Los camiones eléctricos están avanzando en Europa, tal y como se han podido ver en numerosos informes recientes. Pero hay un obstáculo inesperado que está frenando su expansión. Lejos de lo que pudiera parecer a priori, este no tiene nada que ver con su tecnología mecánica, como autonomía, potencia, etc. El problema está situado en algo mucho más simple: el elevado coste de producción y, por ende, el de venta al público.
Un reciente estudio revela que buena parte del alto precio de los camiones eléctricos se explica principalmente por sus costes de producción. De hecho, los precios adicionales, incluyendo márgenes y gastos indirectos, son casi el doble que en los camiones diésel.

Los camiones eléctricos tienen una piedra en el zapato: su precio
Según el estudio, fabricar un camión eléctrico de unos 230.000 euros (precio final), puede llegar a duplicar el coste de producción de uno diésel homólogo. El principal problema es el precio de la batería, pues este componente llega a costar más de 125.000 euros del precio de venta al público.
El resultado es bastante tajante, pues los camiones eléctricos siguen siendo mucho más caros de comprar que sus equivalentes diésel, lo que termina frenando su adopción. Y esto ocurre a pesar de que, en un plazo medio, sí pueden ser más rentables. Por ejemplo, un camión eléctrico puede ahorrar entre 20.000 y 30.000 euros al año en energía y mantenimiento frente a uno tradicional.
Lo que implica este estudio es que el problema para la expansión masiva de estos vehículos no está en su uso, sino en el precio inicial del mismo, muy lejos de lo que muchos podrían llegar a considerar. Este desequilibrio está ralentizando el crecimiento del sector justo en un momento clave. Las previsiones apuntan a que los camiones eléctricos podrían superar el 5 % de cuota de mercado en Europa en 2026, impulsados por normativas más estrictas y ayudas públicas. No obstante, su crecimiento podría ser incluso mayor.

Pese a todo, la rentabilidad es alta
Además, la presión regulatoria no estaría dejando margen para ello. La Unión Europea exige a los fabricantes reducir las emisiones de los camiones en un 43% para 2030 (con respecto a 2021), lo que obliga a acelerar la electrificación sí o sí. En este contexto, mantener precios elevados puede convertirse en un problema estratégico. Si los fabricantes europeos no ajustan sus márgenes, corren el riesgo de perder terreno frente a nuevos competidores.
Y esos competidores ya están llegando y próximamente lo harán con más ahínco. Marcas chinas están entrando en Europa con propuestas hasta un 30% más baratas que las firmas autóctonas, gracias a menores costes de producción y economías de escala. Esto añade aún más presión a los fabricantes tradicionales. La paradoja es evidente: los camiones eléctricos ya son más eficientes y pueden ser más baratos a largo plazo, pero siguen sin despegar del todo por su elevado precio inicial.
Pese a todo, tener camiones eléctricos en flotas de transporte pesado puede llegar a ser realmente rentable, gracias a unos costes por uso realmente bajos, con respecto a alternativas diésel. “Las inversiones en desarrollo y producción deberían financiarse mediante la expansión, no mediante sobreprecios elevados para los primeros compradores”, afirmó Merlin Jonack, de la Asociación Alemana para la Conservación de la Naturaleza, en un comunicado reciente.