Tesla ha sido durante más de una década referencia absoluta en materia de coches eléctricos. Hoy sigue siéndolo, aunque con una oferta cada vez más diversificada, la influencia de Tesla ha disminuido en todo el mundo. El sueño -declarado- de Musk es convertir la empresa en un gigante de la tecnología asociada al campo de la conducción autónoma. Con tal pretexto hace un año lanzó al mercado su servicio de transporte de pasajeros sin conductor; los famosos Robotaxis. Hoy, podemos hacer balance del primer curso con un despliegue operativo que se sitúa lejos de las proyecciones iniciales de volumen de producción.
Tras doce meses desde su debut oficial en las calles, la flota destinada a esta modalidad de movilidad mecanizada no alcanza el medio centenar de unidades en servicio activo, reflejando las complejidades logísticas que condicionan el escalado de este tipo de plataformas de guiado automatizado. La realidad del despliegue contrasta de forma directa con los objetivos expresados públicamente por la dirección ejecutiva de la marca durante el pasado ejercicio de 2025. Musk, había anticipado que el proyecto arrancaría con una cadencia contenida, pero que la línea de suministro sumaría hasta mil vehículos en funcionamiento en el plazo de apenas un mes y 2 millones en 1 año.
El reparto geográfico de las unidades mecánicas

Tesla apenas alcanza los 100 Robotaxis desplegados en Texas.
Las auditorías de seguimiento técnico realizadas por plataformas independientes de rastreo han permitido cartografiar la ubicación real de estos vehículos por el entramado urbano. El grueso de la actividad se concentra en la localidad de Austin, donde operan aproximadamente 30 coches de la firma. La capital del estado fue la primera en recibir los Robotaxis. Los componentes de este contingente específico realizan sus trayectos sin la necesidad de un supervisor físico a bordo a cargo de los mandos mecánicos.
Las unidades restantes que completan el inventario operativo del fabricante se distribuyen de manera equitativa por otras dos grandes áreas metropolitanas del estado. En concreto, doce vehículos adicionales se reparten a partes iguales entre los núcleos urbanos de Dallas y Houston, sirviendo como laboratorios de pruebas mecánicas en entornos de tráfico real con diferentes configuraciones de trazado.
El vacío informativo en los registros oficiales

La opacidad en torno a las magnitudes exactas de las flotas se ve acentuada por la falta de especificación en las bases de datos de la administración local. El Departamento de Vehículos Motorizados de Texas, organismo encargado de la gestión de licencias y homologaciones de transporte, no desglosa en sus informes públicos los municipios concretos ni las rutas asignadas donde estos chasis automatizados prestan servicio regular.
Esta falta de detalles administrativos impide contrastar con total precisión el radio de acción de las plataformas. La ausencia de datos centralizados obliga a depender de los sistemas de posicionamiento de terceros para monitorizar el comportamiento mecánico de la flota. Aún así, es del todo claro que Tesla no ha conseguido desplegar la flota que hace un año anunció el propio Musk. De hecho, a lo largo de estos primeros 12 meses de vida, los accidentes y los problemas han sido la tónica habitual. Sus incidentes superan con creces a los de los humanos y también a los de su máximo rival: Waymo.
Desafíos mecánicos frente a la tecnología de la competencia
A nivel de arquitectura de producto, la apuesta de la compañía se distingue de sus competidores industriales por prescindir de sensores de medición avanzados sobre la carrocería. La firma confía el guiado de sus vehículos de prueba en un sistema puramente óptico basado en cámaras periféricas, evitando la integración de costosos módulos de radar o escáneres de detección de luz y distancia que sí equipan otras firmas de transporte autónomo. Esta elección técnica simplifica los procesos de ensamblaje en las líneas de producción y reduce el peso final del conjunto, pero impone una carga de procesamiento masiva sobre el sistema de guiado. Mientras, en Europa, algunos conductores de Tesla ya pueden disfrutar de la última generación de asistentes a la conducción con capacidad autónoma limitada.