Híbridos y Eléctricos

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Estas son las seis mentiras sobre las bicicletas eléctricas que no te debes creer

Estos son algunos conceptos sobre las bicicletas eléctricas asumidos por muchos ciclistas que no son ciertos y que sin embargo han calado de tal forma que, en algunos casos, les han hecho renunciar a ellas.

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Las bicicletas eléctricas soportan muchos mitos que no son realmente ciertos pero que se han asentado en la creencia popular.

Las bicicletas eléctricas se están convirtiendo en una alternativa al transporte en las ciudades, una manera excelente de dar un reconfortante paseo relajante o un estímulo para hacer deporte cualquier día de la semana. Sin embargo, para muchos ciclistas todavía hay algunos conceptos erróneos sobre lo que pueden ofrecer como vehículo personal y sobre los beneficios potenciales para la salud que brindan.

El primer mito que hay que desmentir, porque muchas personas lo comparten, es que contrariamente a la creencia popular no se trata de un invento moderno. Al igual que les ocurre a los coches eléctricos, han existido desde finales del siglo XIX. Dejando esto a parte, estos son las seis mentiras más populares sobre las bicicletas eléctricas

No sirven para hacer deporte

Con una bicicleta eléctrica no es posible ponerse en forma ni se perderá peso. Esta confusión proviene de no llamar a estos vehículos como realmente se llaman: “bicicletas de pedaleo asistido”. En ellas es necesario mover las piernas para que el motor eléctrico se ponga en marcha y ayude a pedalear. El motor sirve para hacer más fácil arrancar desde parado y también para mantener una mayor velocidad. Pero si se deja de pedalear este efecto deja de existir. Es cierto que con ellas no se precisa tanto esfuerzo para moverse, pero la diferencia con una bicicleta convencional no es tan significativa.

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No sirven para hacer deporte.

Los estudios realizados sobre los efectos en la salud de las bicicletas eléctricas evidencian que su uso proporciona beneficios para la salud definidos, como una mejor condición física, una mayor ingesta de oxígeno y capacidad de esfuerzo superior. El estudio advierte que el ciclista eléctrico deberá ejercitarse durante más tiempo que el convencional para lograr el mismo gasto de energía: “aunque se asocia con índices más bajos de esfuerzo percibido que el ciclismo convencional, precisamente permite a las personas viajar con más frecuencia y durante más tiempo”.

El estudio afirma también que el consumo calórico es de 300 a 400 calorías por hora, lo que supone alrededor del 75% de la cantidad que se quemaría montando una bicicleta no asistida en la misma distancia. Estas cifras dependen de una serie de factores, entre ellos el nivel de asistencia eléctrica que elija utilizar. Precisamente porque esta es configurable, las bicicletas eléctricas también ofrecen una forma clara de juzgar cómo evoluciona el estado físico del ciclista.

Cuando se agota la batería, la bicicleta se convierte en un vehículo inutilizable

La selección del nivel de asistencia que se configura en cada momento no solo influye en los objetivos físicos a largo plazo del ciclista, también afecta a los kilómetros de autonomía de la bicicleta eléctrica. Cuanta más ayuda se requiera del motor eléctrico, menos kilómetros se podrán recorrer con ella. Sin embargo, cuando se configura la asistencia en el nivel mínimo, muchas de ellas son capaces de soportar recorridos de hasta 100 kilómetros o más.

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Cuando se agota la batería, la bicicleta se convierte en un vehículo inutilizable.

Conocer la autonomía restante en la batería no es arte oscuro construido a partir de las esperanzas, la buena suerte y las suposiciones. La mayoría de las bicicletas eléctricas modernas, sobre todo las de más alta gama, disponen de una electrónica incorporada en la batería capaz de ofrecer información precisa sobre el porcentaje de batería restante. Además, el calculador y el software integrados son cada vez más precisos y ofrecen información muy exacta sobre la autonomía que puede llegar a ofrecer la bicicleta a partir de la capacidad de baterías restante, gracias a que tienen en cuenta muchos datos personalizados de las costumbres y los hábitos del ciclista y del terreno que se va a recorrer

La información se presenta a través de pantallas cada vez más claras y con mayor cantidad de información, incluso con recomendaciones sobre el nivel de asistencia que se ha de configurar para llegar al destino previsto.

Pero si algo sale mal y la batería se agota completamente todavía queda la opción de pedalear como se hace en las bicicletas convencionales. Aunque el peso de una bicicleta eléctrica siempre será algo superior, la tecnología y el desarrollo de los modelos más modernos permite que cada vez exista menos diferencia entre ellas. Los motores eléctricos se desarrollan para que, en caso de no disponer de energía, ofrezcan la menor resistencia posible al pedaleo reduciendo los rozamientos entre los componentes internos.

Las bicicletas eléctrica son mecánicamente muy complicadas

Los elementos adicionales que precisa una bicicleta eléctrica aumentan la complejidad del conjunto, pero en el fondo siguen manteniendo los mismos componentes y la misma tecnología que no ha variado en décadas. Pero incluso con las nuevas tecnologías que se implementan las bicicletas eléctricas son en gran medida un producto de la era moderna con todo el diseño holístico e intuitivo que eso supone.

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Las bicicletas eléctrica son mecánicamente muy complicadas.

Los procesos de recarga de las baterías son cada vez más sencillos y cómodos. Los sistemas operativos con los que se configuran sus prestaciones pueden ser tan fáciles o tan complicados como se desee y la compatibilidad con dispositivos inteligentes añade funciones extra avanzadas, como la integración de lecturas del monitor de frecuencia cardíaca, sistemas de rastreo en caso de robo o control remoto del estado de la carga.

Básicamente, quien sea capaz de manejar una bicicleta normal y un teléfono móvil, puede familiarizarse con una bicicleta eléctrica

Solo para personas mayores

En una encuesta realizada por YouGov y encargada por Shimano preguntó a 13.412 personas en toda Europa sobre sus intenciones respecto a la compra de una bicicleta eléctrica y su opinión sobre ellas. Los resultados revelaron que el 8% de los europeos ya poseía una bicicleta eléctrica, el 17% que era más probable que comprara o usara una durante el año siguiente y el 11% que ya no utilizaban bicicletas convencionales.

Respecto a los resultados individualizados de cada país, es Italia con un 30% de los encuestados el que más interesados tiene en las bicicleta eléctrica seguido por Suiza, Polonia y Holanda (26%), España (21%) y Francia (19%). Estos porcentajes tan elevados dan a entender que no se trata solo de las personas mayores las que las prefieren.

¿Trampa?

Para los puritanos del ciclismo dejarse ayudar por un sistema que apoya el pedaleo es hacer trampa. Esto puede verse así se va a competir en el Tour de Francia, pero de los estudios mencionados anteriormente se desprende que las bicicletas eléctricas ofrecen una forma más accesible de lograr realizar viajes activos y estos ofrecen todo tipo de beneficios personales. “participar en viajes activos diarios (en bicicleta o andando) permite reducir el IMC (índice de masa corporal) y reducen el riesgo de diabetes y cáncer, reduciendo la mortalidad”.

Si la alternativa a divertirse y ponerse en forma sobre una bicicleta es viajar sentado o de pie atrapado en un autobús o tren, o vegetar en un sofá, pensar que es trampa es solo una manera de engañarse a uno mismo.

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Las bicicletas eléctricas son pesadas y torpes.

Las bicicletas eléctricas son pesadas y torpes

Las primeras generaciones de las bicicletas eléctricas sí eran más complicadas de manejar por un peso excesivo y en muchos casos mal distribuido. En muchas ocasiones, no dejaban de ser bicicletas convencionales a las que se les añadía una batería situada muchas veces en el portaequipajes tras el sillín y un motor eléctrico en la rueda trasera. Sin embargo, actualmente la mayoría de los fabricantes ya diseñan sus cuadros para integrar en ellos la batería y el motor, logrando desarrollos de productos estéticamente muy acertados y dinámicamente muy correctos.

La verdad: las bicicletas eléctricas son divertidas

Por último, una de las verdades que más se extiende entre aquellos que prueban por primera vez una bicicleta eléctrica es que son muy divertidas, pero para eso hay que olvidarse de los seis mitos anteriores.

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