Cada vez hay más coches eléctricos circulando por las carreteras y, con ello, también aumenta el número de reparaciones que llegan a los talleres especializados. Durante años se ha extendido la idea de que cualquier golpe en uno de estos vehículos supone automáticamente una factura desorbitada por culpa de la batería. Sin embargo, un nuevo estudio pone cifras reales sobre la mesa y demuestra que la realidad es bastante más compleja.
El informe realizado en Reino Unido analiza miles de reparaciones realizadas en vehículos eléctricos e híbridos enchufables. Su principal conclusión es que, aunque las intervenciones suelen ser ligeramente más caras que en un coche de combustión, la batería rara vez es el elemento que dispara el coste de la reparación. En la mayoría de los casos, las mayores diferencias económicas vienen provocadas por otros componentes tecnológicos.

Unas reparaciones que van más allá de la temida batería
Al buscar un vehículo de segunda mano, el cliente suele buscar los datos explícitos sobre la salud de la batería. Esto es algo normal, ya que este sigue siendo el componente más caro de reemplazar en un coche eléctrico. Sin embargo, el informe confirma que la batería es, en muy pocas ocasiones, el elemento a sustituir. Más bien, la preocupación de los usuarios debería venir por otros puntos que, a priori, son más asequibles, pero que igualmente pueden ser notablemente caros.
Desde la publicación aseguran que, en gran medida, los fallos que sufren los usuarios de un coche eléctrico suelen ser muy próximos a los que también viven los que conducen uno de gasolina. El más común sigue siendo el fallo eléctrico, el desgaste de las suspensiones o incluso el reemplazo de la batería de 12 voltios. Estos son los más comunes, muy por encima de la sustitución de la batería de alto voltaje.
Los posibles fallos en un coche eléctrico pueden ser caros, como en uno de gasolina
Las averías más comunes incluyen el cambio de los sensores o los sistemas de cierre centralizados. Estas reparaciones, según el estudio, oscilaron en torno a los 900 libras esterlinas (unos 1.055 euros al cambio actual). Dependiendo del modelo y la intensidad de este fallo, la factura ha llegado a alcanzar las 4.000 libras esterlinas (4.690 euros) en el peor de los casos.

A este fallo le sigue también los componentes de la suspensión. El coste medio de este se disparó hasta las 1.200 libras esterlinas de media (1.405 euros), aunque el registro más alto del informe apunta hasta las 4.100 libras esterlinas (4.805 euros). Este hecho es clave, ya que demuestra que las averías más comunes en un coche de combustión también están presentes en los eléctricos, ya que los componentes generales (salvo el mecánico puro) tienden a ser idénticos entre sí.
En el ‘top 5’ de averías más frecuentes en un coche eléctrico sólo hubo una específica de esta mecánica, y es el cargador integrado. Su coste promedio de reparación se situó en 2.160 libras esterlinas (2.530 euros); el caso más caro alcanzó las 10.455 libras esterlinas (12.255 euros). Esto demuestra también que un fallo menos conocido por la mayoría de usuarios puede llegar a ser notablemente caro.
Especialistas cada vez más enfocados en este tipo de mecánicas
Otro dato llamativo del estudio es que las operaciones de reparación también requieren más tiempo. Antes de comenzar cualquier intervención, los talleres deben verificar el estado del sistema de alto voltaje y asegurarse de que la batería no ha sufrido daños estructurales, incluso aunque el impacto parezca leve desde el exterior.
En paralelo, el estudio de Warrantywise destaca que cada vez más talleres están adaptándose a este tipo de vehículos, formando técnicos especializados e incorporando nuevas herramientas para trabajar con sistemas de alto voltaje. Esto debería contribuir a mejorar los tiempos de reparación y aumentar la disponibilidad de centros preparados para atender coches eléctricos.