La industria del automóvil está volcada con la electrificación para conseguir coches cada vez más limpios y que consuman menos, pero un grupo de estudiantes estadounidenses ha demostrado que los motores de combustión todavía pueden sorprender por su capacidad de eficiencia. Un equipo de la Universidad Brigham Young, en Utah, ha desarrollado un vehículo experimental capaz de recorrer hasta 911 kilómetros con apenas un litro de combustible.
El prototipo, bautizado como “Supermileage”, ha sido creado específicamente para competir en la Shell Eco-marathon, una de las competiciones universitarias de eficiencia energética más importantes del mundo. El objetivo del certamen no es alcanzar grandes velocidades ni ofrecer prestaciones deportivas, sino recorrer la mayor distancia posible utilizando la menor cantidad de energía.
Un diseño futurista y eficiente
Con esta premisa, no extraña que el coche tenga poco que ver con un automóvil convencional. Su diseño recuerda más a una cápsula futurista que a un turismo de carretera. La carrocería, construida íntegramente en fibra de carbono, ha sido desarrollada para reducir al máximo la resistencia aerodinámica y rebajar el peso hasta límites extremos. De hecho, el vehículo apenas pesa 49 kilogramos, menos que muchas motocicletas urbanas y muy lejos de los pesos habituales en cualquier coche de producción, por pequeño que sea.
El prototipo está pensado únicamente para transportar a una sola persona y bajo unas condiciones muy concretas. El conductor debe tener unas dimensiones reducidas para poder entrar en el habitáculo, ya que el vehículo ha sido optimizado al máximo para minimizar el tamaño y mejorar la eficiencia. Su altura máxima debe ser de 1,63 metros y su peso de 54 kilos, que aun así ya sería más que el del propio vehículo.
Uno de los detalles más llamativos del Supermileage es su diminuto depósito de combustible. En lugar de un tanque convencional, el vehículo utiliza un pequeño recipiente de apenas 30 mililitros, una cantidad inferior a la que cabe en un vaso de chupito. Con esa mínima cantidad de etanol, el coche es capaz de completar recorridos de enorme distancia. El rendimiento homologado durante las pruebas alcanzó los 911 kilómetros por litro, una cifra que permitiría, al menos teóricamente, viajar entre ciudades como Madrid y Barcelona utilizando poco más de medio litro de combustible y sobraría la mitad.
Eso sí, esta eficiencia extrema tiene un precio evidente: la velocidad. El vehículo apenas alcanza los 37 km/h, una limitación asumida por los estudiantes para priorizar el ahorro energético frente a las prestaciones. La clave está en mantener una conducción constante, suave y perfectamente optimizada, evitando aceleraciones bruscas o pérdidas de energía innecesarias.
Un laboratorio sobre ruedas
Las pruebas oficiales se llevaron a cabo en el circuito Indianapolis Motor Speedway, uno de los escenarios más conocidos del automovilismo estadounidense. Allí, el pequeño prototipo logró registrar cifras de récord, aunque a esa velocidad limitada y en un entorno amigable, llano, sin subidas y sin tráfico que molestase su desempeño ni empeorara sus cifras de eficiencia.

Es por eso que vehículos como este no tienen aplicación práctica directa en el mercado actual, si no que sirven como laboratorio tecnológico para desarrollar soluciones que podrían acabar llegando a los coches de producción. Este tipo de proyectos universitarios lleva años demostrando resultados sorprendentes y competiciones como la Shell Eco-marathon han permitido que estudiantes de distintos países desarrollen vehículos capaces de superar ampliamente los 1.000 kilómetros por litro en condiciones experimentales.
La presidenta del equipo BYU Supermileage, Camille Nobrega, ha declarado: “Trabajamos muchísimo y estoy agradecida con todos los miembros del equipo por su compromiso. A medida que se acercaba la competencia, no me resultó difícil dedicarle unas horas extra gracias al apoyo de mis compañeros”.
