Hay veces en que la transición energética no depende de una batería más barata ni de un inversor más sofisticado, sino de algo tan antiguo como un rebaño. En Becker, Minnesota, una planta solar de 710 megavatios recurre a 2.000 ovejas y a un burro guardián para resolver un problema muy terrenal que amenazaba el rendimiento de la instalación.
La escena tiene sentido en cuanto uno mira el tamaño del complejo. Sherco Solar ocupa casi 5.000 acres de antiguas tierras de cultivo y despliega casi 1,7 millones de paneles solares con sistemas de seguimiento automático. Mantener limpio y estable un recinto así no es un detalle menor cuando cualquier sombra o incidencia en el suelo termina afectando a la producción eléctrica.
Cuando la vegetación creció, la planta perdió algo más que orden
Primero apareció una contradicción muy propia de este tipo de proyectos. La misma cubierta vegetal que puede ayudar a regenerar el terreno también empezó a dar problemas operativos cuando las plantas de la pradera proyectaban sombras sobre la fila inferior de paneles y provocaban apagados en los inversores.
No era el único frente abierto. Las malas hierbas retenían humedad alrededor de los postes de los paneles solares y aceleraban la aparición de roya. En una instalación de este tamaño, ese tipo de desgaste puede convertirse en una factura silenciosa que no siempre se ve en los anuncios de megavatios instalados.
Además, recurrir a cortacéspedes a gasolina chocaba con la propia lógica ambiental de la planta. El uso de esa maquinaria consumía combustibles fósiles y generaba polvo, pero también añadía riesgo de daños físicos a los paneles y al cableado. La pregunta era evidente. ¿Qué sentido tiene producir electricidad solar mientras el mantenimiento depende de equipos que queman carburante dentro del propio recinto?
Las ovejas reducen combustibles y evitan herbicidas donde el agua importa
Ahí entra una solución que combina ahorro energético, protección del suelo y menos impacto local. Los responsables de Sherco Solar contrataron a 2.000 ovejas y un burro guardián para controlar la vegetación sin usar maquinaria ni herbicidas.
La decisión no respondía solo a una imagen amable del proyecto. Las normas locales de protección del agua descartaban el uso de herbicidas químicos, de modo que la gestión de la cubierta vegetal debía encontrar otro camino. El control del terreno quedó en manos de un rebaño y no de productos químicos, una elección que encaja mejor con una planta levantada para generar electricidad sin emisiones en uso.
Según informó Fresh Energy, los administradores de las instalaciones llevaron ovejas con corderos para controlar el crecimiento de la vegetación y proteger al rebaño de depredadores. El burro guardián completa esa función de vigilancia en un recinto donde el problema no era solo cortar hierba, sino hacerlo con continuidad y sin añadir nuevos impactos.
La energía solar también necesita cuidar el suelo que pisa
Mientras la planta buscaba estabilidad operativa, equipos medioambientales plantaron 35 especies autóctonas de pastos y flores silvestres en el terreno. No es un dato ornamental. En una antigua superficie agrícola convertida en infraestructura energética, la calidad de la cubierta vegetal influye a la vez en la biodiversidad, en la gestión del agua y en el mantenimiento de los equipos.
Dicho de otra forma, la electricidad limpia no depende únicamente de los paneles. Depende de cómo convive la instalación con el terreno bajo sus estructuras, de cuánta humedad queda retenida junto a los postes y de si la vegetación ayuda o perjudica a la operación diaria.
Con casi 1,7 millones de paneles sobre casi 5.000 acres, cualquier solución de mantenimiento multiplica sus efectos.
Las sombras sobre la fila inferior llegaron a apagar inversores, y las malas hierbas aceleraban la roya alrededor de los postes. Por eso, en Sherco Solar, la diferencia entre una planta que produce bien y otra que arrastra incidencias pasa hoy por 2.000 ovejas, un burro guardián y 35 especies autóctonas creciendo donde antes había tierras de cultivo.