El vicepresidente europeo Stephane Séjourné aplaude la producción local de este barato coche eléctrico

El modelo deja atrás China y empieza a fabricarse en Eslovenia, por lo que Bruselas lo señala como ejemplo del “Made in Europe”.

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Para Séjourné es todo un éxito que el nuevo Dacia Spring abandone la producción china y se instale en Europa.
05/10/2026 13:30
Actualizado a 05/10/2026 13:30
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El nuevo Dacia Spring cambia de continente para su segunda generación: deja atrás la producción en China y pasa a fabricarse en Novo Mesto, Eslovenia. La Comisión Europea ha convertido el movimiento en ejemplo de la estrategia industrial que quiere impulsar para el coche eléctrico asequible, vinculando cada vez más ayudas y políticas públicas con producción y empleo europeos. El Dacia Spring llega, además, completamente renovado, con toda la gama a precio contenido.

Ese traslado resume bastante bien uno de los grandes cambios que está viviendo la industria europea. Durante años, fabricar coches eléctricos pequeños y baratos en China resultaba económicamente atractivo. Ahora Bruselas quiere que una parte creciente de ese valor industrial vuelva al continente.

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Bruselas pone al Dacia Spring como ejemplo de lo que hay que hacer.

Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Estrategia Industrial de la Comisión Europea, celebró precisamente la llegada del Dacia Spring a Eslovenia durante una visita a la fábrica de Novo Mesto, donde también se producen otros eléctricos del Grupo Renault.

Su mensaje fue claro: el siguiente paso debería ser aumentar también el contenido europeo de los componentes.

Un eléctrico de menos de 20.000 euros fabricado en Europa

La decisión resulta especialmente significativa porque afecta a uno de los coches eléctricos más baratos del mercado.

La segunda generación del Dacia Spring estrena la nueva plataforma RG-EV Small y cambia prácticamente todo respecto a su predecesor. Utiliza una batería de 27,5 kWh, ofrece hasta 250 kilómetros de autonomía según protocolo WLTP y toda su gama se mantiene por debajo de los 20.000 euros antes de aplicar posibles ayudas públicas.

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Séjourné pide un esfuerzo extra a los fabricantes de coches.

Dacia asegura además que más de 210.000 clientes han elegido el Dacia Spring desde su lanzamiento en 2021 en más de 40 países.

La producción europea sirve así para desmontar parcialmente una de las grandes dudas de la industria: si es posible fabricar en el continente un eléctrico urbano con un precio muy contenido.

Bruselas quiere que las ayudas creen también fábricas

El movimiento llega además en pleno debate sobre el Industrial Accelerator Act, con el que la Comisión Europea pretende reforzar la fabricación local en sectores considerados estratégicos.

La filosofía es sencilla: si Europa utiliza dinero público para acelerar la transición hacia el coche eléctrico, una parte mayor de ese gasto debería terminar apoyando fábricas, proveedores y empleo europeos, en lugar de limitarse a subvencionar productos importados.

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El ajustado precio es uno de los grandes argumentos del nuevo Spring de Dacia.

No obstante, el planteamiento genera debate dentro del propio sector. ACEA ha pedido que los futuros requisitos de contenido local sean suficientemente flexibles, especialmente porque Europa todavía depende del exterior para numerosas piezas de la cadena del vehículo eléctrico, desde baterías hasta determinados materiales.

Fabricar en Europa ya no significa hacerlo todo en Europa

Y ahí está la siguiente batalla.

Trasladar el ensamblaje final del Dacia Spring desde China hasta Eslovenia es un paso industrial importante, pero no convierte automáticamente en europeos todos sus componentes.

Precisamente por eso Séjourné habló de una siguiente fase centrada en los proveedores.

La situación resume el reto que afronta Europa: no basta con atraer las líneas de montaje si baterías, electrónica o materiales esenciales siguen dependiendo mayoritariamente de Asia.

El Dacia Spring se convierte así en algo más que un pequeño eléctrico de 250 kilómetros de autonomía. Es también un ejemplo de lo que Bruselas quiere conseguir: demostrar que Europa puede fabricar coches eléctricos asequibles y, después, intentar que una parte cada vez mayor de su valor añadido se quede también dentro del continente.