Francia, país históricamente asociado con la energía nuclear y, más recientemente, con un fuerte crecimiento de la solar y la eólica, se está reposicionando en el mapa energético global con una apuesta renovada por el hidrógeno verde como fuente clave para la transición industrial y, en particular, para la descarbonización del transporte marítimo pesado.
El Gobierno francés y empresas tecnológicas están impulsando el desarrollo de pilas de combustible de hidrógeno de alta potencia, capaces de suministrar electricidad continua, silenciosa y sin emisiones contaminantes.

El hidrógeno verde en barcos gigantes
A diferencia de la generación eléctrica tradicional mediante centrales nucleares o solares estas tecnologías utilizan hidrógeno producido con electricidad procedente de fuentes renovables. Cuando el hidrógeno se genera por electrólisis con energía eólica o fotovoltaica, el único residuo de su uso es agua, lo que elimina emisiones de dióxido de carbono (CO₂) asociadas al diésel o al gas natural.
La firma entre HDF Energy, empresa francesa especializada en tecnologías de hidrógeno, y la división Marine & Ports del grupo tecnológico ABB, con sede en Suiza, representa un paso importante en esta estrategia.
Ambas compañías han suscrito un acuerdo de desarrollo conjunto (JDA) para diseñar e industrializar sistemas de pilas de combustible de hidrógeno de varios megavatios, adaptados a las exigencias del transporte marítimo de gran escala, incluidos ferris, portacontenedores y otros buques oceánicos.
El nuevo sistema de pilas de combustible se perfila como un elemento estructurante de la transición energética francesa: está diseñado para proporcionar propulsión y energía auxiliar en embarcaciones, reduciendo la dependencia de los motores diésel convencionales que dominan hoy el transporte marítimo. Esta industria representa cerca del 3% de las emisiones globales de CO₂, un porcentaje considerable teniendo en cuenta que los navegantes dependen casi exclusivamente de combustibles fósiles.
Los socios esperan que las primeras instalaciones piloto de estas unidades puedan comenzar entre 2028 y 2029, con una producción industrial prevista a partir de 2030, lo que sitúa a Francia en la vanguardia de una tecnología emergente con potencial global.
Esta colaboración es una continuación de iniciativas previas entre HDF y ABB, y refuerza el posicionamiento industrial europeo en un sector hasta ahora dominado por soluciones térmicas.
En este esquema, HDF Energy asumirá la responsabilidad del diseño, fabricación y validación de las pilas de combustible, mientras que ABB aportará su experiencia en integración de sistemas eléctricos, gestión de potencia y control a bordo de los buques, elemento clave para garantizar la operatividad y certificación marítima de las tecnologías desarrolladas.

Francia y el hidrógeno: una estrategia de largo alcance
La colaboración industrial se enmarca en el impulso más amplio que Francia da a la economía del hidrógeno. El país elaboró en 2020 una Estrategia Nacional del Hidrógeno con objetivos ambiciosos, incluyendo alcanzar 6,5 gigavatios (GW) de capacidad de electrólisis para 2030, orientados primordialmente a la descarbonización de la industria y el transporte pesado.
Además, autoridades francesas han destacado recientemente la existencia de importantes reservas de hidrógeno natural (“hidrógeno blanco”) en regiones como Lorena y Aquitania, lo que podría fortalecer aún más la posición estratégica del país en la producción y uso de este vector energético en las próximas décadas.
El despliegue de tecnologías de hidrógeno encaja también con la agenda de electrificación industrial Europea y con iniciativas de financiación transfronteriza para proyectos considerados de “Interés Común Importante” (IPCEI), que respaldan inversiones substanciales en movilidad de bajas emisiones y producción energética sostenible.
Aunque la nueva estrategia con hidrógeno ha captado la atención internacional, Francia mantiene un papel destacado en la energía nuclear, que sigue siendo la columna vertebral de su sector eléctrico. El país genera alrededor de 65-70 % de su electricidad mediante reactores nucleares, la proporción más alta del mundo, y continúa con programas de modernización y expansión de su parque nuclear.
Paralelamente, el aumento de generación renovable, solar, eólica e hidroeléctrica, ha elevado la proporción de energía limpia en la matriz eléctrica, reduciendo la intensidad de carbono de la electricidad francesa y consolidando su papel como exportador neto de electricidad en Europa.
El traslado de los acuerdos industriales a aplicaciones comerciales a gran escala dependerá de avances tecnológicos, reguladores marítimos y competitividad económica frente a los combustibles tradicionales. Sin embargo, la apuesta francesa por el hidrógeno verde y las pilas de combustible de alta potencia apunta a transformar sectores que históricamente han sido difíciles de electrificar, como el transporte marítimo pesado, y a consolidar un nicho industrial con potencial exportador.