Alternadores, motores de arranque, bobinas de encendido y sensores de radar. Eso es lo que fabrica, sobre todo, la filial de automoción de Mitsubishi Electric, y ahí ha decidido entrar Foxconn, el gigante taiwanés que ensambla buena parte de los productos de Apple del mundo. Su brazo inversor, Lin Yin International Investment, ha firmado el acuerdo definitivo para quedarse con el 50% de Mitsubishi Electric Mobility por 115.000 millones de yenes, unos 647 millones de euros.
Conviene no confundir nombres: Mitsubishi Electric es el grupo de electrónica e ingeniería, no el fabricante de coches Mitsubishi Motors. La operación ha destacado porque Foxconn lleva años intentando hacerse un hueco en el coche eléctrico sin acabar de despegar, y ahora busca una puerta de entrada directa a los fabricantes japoneses. En el pasado ya intentó dar un paso semejante al intentar entrar en el accionariado de Nissan tras la crisis del fabricante.
Un reparto al 50% con fecha en 2027

Las dos empresas dirigirán la filial a partes iguales, como una sociedad conjunta. El acuerdo valora el negocio en unos 1.800 millones de euros como empresa y en unos 1.294 millones si solo se cuenta el capital. El cierre está previsto para el 1 de octubre de 2027, una vez que den su visto bueno las autoridades de competencia.
La operación llega tras un memorando de entendimiento firmado en abril de este año. Mitsubishi Electric Mobility existe como empresa independiente desde abril de 2024, cuando el grupo separó su división de equipos de automoción.
Qué aporta cada uno

El plan es sumar la tecnología de Mitsubishi Electric en sistemas de propulsión eléctrica, software y control del vehículo a la capacidad de Foxconn para producir rápido y en grandes volúmenes. Con eso quieren desarrollar en Japón plataformas para coches eléctricos, es decir, la base técnica sobre la que una marca monta después su propio modelo.
Los primeros clientes serían los fabricantes japoneses. Después llegaría la venta al resto del mundo bajo la etiqueta “Made in/by Japan”. El objetivo declarado es facturar al menos unos 5.600 millones de euros en el ejercicio que arranca en abril de 2030.
Un negocio más clásico de lo que parece
Mitsubishi Electric Mobility no es una empresa de coches eléctricos, sino un proveedor tradicional de componentes. Su catálogo pesa mucho en piezas para motores de combustión, y la parte de propulsión eléctrica es más pequeña. Además, todo apunta a que Foxconn no se lleva los semiconductores de potencia de Mitsubishi Electric, una pieza clave en los inversores de los eléctricos.
El viejo sueño eléctrico de Foxconn

En octubre de 2020, el presidente de Foxconn, Young Liu, se marcó como meta suministrar componentes o servicios para el 10% de los coches eléctricos del mundo, unos tres millones de unidades, entre 2025 y 2027. Esa cifra sigue lejos.
Su paso más visible con una marca japonesa ha sido otro: Foxtron, su empresa conjunta con la taiwanesa Yulon, firmó en 2025 un acuerdo con Mitsubishi Motors para desarrollar y fabricar un eléctrico destinado a Australia y Nueva Zelanda, con lanzamiento previsto en la segunda mitad de 2026.
Comprar la mitad de un proveedor japonés con clientes ya hechos es una forma más directa de entrar en esa industria que diseñar coches desde cero. Lo que falta por ver es cuánto de ese negocio de alternadores y motores de arranque puede convertirse, de verdad, en plataformas eléctricas de éxito antes de 2030.