Las nubes le cuestan millones de euros a la producción de energía solar y una startup cree haber encontrado cómo apartarlas del camino

Meteoric Technologies trabaja en enjambres de drones capaces de modificar nubes bajas y medias para dejar pasar más radiación hacia las plantas solares.

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La primera gran prueba del proyecto está prevista para 2027. ChatGPT
04/09/2026 07:00
Actualizado a 04/09/2026 07:00
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Una planta fotovoltaica puede incorporar paneles más eficientes, baterías o sistemas capaces de exprimir mejor cada kWh generado, pero sigue existiendo un factor imposible de controlar: el cielo. Las nubes bajas y medias pueden reducir con fuerza la radiación que alcanza los módulos y, con ella, la producción de electricidad durante las horas en las que permanecen sobre la instalación.

Meteoric Technologies cree que ese problema puede atacarse desde el aire. La startup estadounidense, fundada este mismo 2026 y respaldada por Y Combinator, está desarrollando un sistema basado en flotas de drones autónomos capaces de introducirse en las nubes y alterar su estructura para permitir que llegue más luz a las plantas solares. Sobre el papel, sus modelos apuntan a incrementos anuales de generación de hasta un 30%, aunque por ahora esa cifra no se ha demostrado en una instalación real.

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Los drones actuarían directamente sobre nubes situadas sobre las plantas solares.

El 30% todavía procede de una simulación

La compañía plantea utilizar decenas o incluso cientos de drones eléctricos sobre nubes situadas aproximadamente entre uno y cinco kilómetros de altura. Su intervención no contempla dispersar productos químicos, sino actuar sobre las gotas de agua que forman la nube para reducir su reflectividad y recuperar parte de la radiación que normalmente quedaría bloqueada antes de alcanzar los paneles.

El principio físico sobre el que trabaja Meteoric no es nuevo. El número y tamaño de las gotas condicionan las propiedades ópticas de una nube y uno de sus fundadores, Mete Karslioglu, ya investigó en Cambridge el fenómeno contrario: sistemas de pulverización de agua marina destinados a aumentar su reflectividad dentro de trabajos sobre marine cloud brightening. Su socio Eric Nilsson también llega al proyecto con experiencia en sistemas de control de gotas y microfluídica.

Por ahora, la prueba experimental que ha hecho pública la empresa es bastante más modesta que ese 30%. Meteoric afirma haber desarrollado un prototipo que consiguió disipar un 13% de una nube artificial dentro de una cámara de ensayos, pero no ofrece suficientes datos públicos para evaluar aspectos como el tamaño de la prueba, el número de repeticiones o las condiciones ambientales utilizadas. El salto hasta el 10-30% de producción adicional procede de un modelo propio sobre pérdidas solares provocadas por las nubes.

El siguiente paso será sacar los drones del laboratorio

La economía del sistema es otra pieza importante del proyecto. Meteoric estima unos costes operativos de entre 30 y 60 dólares por hora para sus drones eléctricos, frente a los más de 2.000 dólares por hora que atribuye al uso de aviones convencionales. La comparación es favorable sobre el papel, aunque todavía falta conocer cuántas unidades serían necesarias para trabajar sobre una planta completa y durante cuánto tiempo tendrían que mantenerse en vuelo.

Granja Solar
Meteoric calcula mejoras de hasta un 30% en determinadas regiones.

Además, una operación de este tipo tendría que superar importantes barreras regulatorias en Estados Unidos. La normativa Part 107 de la FAA limita generalmente los pequeños drones a 400 pies de altura, obliga a mantenerlos dentro de la línea visual y establece una separación mínima de 500 pies verticales y 2.000 pies horizontales respecto a las nubes. Un piloto tampoco puede controlar varias operaciones simultáneamente bajo las condiciones habituales, aunque existen procedimientos para solicitar exenciones a varias de estas restricciones.

Meteoric pretende realizar su primera prueba de despeje de nubes a gran escala en 2027 y posteriormente ampliar la tecnología hacia fenómenos meteorológicos mucho más complejos. La empresa habla incluso de intervenir en tormentas severas y huracanes, un terreno donde la evidencia disponible es muy distinta: la Organización Meteorológica Mundial mantiene que no existen pruebas generalmente aceptadas de que los ciclones tropicales puedan modificarse.

El precedente más conocido es el Project STORMFURY estadounidense, desarrollado entre 1962 y 1983 para intentar reducir la intensidad de huracanes mediante siembra de nubes. Aunque algunos experimentos registraron descensos del viento de entre el 10% y el 30%, investigaciones posteriores determinaron que variaciones similares aparecían de manera natural en ciclones no intervenidos, poniendo en duda que los resultados hubieran sido consecuencia directa del experimento.