Europa quiere construir una gran red de hidrógeno y reutilizar parte de las actuales tuberías de gas natural, pero existe un problema técnico que obliga a revisar cuidadosamente esa infraestructura: la fragilización por hidrógeno. Bajo determinadas condiciones, el hidrógeno puede penetrar en ciertos metales y deteriorar algunas de sus propiedades mecánicas, reduciendo su ductilidad y favoreciendo la aparición o propagación de grietas. No significa que transportar hidrógeno por tubería sea inviable, sino que aceros, soldaduras, válvulas, depósitos y otros componentes deben ser específicamente evaluados para trabajar con este gas.
El problema tiene suficiente importancia como para protagonizar este mes de octubre en Francia el encuentro técnico Hydrogène 2026, organizado por A3TS y dedicado precisamente a los desafíos que plantea el hidrógeno para los materiales metálicos.

Más de veinte conferencias reunen a especialistas académicos e industriales para estudiar durabilidad, fragilización, corrosión y posibles tratamientos capaces de mejorar la compatibilidad de los materiales.
Qué significa realmente que el hidrógeno vuelva frágil un metal
La denominada hydrogen embrittlement o fragilización por hidrógeno no significa que una tubería vaya a romperse simplemente por contener H2 (hidrógeno).
El fenómeno es bastante más complejo. El hidrógeno puede disociarse y, en forma atómica, difundirse dentro de determinados metales. Allí puede interactuar con su microestructura y reducir su capacidad para deformarse antes de romperse.
El resultado puede ser una pérdida de ductilidad, reducción de la tenacidad a fractura y aceleración del crecimiento de grietas por fatiga.

Además, no todos los aceros responden igual. Influyen la composición del material, su microestructura, las soldaduras, la presión del gas, las tensiones mecánicas y los ciclos de utilización.
Precisamente por eso reutilizar una tubería existente requiere bastante más que cambiar el gas que circula por ella.
Europa quiere aprovechar los gasoductos que ya existen
Esta cuestión adquiere especial importancia porque una parte de la futura red europea de hidrógeno podría construirse reutilizando infraestructura actualmente empleada para transportar gas natural.
La propia Comisión Europea contempla esta posibilidad como una forma de reducir costes y acelerar el despliegue de la nueva red.

Algunos proyectos ya prevén convertir cientos de kilómetros de gasoductos existentes para transportar hidrógeno puro, sustituyendo o adaptando determinados componentes cuando sea necesario.
Eso evita tener que construir cada kilómetro desde cero, pero obliga primero a determinar qué tuberías pueden seguir utilizándose con seguridad.
El problema se puede controlar, pero hay que diseñar pensando en este
Existen además resultados que muestran que determinados aceros empleados en gasoductos pueden funcionar con hidrógeno si se evalúan correctamente.
Ensayos del NIST estadounidense con acero X70 detectaron una reducción de la tenacidad a fractura bajo hidrógeno, aunque el comportamiento del material analizado permaneció dentro de los límites aceptables para ese servicio.
La conclusión, por tanto, no es que las tuberías metálicas sean incompatibles con el hidrógeno.
Es casi la contraria: el hidrógeno puede transportarse por tubería, pero no se puede asumir que cualquier tubería, soldadura o válvula diseñada para gas natural servirá automáticamente.
Y ese detalle será fundamental si Europa quiere convertir kilómetros de su actual red gasista en una de las grandes autopistas energéticas del hidrógeno.