Los primeros coches eléctricos que llegaron al mercado hace más de una década están empezando a generar una oportunidad de negocio que hasta ahora apenas tenía protagonismo. Sus baterías, incluso cuando los vehículos dejan de circular, pueden conservar un valor económico importante. Y todo apunta a que su compraventa, reutilización y reciclaje se convertirán en una actividad cada vez más relevante para la industria del automóvil.
Así lo considera Felix Wagner, CEO y cofundador de Circunomics, una empresa alemana especializada en la gestión del ciclo de vida de las baterías. En declaraciones a Automotive News, el directivo asegura que el mercado de baterías usadas de coches eléctricos podría representar entre el 10 y el 20% del mercado total de baterías para estos vehículos durante los próximos 5 años. Una previsión que anticipa un cambio importante en la forma de gestionar uno de los componentes más valiosos de un automóvil eléctrico.

Las baterías de los primeros Nissan LEAF y Renault ZOE abren un nuevo mercado
El origen de este negocio está en el envejecimiento de la primera generación de coches eléctricos producidos a gran escala. Modelos como el Nissan LEAF y el Renault ZOE llevan años circulando por las carreteras europeas y algunas de sus primeras unidades ya se acercan a los 15 años de antigüedad. A medida que estos vehículos llegan al final de su vida útil o superan el periodo de garantía de sus baterías, aumenta la cantidad de componentes disponibles para su reutilización.
Wagner considera que este fenómeno está permitiendo que una actividad hasta ahora minoritaria comience a adquirir una dimensión comercial mucho mayor. "El mercado de recambios de baterías para vehículos eléctricos está empezando por fin a despegar", asegura el responsable de Circunomics. Sus previsiones apuntan a que, entre 2030 y 2032, una cantidad creciente de baterías usadas llegará al mercado independiente, donde podrán ser adquiridas por talleres, empresas especializadas y otros operadores.
Sin embargo, no todas las baterías tendrán el mismo destino, ya que su estado de conservación, características técnicas y posibilidades de reutilización determinarán si pueden seguir utilizándose en vehículos, convertirse en sistemas de almacenamiento energético o terminar directamente en instalaciones de reciclaje.

Hasta el 60% de las baterías reutilizables podría destinarse a almacenar electricidad
Según las estimaciones de Wagner, entre el 50 y el 60% de las baterías aptas para una segunda vida podría aprovecharse en sistemas estacionarios de almacenamiento de energía. Estas instalaciones permiten acumular electricidad para utilizarla posteriormente, una aplicación especialmente interesante para integrar fuentes renovables. Por otro lado, aproximadamente un 30% de las baterías usadas se destinaría directamente al reciclaje, mientras que el resto podría encontrar una segunda oportunidad dentro del propio sector del automóvil.
Uno de los principales obstáculos es la enorme diversidad de baterías disponibles. "Un taller desmonta un Tesla por la mañana, un Renault por la tarde y quizá otra marca al día siguiente", explica Wagner. Esta variedad dificulta su utilización en grandes instalaciones de almacenamiento, cuyos operadores necesitan cantidades importantes de módulos idénticos y con características similares. De hecho, también señala que estas empresas pueden necesitar suministros anuales de 10, 50 o incluso 100 MWh de un mismo tipo de módulo. Una uniformidad que el mercado independiente difícilmente puede garantizar, pero que abre oportunidades para otros usos y para la comercialización de recambios.
Los fabricantes acumulan baterías sin utilizar que cuestan cientos de millones de euros
El crecimiento de este mercado no depende únicamente de los coches eléctricos antiguos. Wagner advierte de que numerosos fabricantes también acumulan baterías nuevas en sus almacenes porque contrataron o adquirieron más capacidad de la que finalmente necesitaban. El problema es que estos componentes se degradan con el paso del tiempo, aunque permanezcan almacenados.

Según Wagner, esta situación está provocando costes de cientos de millones de euros para el conjunto de la industria. Además, el mercado de baterías continúa condicionado por un exceso de oferta. Los fabricantes chinos están ampliando su capacidad productiva a un ritmo superior al crecimiento de la demanda, lo que contribuye a reducir los precios por kWh y aumenta la presión sobre los productores.
En este contexto, Circunomics considera que gestionar adecuadamente las baterías usadas y los excedentes de producción puede convertirse en una nueva fuente de ingresos. El objetivo no es únicamente recuperar materiales valiosos, sino aprovechar componentes que todavía conservan capacidad de almacenamiento antes de enviarlos al reciclaje. Para los propietarios de coches eléctricos, el desarrollo de este mercado también podría tener consecuencias positivas a largo plazo. Una mayor disponibilidad de baterías y módulos reutilizados permitiría ampliar las opciones de reparación de vehículos antiguos, aunque su viabilidad económica dependerá del estado, la compatibilidad y el precio de cada componente.