Cuando se habla de las grandes multinacionales tecnológicas, la imagen habitual es la de un equipo directivo centrado en los mercados financieros, en hojas de cálculo y en decisiones estratégicas de alto nivel. Pero en BYD, el fabricante chino de vehículos eléctricos que ha desbancado a Tesla como líder mundial en ventas, el foco está en algo aparentemente mucho más clásico: la ciencia básica.
El fundador, presidente y consejero delegado de la empresa, Wang Chuanfu, no encaja con los estereotipos habituales de un CEO multimillonario. Nacido en 1966 en Wuwei, provincia de Anhui, y graduado en química física metalúrgica con un posgrado especializado, Wang ha construido una cultura corporativa donde los principios de la física y la química no son materia de manual, sino herramientas de trabajo diarias.

Un jefe diferente
Mientras otros directivos podrían priorizar reuniones de estrategia o rondas de prensa, Wang pasa largos periodos en salas técnicas con equipos de ingenieros, explicando reacciones electroquímicas, mecanismos internos de baterías y principios fundamentales de diseño.
Así lo ha relatado Li Yunfei, jefe de relaciones públicas de BYD, en entrevistas recientes: “Wang no va a hablar de márgenes o marketing, va a dar clase”, ha dicho.
Este enfoque, enraizado en lo que se conoce como análisis desde primeros principios, comparte ciertos paralelismos con el estilo de otros directivos de alto perfil tecnológico. Pero en BYD ha calado de forma profunda, influyendo en cómo se desarrollan productos, se planifican redes de infraestructura y se toman decisiones clave.
Los resultados hablan por sí solos: en 2025, BYD alcanzó ventas mundiales que superaron claramente a las de Tesla. Según datos operativos, el fabricante chino vendió 2,25 millones de vehículos eléctricos en 2025, lo que representa un incremento del 28 % respecto a 2024.
En el último trimestre del año, BYD comercializó 414.784 vehículos, prácticamente igualando las entregas trimestrales de Tesla, que sumaron alrededor de 406.585 unidades de Model 3 y Model Y en el mismo periodo.
No sólo es una cuestión de volumen. En 2024, BYD ya había vendido 4,27 millones de vehículos enchufables (eléctricos e híbridos), más que cualquier otro fabricante del mundo, y su ritmo de expansión parece acelerarse.
Esta posición dominante no ha sido gratuita. BYD ha apostado por tecnologías que en su momento fueron consideradas arriesgadas o poco convencionales, como las baterías LFP (litio-ferrofosfato), una química asociada a mayor estabilidad térmica y menor coste, o los sistemas híbridos enchufables DM-i. Hoy, esos enfoques que inicialmente generaron escepticismo son tecnologías estándar en múltiples segmentos del mercado.

Del laboratorio al mercado
Esa atención obsesiva por la ingeniería refleja la filosofía de Wang: “Si dejamos de innovar, eventualmente no tendrán nada que copiar”, es una de sus frases más citadas por personas cercanas a la empresa. Su prioridad no es la imitación de tendencias, sino la creación de soluciones desde la base científica que las sostenga.
Ese planteamiento ha moldeado no sólo el desarrollo de productos, sino también cómo BYD se posiciona ante retos estructurales de la industria. Por ejemplo, a la hora de planificar su red de carga rápida ultrarrápida, Wang no pregunta primero por el precio, sino por la capacidad real que la infraestructura eléctrica puede soportar, evaluando límites basados en las leyes de la física y la química, no en estimaciones económicas aisladas.
La marca china ha demostrado que una cultura centrada en fundamentos científicos y en una comprensión profunda de tecnologías clave puede traducirse en liderazgo global. Hoy, BYD no es sólo un fabricante de coches eléctricos; es un ejemplo de cómo la ingeniería y la innovación pueden redefinir mercados enteros. Y detrás de esa transformación está un CEO que, en lugar de gráficos financieros, elige pizarras, ecuaciones y debates técnicos con sus equipos.