Un camión eléctrico supera una ruta de 680 kilómetros con 27 toneladas de cobre y más de 2.500 metros de desnivel

Un proyecto entre Codelco y la marca china SANY ha puesto a prueba un camión eléctrico con carga real de cobre en 680 km por el desierto de Atacama, y ha sido un éxito.

Codelco Sany
La ruta se ha realizado en uno de los entornos más exigentes de Latinoamérica.
13/04/2026 12:00
Actualizado a 13/04/2026 12:00

La electrificación del transporte pesado sigue dando pasos exitosos. Un camión 100% eléctrico de SANY, fabricante chino que en breve desembarcará en Europa, ha completado 680 kilómetros de ida y vuelta entre la División Radomiro Tomic de Codelco y el Puerto Angamos, en el norte de Chile, con 27 toneladas de cobre a bordo. Una prueba en una cadena logística real y en uno de los entornos más exigentes de Latinoamérica.

El trayecto se ha hecho en pleno desierto de Atacama, con temperaturas extremas y pendientes severas. Codelco y SANY no han planteado el ensayo como una simple acción de imagen, sino como parte de un piloto orientado a medir si la electromovilidad pesada puede empezar a quitar espacio al diésel en rutas mineras estratégicas.

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Durante los 680 kilómetros, el camión eléctrico cargó 27 toneladas de cobre.

Una prueba real en una ruta que no perdona

Según Codelco, el recorrido realizado en el norte del país está entre los más extensos de este tipo en Latinoamérica y combina una carga útil comparable a la del transporte tradicional con una ruta larga, dura y con una pendiente acumulada superior a los 2.500 metros. Es decir, justo el tipo de escenario en el que la tecnología eléctrica todavía tiene que demostrar que no solo funciona, sino que puede ser competitiva.

La compañía chilena ha vinculado este ensayo a un Memorándum de Entendimiento firmado con SANY para seguir haciendo pruebas de camiones eléctricos en condiciones reales y con posibilidades de escalado a otras divisiones. Por tanto, no se trata solo de un viaje puntual bien resuelto, sino de un paso dentro de una estrategia más amplia para transformar la logística minera de bajas emisiones.

Mauricio Acuña, vicepresidente de Abastecimiento de Codelco, ha sido bastante claro al valorar los primeros resultados. La empresa sostiene que la electromovilidad pesada ya es una “alternativa técnicamente viable” para rutas estratégicas del país y presenta esta operación como una oportunidad para ser pionera en la región con un camión eléctrico en un trayecto largo y con fuerte desnivel acumulado.

Codelco explica que lo que quiere evaluar es el desempeño operacional y energético del vehículo, además de toda la logística e infraestructura que exige esta clase de solución. En otras palabras, el verdadero examen no era solo mover el camión, sino comprobar si un esquema de transporte eléctrico puede empezar a encajar en una operación minera donde los tiempos, la carga y la continuidad son críticos.

SANY también ha aprovechado el ensayo para reforzar su mensaje. Cao Te, vicepresidente del grupo y presidente de su división latinoamericana, vinculó la prueba con una reducción de costes operativos y con la necesidad de avanzar en descarbonización en un contexto de precios elevados del petróleo. La compañía añadió además otros beneficios observados en este piloto, como una mayor estabilidad del coste energético y una reducción de ruido y emisiones.

Por otro lado, Codelco no presentó la operación como una aventura aislada de fabricante y cliente, sino como un esfuerzo coordinado con transportistas, proveedores tecnológicos, empresas de energía, reguladores y actores logísticos. En la iniciativa participaron, además de Radomiro Tomic y SANY, la empresa Transportes Géminis, Puerto Angamos y el Ministerio de Obras Públicas. Eso sugiere que el reto no era solo del camión, sino de todo el ecosistema que debe sostenerlo.

Durante años, estas tecnologías han parecido más cómodas en reparto urbano o en trayectos cortos y previsibles. Lo de Chile abre otra ventana. No demuestra todavía que el diésel esté acabado en minería, pero sí que las baterías empiezan a asomarse a uno de los usos más duros y menos indulgentes del transporte pesado. Y cuando eso ocurre en una ruta minera del Atacama con 27 toneladas de cobre, la historia deja de ser pequeña