La gasolina y el diésel mantienen sus precios récord mientras el petróleo vuelve a pasar por el estrecho de Ormuz: ¿qué está pasando?

Aunque Ormuz se ha abierto a la circulación, las reservas agotadas, los petroleros más caros y la crisis de las refinerías mantienen la tensión energética.

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El tráfico de petroleros resulta clave para garantizar el suministro energético y contener los costes del crudo. Gemini
17/10/2026 19:00
Actualizado a 17/10/2026 19:00
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El petróleo vuelve a fluir en grandes cantidades por el estrecho de Ormuz, pero la recuperación del tráfico marítimo no está devolviendo la tranquilidad al mercado energético. El barril de Brent, referencia en Europa, ronda los 106-107 dólares, mientras que las dificultades para transportar el crudo, la caída de las reservas y los problemas de las refinerías mantienen elevados los costes de suministro.

La aparente contradicción tiene una explicación: que haya más petróleo disponible no significa que llegue con rapidez y a un precio competitivo a las refinerías que lo necesitan.

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El transporte marítimo de crudo sigue condicionado por la incertidumbre geopolítica y los riesgos de navegación en Oriente Próximo.

Ormuz recupera el tráfico, pero el mercado sigue bajo presión

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha alterado las rutas comerciales, dañado infraestructuras energéticas y consumido buena parte de las reservas que permitían amortiguar las interrupciones.

Los datos de septiembre muestran una recuperación significativa de las exportaciones de los productores del golfo Pérsico. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los envíos de crudo aumentaron en 4,4 millones de barriles diarios, hasta los 13,9 millones. Esta cifra equivale a más del 75% de los niveles anteriores a la guerra.

También aumentó el volumen de petróleo que atraviesa el estrecho de Ormuz: creció en 3,7 millones de barriles diarios, hasta alcanzar los 10,9 millones. Al mismo tiempo, Arabia Saudí incrementó el flujo de su oleoducto Este-Oeste, que permite transportar petróleo sin atravesar el estrecho, hasta los 5,6 millones de barriles diarios.

La recuperación se extendió al conjunto del mercado. La oferta mundial aumentó en 2,5 millones de barriles diarios en septiembre, hasta los 102,3 millones. Sin embargo, estos avances no bastan para garantizar un suministro estable, especialmente mientras persista el riesgo de nuevos ataques contra petroleros e instalaciones energéticas.

La evolución de las cotizaciones permite entender por qué el regreso del crudo no se traduce automáticamente en precios más bajos. Desde principios de septiembre, el Brent en el mercado de futuros había subido alrededor de un 13%, hasta situarse cerca de los 107 dólares por barril.

La situación es todavía más complicada en el mercado físico, donde se negocian cargamentos de petróleo para su entrega efectiva. La referencia North Sea Dated se había encarecido un 43 %, hasta unos 134 dólares por barril, mientras que algunas variedades del mar del Norte llegaron a alcanzar los 160 dólares.

Esta diferencia resulta fundamental. El precio de los futuros refleja las expectativas del mercado, mientras que el del crudo físico también responde a la disponibilidad inmediata de cargamentos, su ubicación y las dificultades para transportarlos.

Por tanto, el problema no consiste únicamente en producir suficiente petróleo, sino en disponer de él donde se necesita y cuando se necesita.

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La escasez de capacidad de refino dificulta recuperar el suministro de gasolina y diésel pese al aumento de las exportaciones de crudo.

Los petroleros y las refinerías encarecen el combustible

El transporte marítimo se ha convertido en uno de los principales obstáculos para normalizar los precios. Los fletes de los petroleros han alcanzado niveles récord, impulsados por los riesgos de navegación, los seguros más caros y la escasez de buques disponibles.

Estos costes adicionales encarecen el petróleo que compran las refinerías y reducen sus márgenes. Si determinadas instalaciones dejan de resultar rentables o tienen que limitar su actividad, la producción de gasolina y gasóleo también puede resentirse.

La AIE prevé que la actividad mundial de refino descienda hasta los 81,3 millones de barriles diarios en octubre, antes de recuperarse hasta los 84,6 millones al final del año. No obstante, esa recuperación dependerá de que mejoren las condiciones de suministro y seguridad.

El problema es especialmente relevante para Europa y Asia, que necesitan importar grandes cantidades de crudo y productos petrolíferos. Si el transporte sigue siendo caro y las refinerías no pueden operar con normalidad, el precio de los combustibles puede mantenerse elevado incluso cuando aumente el flujo de petróleo por Ormuz.

Las reservas de petróleo están bajo mínimos

La otra gran debilidad del mercado es el agotamiento de los inventarios. Las reservas mundiales observadas disminuyeron otros diez millones de barriles durante septiembre. Desde finales de febrero, la caída acumulada alcanza los 509 millones de barriles, equivalente a unos 2,4 millones diarios de media.

Además, las existencias terrestres se encuentran cerca de sus niveles más bajos desde, al menos, 2016. Esto significa que una parte del petróleo que vuelve a llegar al mercado debe destinarse a reconstruir las reservas, en lugar de cubrir exclusivamente el consumo corriente.

La recuperación de las exportaciones tampoco se ha trasladado por igual a todos los productos. Los envíos de combustibles refinados de Oriente Medio aumentaron hasta los 1,9 millones de barriles diarios en septiembre, frente a los 4,7 millones anteriores a la guerra. El gas licuado del petróleo alcanzó los 670.000 barriles diarios, muy por debajo de los 1,5 millones previos al conflicto.

En el caso del gasóleo, la disponibilidad mundial se redujo en 1,5 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre y en 1,7 millones durante el tercero, en comparación con el año anterior.

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La caída de las reservas mundiales reduce el margen de respuesta ante nuevas interrupciones del suministro energético.

¿Cuándo bajarán la gasolina y el diésel?

La recuperación del tráfico por Ormuz es una condición favorable, pero no garantiza una rebaja inmediata en las estaciones de servicio. El precio final depende también de las cotizaciones de los combustibles refinados, los costes de transporte, el cambio entre el dólar y el euro, los márgenes de distribución y los impuestos.

La AIE prevé que la oferta mundial de petróleo promedie 100,7 millones de barriles diarios en 2026, mientras que la demanda se situaría en 102,4 millones. Para 2027, espera una recuperación de la producción y de las existencias, aunque la evolución dependerá de la seguridad regional y de la normalización de las exportaciones.

Por ahora, el mercado sigue expuesto a nuevas subidas si se interrumpe otra ruta de suministro o se producen nuevos ataques contra infraestructuras energéticas. El mercado todavía no ha recuperado su seguridad energética, pero mientras las reservas sigan bajo mínimos, los petroleros cobren tarifas extraordinarias y las refinerías afronten problemas de abastecimiento, la gasolina y el diésel continuarán sometidos a una presión que la reapertura del estrecho, por sí sola, no puede eliminar.

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