Una tecnología que ya tiene 20 años ha permitido rastrear y seguir a 20.000 coches y capturar 6.000.000 de datos en 10 semanas

Un estudio de IMDEA Networks demuestra que el sistema TPMS, obligatorio por seguridad en algunos países, puede usarse para reconocer vehículos sin necesidad de cámaras y a más de 50 metros.

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Un “invento” del pasado que tuvo en cuenta el encriptado de los datos. Gemini
03/03/2026 13:00
Actualizado a 03/03/2026 13:00

El sistema de monitorización de presión de neumáticos, conocido como TPMS (Tyre Pressure Monitoring System), es un dispositivo de seguridad instalado en la mayoría de los turismos modernos que controla en tiempo real la presión del aire en cada rueda. Funciona mediante sensores situados en el interior del neumático que envían información inalámbrica a la centralita del vehículo. Si detecta una pérdida de presión significativa, el sistema activa una alerta en el cuadro de instrumentos para advertir al conductor. Su objetivo es reducir el riesgo de accidentes, mejorar la estabilidad del vehículo y optimizar el consumo de combustible.

El TPMS es obligatorio en la Unión Europea desde noviembre de 2014 para todos los turismos nuevos matriculados, tras una primera fase aplicada a nuevos modelos desde 2012. En Estados Unidos es exigido desde 2007 en vehículos ligeros, a raíz de una reforma legislativa vinculada a la seguridad vial. Otros países como Corea del Sur o Rusia también han incorporado requisitos similares. En los principales mercados desarrollados, el TPMS se ha consolidado como un estándar legal en la industria del automóvil.

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El sistema TPMS controla la presión de los neumáticos y alerta al conductor si detecta que alguno ha perdido aire.

Un sistema de hace 20 años que no pensó en los datos

Los sensores de presión de los neumáticos, instalados en la mayoría de los coches modernos por razones de seguridad vial, podrían convertirse en una herramienta inesperada de vigilancia masiva. Así lo advierte una investigación liderada por el IMDEA Networks, que alerta de un riesgo de privacidad hasta ahora poco considerado en el ámbito de la ciberseguridad del automóvil.

El trabajo, desarrollado durante 10 semanas en colaboración con socios europeos, demuestra que el TPMS puede utilizarse para rastrear vehículos de forma encubierta. Los investigadores lograron recopilar más de seis millones de mensajes procedentes de más de 20.000 coches mediante el uso de receptores de radio de bajo coste.

El estudio revela un detalle crítico: además de los datos de presión, estos sensores transmiten un número de identificación único (ID) asociado a cada rueda. Esa señal se emite en abierto, sin cifrado ni autenticación. En la práctica, cualquier persona equipada con un receptor de radio básico puede captar esa señal y volver a identificar el mismo vehículo en otro momento.

A diferencia de los sistemas tradicionales de control basados en cámaras, que requieren visibilidad directa y condiciones adecuadas de iluminación, el rastreo mediante TPMS no necesita contacto visual. Las señales de radio atraviesan paredes, otros vehículos y obstáculos físicos, lo que permite su captura incluso cuando el coche está en movimiento o estacionado en interiores.

Para evaluar el alcance real del riesgo, el equipo desplegó una red de receptores inalámbricos colocados junto a carreteras y zonas de aparcamiento. Cada dispositivo tenía un coste aproximado de 100 dólares. Durante el periodo de análisis, la infraestructura recopiló más de seis millones de mensajes emitidos por sensores pertenecientes a más de 20.000 vehículos distintos.

Los ensayos demostraron que las señales podían capturarse desde distancias superiores a 50 metros, incluso cuando los sensores se encontraban dentro de edificios o en ubicaciones parcialmente ocultas. Esa capacidad técnica convierte el seguimiento encubierto en una posibilidad real y económicamente accesible.

“Los resultados muestran que estas señales pueden utilizarse para seguir vehículos y reconstruir sus patrones de movimiento”, explicó Domenico Giustiniano, profesor de Investigación en IMDEA Networks. Según detalla el estudio, el análisis continuado de los identificadores permite inferir rutinas cotidianas, como horarios de llegada al trabajo o hábitos de desplazamiento.

El problema no se limita a la simple identificación repetida del vehículo. Las señales del TPMS también incluyen lecturas de presión que, combinadas con otros datos, podrían permitir deducir el tipo de automóvil o detectar variaciones asociadas a cargas adicionales. En el caso de vehículos industriales, por ejemplo, esos cambios podrían revelar si transportan mercancía pesada, abriendo la puerta a formas de vigilancia más sofisticadas.

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Para el estudio se han recabado datos de 20.000 coches.

El rastreo basado en TPMS presenta ventajas frente a la vigilancia mediante cámaras: es más barato, más difícil de detectar y no depende de condiciones visuales. Tampoco requiere leer la matrícula. Basta con interceptar el identificador fijo que emite el sensor para reconocer el mismo coche en diferentes ubicaciones.

La normativa actual de ciberseguridad aplicada al automóvil no aborda de forma específica la protección de estos sensores. El equipo investigador subraya que, al carecer de cifrado y mecanismos de autenticación, el TPMS continúa siendo vulnerable a la llamada “vigilancia pasiva”, es decir, a la captación silenciosa de señales sin interacción con el vehículo.

El estudio concluye que el problema no reside en la función de seguridad del sistema, clave para prevenir accidentes derivados de neumáticos desinflados, sino en el diseño de sus comunicaciones inalámbricas. La ausencia de medidas básicas de protección convierte un componente pensado para salvar vidas en una potencial herramienta de seguimiento masivo.