El tamaño de los coches nuevos no ha dejado de crecer en Europa durante las últimas dos décadas y, aunque pudiera parecer algo sin importancia, la realidad es que esa tendencia podría tener consecuencias muy relevantes para la seguridad vial, el espacio urbano y el consumo de recursos si continúa al mismo ritmo. Así lo advierte un reciente estudio elaborado por las organizaciones Transport & Environment (T&E) y Clean Cities, que plantea que la evolución del mercado se encuentra en un punto de inflexión: mantener la actual tendencia hacia vehículos cada vez más grandes o apostar por modelos de dimensiones más contenidas.
Los datos analizados muestran que, desde el año 2000, los automóviles comercializados en Europa han aumentado de tamaño de forma constante. De media, cada nuevo modelo es 1,2 centímetros más largo cada año, mientras que su altura crece alrededor de medio centímetro anual. A ello se suma el incremento progresivo de la anchura y de la altura del capó, una evolución impulsada en gran medida por la creciente popularidad de los SUV y de vehículos de segmentos superiores. Paradójicamente, este fenómeno se produce en un contexto en el que el tamaño medio de las familias y la ocupación de los automóviles han disminuido, por lo que cada vez circulan coches más grandes para transportar, de media, a menos personas.

Dos escenarios posibles
El informe compara dos escenarios posibles para el periodo comprendido entre 2026 y 2040. El primero contempla que el crecimiento de las dimensiones de los vehículos continúe al ritmo actual. El segundo plantea una estrategia de “redimensionamiento”, basada en recuperar progresivamente tamaños similares a los que predominaban entre 2010 y 2015 mediante incentivos a los modelos compactos y un menor protagonismo de los SUV. La comparación entre ambos escenarios permite cuantificar el impacto que tendría cada uno sobre distintos aspectos de la movilidad.
Uno de los efectos más visibles sería la pérdida de espacio en las ciudades, porque a medida que los coches son más largos y anchos, disminuye el número de vehículos que puede estacionarse en una misma calle. Según las estimaciones del estudio, si no cambia la tendencia actual, las ciudades europeas podrían perder entre un 8,5 % y un 14 % de sus plazas de aparcamiento antes de 2040. En algunos grandes núcleos urbanos, esto supondría decenas de miles de plazas menos disponibles sin necesidad de modificar el trazado de las calles, simplemente porque los vehículos ocupan más espacio.
Peores accidentes y un mayor consumo energético
La seguridad vial constituye otro de los principales motivos de preocupación, algo que se debe a que los vehículos de mayor tamaño, especialmente aquellos con capós más altos, incrementan la gravedad de los atropellos sobre peatones, ciclistas y otros usuarios vulnerables de la vía. Un frontal elevado tiende a golpear zonas más sensibles del cuerpo y aumenta la probabilidad de lesiones mortales en comparación con automóviles de diseño más bajo. De mantenerse la evolución actual, el estudio calcula que en 2040 podrían producirse alrededor de 400 fallecimientos adicionales cada año entre usuarios vulnerables respecto al escenario de vehículos de menor tamaño. El impacto sería especialmente acusado entre los niños, cuya vulnerabilidad frente a este tipo de vehículos es mayor.

El crecimiento de las dimensiones también tiene, como cabría esperar, consecuencias energéticas. Aunque la electrificación del parque automovilístico continúa avanzando, un vehículo más grande necesita más materiales para fabricarse y más energía para desplazarse. Según las proyecciones del informe, si el tamaño medio de los coches sigue aumentando, en 2040 será necesario generar 22,5 teravatios hora adicionales de electricidad al año para alimentar el parque de vehículos eléctricos en comparación con un escenario de automóviles más compactos. Esa diferencia equivale aproximadamente a la producción anual de unas 1.500 turbinas eólicas terrestres de gran potencia y supondría un incremento significativo en los costes de recarga para los hogares.
La situación también tendría efectos sobre los automóviles con motor de combustión, que seguirán representando una parte importante del parque móvil durante los próximos años. Coches más grandes implican un mayor consumo de combustible y, por tanto, una mayor dependencia de las importaciones de petróleo, además de un aumento de las emisiones asociadas a su utilización.
Ante este panorama, para frenar el crecimiento continuo del tamaño de los automóviles, el informe propone varias medidas regulatorias. Entre ellas figura establecer un límite de 85 centímetros para la altura del capó y de 192 centímetros para la anchura máxima de los nuevos vehículos, que los incentivos regulatorios y ambientales se dirijan exclusivamente a los coches eléctricos compactos, definidos como aquellos con una longitud inferior a 4,2 metros, y que tanto la fiscalidad como las tarifas de estacionamiento tengan en cuenta las dimensiones del vehículo.
