología puede fabricarse a escala comercial. Su CEO, Henning Rath, ha explicado que la decisión tiene mucho que ver con la concentración de proveedores, ingenieros y fabricantes especializados que existe en esa región china.

De Kentucky a China
EnerVenue había anunciado en 2023 una fábrica en Kentucky que debía suponer una inversión inicial de 264 millones de dólares y la creación de unos 450 empleos. El proyecto terminó cancelándose y la compañía aprovechó ese cambio de planes para rediseñar tanto sus baterías como el propio sistema de producción.
El resultado es la nueva planta de Changzhou, que estará automatizada aproximadamente en un 95% y contará con unos 400 trabajadores. Su capacidad inicial será de alrededor de 250 MWh anuales, aunque la intención de la empresa es aumentar ese volumen con rapidez durante los próximos meses.
Rath ha resumido la principal razón de la elección de China: "El ingrediente secreto es este clúster industrial". El directivo se refiere a la enorme concentración de proveedores, maquinaria, ingenieros y especialistas vinculados a la industria de las baterías que existe alrededor de Changzhou.

Según el CEO de EnerVenue, sin ese ecosistema habría sido "muy difícil" demostrar el proceso de producción a escala comercial con el capital del que disponía la compañía. La ventaja, por tanto, no estaría únicamente en el coste de producir en China, sino también en tener prácticamente toda la cadena industrial necesaria concentrada en un mismo entorno.
La fábrica china costará entre 20 y 50 millones
La diferencia respecto al proyecto estadounidense es especialmente llamativa. Mientras que la planta prevista en Kentucky estaba valorada en 264 millones de dólares, Rath sitúa el coste de la nueva fábrica china en un rango de entre 20 y 50 millones de dólares.
Eso sí, ambas cifras no deben compararse de forma directa, porque no se trata de dos proyectos idénticos. EnerVenue modificó su producto y simplificó el proceso industrial después de cancelar Kentucky, aunque la diferencia sirve para entender hasta qué punto la compañía considera China un lugar competitivo para iniciar la producción.
EnerVenue no fabrica las habituales baterías de iones de litio que dominan actualmente el coche eléctrico. Su tecnología se basa en baterías de níquel-hidrógeno, una química utilizada durante décadas en aplicaciones espaciales por su elevada durabilidad y resistencia.
Este tipo de baterías se ha empleado en sistemas vinculados a misiones de la NASA, entre ellas el telescopio espacial Hubble y la Estación Espacial Internacional. EnerVenue ha adaptado esa tecnología para aplicaciones terrestres, principalmente grandes sistemas de almacenamiento para redes eléctricas, instalaciones renovables y usos industriales.
La fábrica arrancará con una capacidad aproximada de 250 MWh al año, pero EnerVenue ya tiene fijado un objetivo mucho más ambicioso. La compañía quiere alcanzar 1 GWh de capacidad anual durante el tercer trimestre de 2027, lo que supondría multiplicar por cuatro el volumen inicial.

China se convertirá así en el primer gran banco de pruebas industrial de una tecnología desarrollada originalmente en Estados Unidos. La compañía utilizará esta planta para comprobar si puede fabricar sus baterías de manera competitiva antes de llevar el mismo modelo de producción a otros mercados.
Europa también está en sus planes
EnerVenue no pretende quedarse únicamente en China. La compañía contempla construir instalaciones similares en Norteamérica, Oriente Medio y Europa a partir de 2028, siempre que la fábrica de Changzhou demuestre que el proceso puede funcionar a escala comercial.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una de las grandes ventajas actuales de China en la industria de las baterías. No se trata únicamente de contar con grandes fabricantes, sino también de disponer de proveedores, maquinaria, ingenieros y materiales concentrados en enormes polos industriales capaces de acelerar el salto de un prototipo a la producción masiva.
Y en este caso esa ventaja ha sido suficiente para que una empresa estadounidense, con una tecnología vinculada históricamente a la NASA, haya elegido China para levantar su primera gran fábrica.
