El Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un nuevo programa de ayudas destinado a acelerar la electrificación de las motos en la ciudad. A partir de marzo, los conductores que entreguen su ciclomotor de combustión para desguace y adquieran uno eléctrico podrán recibir una subvención directa de 600 euros.
La iniciativa forma parte de un plan municipal dotado con 15 millones de euros para los próximos cuatro años, con el que el consistorio pretende reducir las emisiones del parque de motos y avanzar hacia un modelo de movilidad más sostenible. El alcalde de la ciudad, Jaume Collboni, ha defendido la medida como una forma de combinar dos rasgos característicos de la capital catalana: su fuerte cultura de la moto y su apuesta por la electrificación del transporte urbano.
Objetivo: ciclomotores 100% eléctricos en 2030

Barcelona es una de las ciudades europeas con mayor número de motos por habitante. Actualmente cuenta con más de 270.000 motos, lo que representa cerca de cuatro de cada diez vehículos motorizados privados que circulan por la ciudad.
En el caso concreto de los ciclomotores de hasta 50 centímetros cúbicos, el censo municipal registra 32.000 unidades, aunque se estima que unas 18.000 están realmente en circulación. De ellas, alrededor de 8.000 ya son eléctricas, mientras que 24.000 siguen funcionando con motores de combustión. Según los datos del consistorio, estos ciclomotores tradicionales generan unas 3.000 toneladas de CO2 al año. Por ello, el gobierno municipal se ha fijado metas ambiciosas: alcanzar un 50% de ciclomotores eléctricos a corto plazo y llegar al 100% en 2030.
La ayuda de 600 euros busca acelerar esa transición, especialmente entre los usuarios jóvenes, que suelen utilizar vehículos de menor cilindrada y que a menudo encuentran más dificultades económicas para cambiar de moto.
Requisitos para recibir la ayuda

El programa municipal establece tres condiciones básicas para poder acceder a la subvención. En primer lugar, el solicitante debe estar empadronado en Barcelona. Además, deberá presentar un justificante de desguace de su ciclomotor antiguo y la factura de compra del nuevo ciclomotor eléctrico de categoría L1e.
Según el Ayuntamiento, los 600 euros de ayuda pueden cubrir entre el 16% y el 40% del precio de un ciclomotor eléctrico, dependiendo del modelo elegido. Tanto particulares como empresas con sede en la ciudad podrán solicitar la subvención para renovar su flota de motos. En el escenario más optimista, el consistorio calcula que el programa podría contribuir a renovar hasta 20.000 motocicletas en los próximos años.
Impulso a la infraestructura de baterías intercambiables
El plan municipal no se limita a incentivar la compra de vehículos eléctricos. También contempla el desarrollo de nuevas infraestructuras para facilitar su uso diario. El Ayuntamiento invertirá tres millones de euros adicionales para impulsar una red de puntos de intercambio de baterías para ciclomotores eléctricos, un sistema que permite sustituir la batería descargada por otra completamente cargada en cuestión de minutos.
Las empresas interesadas podrán recibir subvenciones de hasta 45.000 euros, que cubrirán hasta el 60% del coste de instalación de estos puntos, siempre que el servicio permanezca abierto al público durante al menos cuatro años. El objetivo es crear 64 nuevas estaciones de intercambio de baterías repartidas por la ciudad.
Parte del Plan Clima de Barcelona
Estas medidas forman parte del Plan Clima municipal, una estrategia que contempla más de 1.800 millones de euros de inversión hasta 2030 para combatir el cambio climático y reducir las emisiones contaminantes. Barcelona no es la única ciudad con este tipo de ayudas a los ciclomotores eléctricos, excluidos del Plan Auto+ España, ya que en Madrid se puso en marcha una iniciativa similar mucho antes. La capital española permite recuperar hasta el 50% del importe de una moto homologada como L1e, hasta un máximo de ayuda de 700 euros.
Con este conjunto de actuaciones, el Ayuntamiento catalán espera evitar la emisión de más de un millón de toneladas de CO2 en los próximos cinco años, consolidando a Barcelona como una de las ciudades europeas más activas en la transición hacia la movilidad eléctrica.