A 20.000 km/h, este motor de aviación de ‘detonación oblicua’ permitiría viajar de un lado al otro del Atlántico en 2 minutos

La mala noticia es que este nuevo motor no tiene en cuenta la contaminación y se alimenta de un combustible tan convencional y contaminante como el queroseno, y, según los científicos de la Universidad de Pekín, es muy ‘eficaz’.

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Con esta tecnología de propulsión, los aviones alcanzarían una velocidad Mach 16. Gemini
22/09/2026 17:00
Actualizado a 22/09/2026 17:00
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La idea de motores de detonación (oblicua o rotativa) no es completamente nueva. Conceptos similares surgieron en los Estados Unidos y otras potencias durante la Guerra Fría con el objetivo de impulsar aviones y misiles a velocidades hipersónicas, pero fueron abandonados por su complejidad técnica.

Investigadores de la Academia China de Ciencias (CAS) han comunicado un avance en propulsión hipersónica que ha interiorizado conceptos teóricos de hace décadas y los ha puesto a prueba en condiciones simuladas de vuelo. El regreso de estos conceptos en China refleja tanto el avance en materiales y modelización computacional como el renovado interés global en propulsión hipersónica que pueda superar las limitaciones de los scramjets o las fases de cohete tradicionales.

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El motor de detonación oblicua en el laboratorio: la clave de esta nueva propulsión hipersónica.

Desafiando las leyes físicas

La investigación se desarrolló en el túnel de choque JF‑12 de Beijing, una instalación capaz de reproducir condiciones de vuelo a gran altitud, superiores a los 40 km, lo que permite simular velocidades hipersónicas sin necesidad de salir del suelo. La tecnología: un motor de detonación oblicua (ODE), utiliza queroseno de aviación estándar (RP‑3) para tratar de lograr velocidades que se acercan a Mach 16, unos 19.600 km/h.

Durante los ensayos, los equipos consiguieron generar y mantener lo que se denomina una onda de detonación oblicua, estructuras de choque autoestabilizadas que completan la combustión de la mezcla de aire y combustible en tiempos extremadamente cortos, con tasas de combustión que, según los informes, son 1.000 veces más rápidas que las de los motores scramjet tradicionales.

En la práctica, ese rendimiento teórico permitiría a un avión alcanzar velocidades que, si fueran sostenibles en vuelo real, transformarían radicalmente los tiempos de desplazamiento. Por ejemplo, un cruce del océano Atlántico en unos dos minutos habría sido imposible hasta ahora con propulsores convencionales.

Sin embargo, los responsables del anuncio y expertos en propulsión señalan que estas cifras aún se refieren a entornos de prueba en túneles de viento y no a vehículos operativos.

Qué es y cómo funciona

El motor de detonación oblicua se basa en un principio distinto al de los motores a reacción convencionales. A diferencia de los turborreactores o los motores scramjet, que requieren múltiples etapas de compresión y mezclado de aire antes de la combustión, el ODE utiliza ondas de choque oblicuas para detonar la mezcla de aire y combustible directamente dentro de la cámara de combustión.

Una de las claves del diseño probado por los científicos chinos es la utilización de un elemento de apenas 5 mm colocado estratégicamente en la cámara de combustión para inducir estas detonaciones autosuficientes, conocidas en los informes como “diamantes de detonación”. Esta configuración simplifica la arquitectura del motor y aumenta la eficiencia termodinámica al mismo tiempo que reduce potencialmente el peso total del sistema.

La mala noticia: no hay electrificación aquí. El uso de queroseno RP‑3, un combustible común en la aviación civil y militar, tiene una doble implicación: por un lado, facilita la logística y la producción si el sistema se demostrara viable; por otro, aleja la tecnología de los sistemas que dependen de combustibles exóticos o altamente especializados.

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Motor de detonación rotativa, el precursor de esta tecnología.

De la prueba de laboratorio a la realidad operativa

Desde el sector aeroespacial y de defensa advierten que los logros aún están muy lejos de materializarse en aviones o misiles hipersónicos operativos. Los ensayos en túneles de choque son esenciales para probar conceptos, pero replicar esas condiciones en un motor que funcione de forma estable en vuelo real implica retos técnicos adicionales notables: gestión térmica, integridad estructural, control de flujo a altitud variable y adaptación de la propulsión al entorno real de vuelo, por citar algunos.

Además, aunque un motor dé resultados espectaculares en simulación o en un entorno controlado, pasar a un prototipo volador introduce incertidumbres. Muchos sistemas hipersónicos experimentales anteriores han demostrado capacidades prometedoras en bancos de prueba, pero se han estancado en etapas de desarrollo cuando se enfrentan a problemas de vibración, estabilidad térmica o integración con sistemas de guiado y control de vuelo.

Los avances de este tipo, además, suelen tener un fuerte componente militar. Las velocidades hipersónicas no solo aceleran el transporte civil, sino que también cambian el panorama de los sistemas de armas y defensa estratégica. Un sistema capaz de mantener vuelo a Mach 16 complicaría enormemente los esquemas de intercepción actuales y podría dotar de capacidades de alcance y rapidez sin precedentes tanto a vectores de ataque como a plataformas de reconocimiento.