Andreu Villagrasa (36 años) y arquitecto técnico: “La aerotermia puede reducir un 67% el gasto energético de climatización frente a sistemas convencionales, un ahorro de unos 300 a 400 € anuales”

La aerotermia puede recortar hasta un 67% el gasto en climatización, pero instalarla no basta. El arquitecto técnico Andreu Villagrasa explica cómo ahorrar entre 300 y 400 euros al año y qué errores pueden disparar el consumo.

Andreu Villagrasa (36 años) y arquitecto técnico: “La aerotermia puede reducir un 67% el gasto energético de climatización frente a sistemas convencionales, un ahorro de unos 300 a 400 € anuales”
Andreu Villagrasa (36 años) y arquitecto técnico: “La aerotermia puede reducir un 67% el gasto energético de climatización frente a sistemas convencionales, un ahorro de unos 300 a 400 € anuales”
10/08/2026 07:15
Actualizado a 10/08/2026 07:15
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Calentar y enfriar una casa sin disparar la factura sigue siendo una de las grandes obsesiones domésticas en plena electrificación del consumo. Y hay un dato que ayuda a poner orden en ese debate. La aerotermia puede recortar un 67% la factura energética frente a un piso con climatización convencional cuando trabaja junto a una vivienda bien reformada.

Andreu Villagrasa, arquitecto técnico, diseñador arquitectónico y especialista en arquitectura estratégica sostenible, lo resume de forma directa.

"Si quieres ahorrar 300 a 400 euros en climatización al año, pon aerotermia en casa" - Andreu Villagrasa, arquitecto técnico

La cifra no sale de un aparato milagroso ni de una promesa despegada de la realidad. Sale de combinar la aerotermia con una reforma bajo el sistema de casa pasiva, que mejora el aislamiento térmico, refuerza la hermeticidad y añade ventilación con recuperación de calor. Dicho de otro modo, no basta con cambiar la máquina si la vivienda sigue perdiendo energía por la envolvente.

Cuando la vivienda gasta menos, la aerotermia trabaja con ventaja

En el caso de Villagrasa, el consumo total de la vivienda ronda los 2.500 kWh anuales y una media de 34 kWh al mes. Ese consumo equivale al 16% de la factura eléctrica total, una proporción que ayuda a entender por qué el ahorro anual puede situarse entre 300 y 400 euros.

Ahí aparece una lección que muchas veces queda fuera de la conversación comercial. La eficiencia no depende solo del equipo instalado, también del modo en que la casa retiene el calor en invierno y evita ganancias térmicas en verano. Si el edificio reduce sus pérdidas, cada kWh consumido rinde más.

Además, el plazo de amortización ya entra en una escala reconocible para muchas familias. La inversión inicial suele amortizarse entre 7 y 9 años cuando el uso es constante, un periodo que puede acortarse si la instalación suma paneles solares fotovoltaicos y aprovecha las subvenciones públicas ligadas a la transición energética.

Usarla como una bomba de potencia castiga el consumo y el bolsillo

Villagrasa recomienda una lógica de uso que choca con un hábito muy extendido. En lugar de encender el sistema a máxima potencia cuando llega un pico de frío o de calor, aconseja mantener caudales bajos y funcionamiento continuo. Tiene sentido. Una vivienda estable térmicamente necesita menos energía que otra sometida a arranques bruscos para corregir grandes desviaciones de temperatura.

Esa forma de uso también ayuda a aterrizar las temperaturas recomendadas. En invierno, el rango adecuado pasa por 20 y 21 grados. En verano, por 25 y 26 grados. Son cifras conocidas en eficiencia energética, pero a menudo cuesta asumirlas cuando todavía tratamos la climatización como si consistiera en forzar el equipo hasta recuperar confort cuanto antes.

La factura baja más rápido si el tejado también produce electricidad

Sumar fotovoltaica cambia la cuenta porque parte de la electricidad que necesita la aerotermia puede llegar del propio tejado. No hace falta inventar escenarios complejos para entenderlo. Si una vivienda ya ha reducido demanda con aislamiento, hermeticidad y ventilación con recuperación de calor, cada kWh solar autoconsumido mejora más la rentabilidad del sistema.

También pesan las ayudas públicas. Cuando existen subvenciones para electrificar la climatización y rebajar el consumo energético del edificio, el retorno económico deja de depender solo del precio de la instalación y del uso anual. El ahorro empieza antes y el golpe inicial para el bolsillo resulta más llevadero.

Al final, la contradicción más interesante no está en la tecnología, sino en nuestros hábitos. Mucha gente busca confort inmediato con picos de potencia, pero los números de Villagrasa apuntan a lo contrario. Mantener 20 y 21 grados en invierno y 25 y 26 en verano, con uso continuo y caudales bajos, encaja mejor con una vivienda que consume 2.500 kWh anuales y con un ahorro antes mencionado de 300 a 400 euros al año.

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