La historia de Torrot es una de las más representativas del auge y caída de la movilidad eléctrica en España. La histórica marca catalana, nacida en 1948, llegó a convertirse en uno de los grandes nombres de las motos eléctricas europeas antes de terminar atrapada por las pérdidas, la caída de ventas y un complejo entramado financiero.
Torrot nació en 1948 en Vitoria (Álava), de la mano de Luis Iriondo, bajo la razón social Iriondo S.A. En su origen fabricaba bicicletas de paseo y carretera, pero en 1950 cerró un acuerdo con un fabricante francés de ciclomotores y motocicletas para producirlos también, bajo la denominación Terrot S.A.E. En 1958, Peugeot adquirió la compañía francesa, dejando a Iriondo S.A. sin licencia de fabricación, por lo que, cambiando una letra al nombre de su antiguo socio, nació lo que a partir de entonces se conocería como «Torrot».
Motos, bicis y ciclomotores
La firma tuvo años de bonanza con modelos tan populares como la Mustang o la TT, y llegó a fabricar las icónicas bicis Cross MX que aparecieron en la serie Verano Azul, precursoras de las actuales mountain bikes.
Durante los años setenta y ochenta, la empresa amplió su actividad hacia las bicicletas y ciclomotores. Uno de sus modelos más recordados fue la bicicleta Cross MX, convertida en icono popular tras aparecer en la serie televisiva ‘Verano Azul’. Aquella exposición mediática dio notoriedad nacional a la marca.
Sin embargo, en 1991 cerró sus puertas por el declive de ventas, hasta que en 2011 reapareció de la mano de una colaboración entre el Instituto Andaluz de Tecnología, la Fundación Ascamm y otros socios, con el foco puesto ya en la movilidad eléctrica.
La compañía no pudo resistir la transformación industrial del sector en los años noventa y terminó desapareciendo. El renacimiento llegó en 2011, cuando un grupo de inversores liderado por Enrique Meseguer y Andreu Tuzón recuperó la marca con un objetivo claro: apostar por la movilidad eléctrica.
La nueva etapa de Torrot coincidió con el auge del vehículo eléctrico en Europa. La compañía comenzó a fabricar motos eléctricas urbanas y modelos infantiles, además de desarrollar soluciones de conectividad para movilidad sostenible. Posteriormente entró en el accionariado el fondo Black Toro Capital, especializado en compañías industriales con dificultades financieras.
Con el respaldo inversor, Torrot protagonizó una de las grandes operaciones del motociclismo español al adquirir GasGas. El objetivo era construir un gran grupo industrial de motos en Girona capaz de competir internacionalmente. Pero las sinergias esperadas nunca llegaron.

Solo motos eléctricas
Con el tiempo, GasGas terminó vendiéndose al grupo KTM y Torrot también se desprendió de parte de sus negocios off-road, traspasados a Rieju. La empresa quedó centrada casi exclusivamente en la movilidad eléctrica, un segmento que en aquellos años todavía no generaba suficiente volumen ni rentabilidad.
El mejor momento económico de la marca llegó en 2017, cuando alcanzó alrededor de 40 millones de euros de facturación. A partir de ahí comenzó un deterioro progresivo. Las ventas se hundieron hasta situarse ligeramente por encima del millón de euros y las pérdidas acumuladas durante la última década superaron ampliamente los 40 millones. Solo en 2020 logró cerrar el ejercicio con beneficios.

La situación terminó desembocando en una grave crisis financiera. En 2024, Torrot Electric Europa tuvo que acudir a los juzgados para intentar reestructurar su deuda y evitar el colapso. Finalmente, en 2026, el Juzgado Mercantil número 2 de Girona declaró el concurso de acreedores de Bissen Capital, la sociedad matriz del grupo.
El balance presentado reflejaba una situación extrema: prácticamente sin activos y con cerca de un millón de euros de deuda. Apenas unos meses antes, la sociedad todavía declaraba un patrimonio de 4,5 millones de euros.

La fábrica de Salt, en Girona, donde se producían las motos eléctricas del grupo, simboliza ahora el final de uno de los proyectos industriales más ambiciosos de la movilidad eléctrica española.