En 1978, mucho antes de que Tesla revolucionara la industria del automóvil eléctrico, la firma estadounidense Globe Union, por aquel entonces uno de los mayores proveedores de baterías para Ford y otros fabricantes, presentó un prototipo que hoy se lee como un anticipo conceptual de los coches eléctricos modernos.
Tras el endurecimiento de la crisis del petróleo a raíz del embargo árabe de 1973, el sector automotriz empezó a explorar alternativas al motor de combustión tradicionales. En ese contexto Globe-Union encargó al ingeniero Bob McKee el desarrollo de dos vehículos eléctricos: el Endura y el Maxima.

Los ‘Tesla’ de hace casi 50 años
El Globe Union Endura nació como una demostración de lo que era técnicamente viable con la tecnología disponible en la época, no como un plan comercial maduro. El diseño integraba una batería de plomo-ácido, la tecnología dominante en aquellos años, lejos de las químicas de litio que hoy permiten autonomías de cientos de kilómetros, en un chasis con un ‘túnel central’, inspirado en soluciones avanzadas de vehículos deportivos de la era.
El tren motriz estaba compuesto por un motor eléctrico de 14,7 kW / 20 CV suministrado por General Electric. Con ese propulsor, el Endura podía superar los 100 km/h en punta, aunque se recomendaba no pasar de 56 km/h para obtener una autonomía real de unos 160 km, cifras modestas comparadas con las de un Tesla Model 3 o un Tesla Model Y actuales, que rondan 400–500 km por carga.
La carrocería de fibra de vidrio y un peso total de 1.450 kg (580 kg en baterías) le daban un aspecto poco ortodoxo para la época. El diseño incluso permitía convertir el sedán en pickup mediante la sustitución de un panel trasero, un detalle que mostraba ambición de flexibilidad de uso.
En el interior, el Endura contó con elementos que parecían adelantados a su tiempo, como un tablero con pantalla de LED y microconmutadores, algo raro en la industria automovilística de finales de los años setenta.

A pesar del avance técnico, la realidad del mercado y la economía impidieron que el proyecto prosperara. Solo se completaron tres ejemplares, dos para Globe-Union y uno para McKee. No surgieron inversores interesados en un coche eléctrico cuando la crisis del petróleo remitía y la gasolina volvía a precios más bajos, y tampoco existía una demanda social o normativa fuerte a favor del cero emisiones como la que impulsa el mercado actual.
En 1980 se mostró el Maxima, basado en una carrocería Ford Fairmont Wagon y con el mismo tren motriz, pero este segundo prototipo tampoco desembocó en producción.
La historia del Globe Union Endura encaja en una de las fases intermedias de la evolución de los vehículos eléctricos. Desde los primeros automóviles eléctricos de finales del siglo XIX hasta la actual ola de electrificación que lideran Tesla, Volkswagen, Renault, BMW o BYD, el sector ha pasado por sucesivas etapas de innovación, retroceso y recuperación.
Modelos como el GM EV1 de los años 90 también se adelantaron a su tiempo en concepto de cero emisiones, aunque han sido los éxitos comerciales de coches como el Nissan Leaf (200 km de autonomía desde 2010) y el Tesla Model 3 (más de 400 km y millones de unidades vendidas) los que han consolidado la movilidad eléctrica en la industria global.

El Endura de Globe-Union, por tanto, representa un hito olvidado: uno de los primeros vehículos en pensar la movilidad eléctrica con soluciones estructurales similares a las de hoy, con baterías integradas en la plataforma y orientación al uso diario, pero condenado por el contexto económico, tecnológico y cultural de su tiempo a no convertirse en un coche de producción.
Las innovaciones no solo dependen de la ingeniería, sino también de condiciones de mercado y políticas que acompañen el cambio de paradigma. El Endura no fue un Tesla, pero adelantó algunas ideas que ahora son parte del estándar de los vehículos eléctricos del siglo XXI.